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Igualdad a la Baja: Estudiar ya no Asegura un Mejor Futuro

Por Luis Miguel Martínez Anzures

En el pasado, estudiar una licenciatura era sinónimo del éxito asegurado. En los tiempos actuales, parece que ese significado en la pirámide social se ha difuminado. La explicación pareciera compleja, pero a la vez desoladora: el ascensor social al parecer se descompuso. Todo indica que llevará algunas generaciones repararlo.

El panorama socioeconómico en México todo indica que es uno de los peores infiernos de La Divina Comedia de Dante Alighieri, pero no lo es. Se trata de una fatídica realidad que se debe enfrentar en lo inmediato, si queremos mejores oportunidades para las generaciones de mexicanos que están por venir.

En el presente de la nación, acceder a la educación superior es cada vez menos el sinónimo de una mejoría en las condiciones económicas. Y por tanto de una mejor posición en la escalera social.

De acuerdo con datos presentados el 22 de mayo pasado, en un seminario sobre desigualdad y trabajo, en la Facultad Latinoamericana de Estudios Sociales (FLACSO), la reducción salarial experimentada en México, en los últimos tres lustros ha afectado, sobre todo, a la población con mayores estudios, como los universitarios. Una estadística ilustrativa arroja datos sustanciales en el terreno de la discusión, sobre el rumbo y el futuro de las políticas públicas, en materia educativa en nuestro país.

De acuerdo a especialistas en este tema, de 2005 a la fecha, la reducción de profesionistas que tienen un sueldo superior a los tres salarios mínimos, se ha reducido en un 50%, lo cual confirma lo que muchos especialistas en educación, como Ricardo Raphael han expresado en numerosos foros: la movilidad social ascendente en este país es inexistente. Dejó de funcionar.

Mario Herrera Ramos, profesor-economista del FLACSO, de igual forma ha señalado a través de su más reciente investigación: “Estructura salarial en los principales mercados laborales urbanos de México 1987-2015”, que debido a la reducción en las percepciones económicas de los profesionistas en nuestro país, la brecha entre salarios bien remunerados y los llamados promedio, se ha reducido sustancialmente, lo que deja como resultado un panorama casi apocalíptico: el premio al esfuerzo por haber estudiado durante muchos años una carrera, ya no garantiza mejores condiciones económicas, que se traducirán en un corto plazo,-al menos en teoría-  en mejores condiciones de vida.

La igualdad que vivimos es hacia la pobreza. ¿Esos han sido los resultados positivos que muchas administraciones han heredado a millones de mexicanos y como legado a los hijos de sus hijos? ¿De qué manera enfrentar o tratar de cambiar este panorama desolador y sin esperanza? ¿Hay algún otro camino que nos pueda ayudar a corregir esta situación?

Al parecer la respuesta del gobierno y la clase política a este nuevo paradigma es sencilla: la educación en México no es una prioridad.

Es porque la educación crea seres pensantes, independientes, autónomos, capaces de modificar su entorno y aportar soluciones concretas a problemas complejos. Eso no conviene a una clase política, que se ha alimentado históricamente de la ignorancia y la pobreza que prevalece en muchas zonas geográficas de esta nación. ¿O me equivoco en emitir esta afirmación querido lector? Hasta ahora, considero que la historia me da la razón.

Pero el tema en cuestión es más complejo. Diversos especialistas hasta ahora, han señalado también que, el desmantelamiento del sistema representativo de los derechos de los trabajadores en México, como el sindicalismo, es una grieta tan profunda solamente, comparada con el tamaño del atraso económico, que esta misma, genero para el país.

En naciones como Brasil, por ejemplo, el fortalecimiento del sindicalismo, en las últimas décadas, reactivo el ascensor social de aquella nación, al permitir que millones de brasileños lleguen a conformar la clase media, percibiendo mejores salarios. En México paso exactamente lo contrario, Y lo peor de todo, es que, a este salvaje y descarnado sistema económico implementado en nuestro país, le llaman competitividad. Basada en la explotación de las condiciones laborales y la desprotección de los trabajadores. Aquellos que generan la riqueza. Vaya paradoja.

Desde entonces, para la académica, Sánchez Almanza, la proporción de los salarios en la riqueza nacional ha pasado de ocupar un 40 por ciento a sólo un 25 por ciento. Lo que pone seriamente en entredicho el sustento teórico en la política económica nacional.

El estudio sobre mercados laborales en diferentes ciudades de México, presentado por Herrera, arrojó también que: en las localidades en las que los salarios eran más altos- como Tijuana, Baja California en 1987-, se han ido reduciendo al grado de que esta frontera se encontraba en 2015 en el mismo lugar que León, Guanajuato, y que, de las once ciudades analizadas para la investigación, es la que tiene los salarios más bajos. Por lo tanto, la brecha económica se ha reducido. El problema es que ha sido de manera descendente.

¿Podremos construir un mejor futuro para las nuevas generaciones de jóvenes mexicanos que requieren un mejor panorama para tener una calidad de vida más prometedora?

La moneda está en el aire y junto a ella el futuro de muchos jóvenes.

 

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