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A la Vuelta de la Esquina

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Un Buen Aprendizaje en los Niños: ser Delincuentes

*Galopan los Adolescentes en el Crimen Organizado

*Son Expertos en Saquear y en el Manejo de Armas

*El Cerebro no Está Completamente Desarrollado

*Escasa Capacidad Para Inhibir Impulsos Intensos

Por Iván Ruiz

En nuestro país existe una rama de la educación que va en caballo de hacienda: la delincuencia. Los niños están aprendiendo a delinquir al grado de que en la adolescencia (o antes) son expertos en robar, en manejar armas y, desde luego en matar.

¿Qué si no esto es lo sucedido en Guerrero, en el municipio de Tlapehuala, al grupo de periodistas detenidos por delincuentes, agredidos, saqueados y amedrentados, por un adolescente, cuando realizaban su labor?

Hace tiempo en El Sol de México se refería el avance del síndrome del “Ponchis” en los adolescentes mexicanos, al grado que entre diciembre de 2006 y mayo de 2011 habían sido detenidos por las autoridades en operativos contra la delincuencia organizada, 4,044 menores, la mayoría con edades entre los 13 y 17 años. Además, entre 2006 y 2010 habrían muerto 913 muchachos por causas violentas relacionadas con el crimen organizado.

Todo indica que los avances son magros para evitar que los niños y adolescentes colaboren con los criminales. Para 2014, de acuerdo a la gran investigadora Elena Azaola, se registró un total de 16,885 adolescentes en todo el país que fueron objeto de diversas medidas por haber cometido infracciones a las leyes penales. De ellos, sólo 4,558 (es decir, 27% del total) fueron privados de su libertad por considerar que cometieron delitos graves. Del total de adolescentes 93% fueron hombres y 7% mujeres.

Ella advertía que México debe construir una política de reinserción social para los adolescentes puesto que, lo que se halla en juego, es la posibilidad de dotar a los jóvenes de herramientas que les permitan reincorporarse de manera sana y productiva a la sociedad, o bien la de arraigarlos en una carrera delictiva. Nuestro trabajo pretende contribuir a la construcción de una política de esta naturaleza.

Es verdad. Sin embargo, hoy nos damos cuenta que la penetración del delito en varias comunidades de la República trae como resultado un mayor número de jovencitos en conflicto con la ley, con el permiso de sus padres.

A principios de enero del actual año la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, presentó el Informe Especial Adolescentes: Vulnerabilidad y Violencia en el cual dejaba claro que nuestro país tiene mucho por hacer para brindar mejores condiciones a sus niños, niñas y adolescentes, especialmente a aquellos que se encuentran en circunstancias de mayor vulnerabilidad.

Hacía hincapié en que también hay mucho por hacer para que los sistemas de justicia logren proporcionar a los y las adolescentes los elementos, las herramientas que requieren para poder efectuar el tránsito hacia la edad adulta en las mejores condiciones posibles que les permitan reducir su situación de desventaja en relación con otros jóvenes del país. De no hacerlo, se les estará condenando a vivir de manera permanente en condiciones de desventaja, sin que logren desarrollar todo su potencial y sus capacidades y sin que tengan la oportunidad de aportarlos en beneficio de ellos mismos y de la sociedad.

Ello, tomando en cuenta en que las prisiones son los mejores centros de educación criminal.

Aludía el informe a un reporte del Departamento de Justicia de Estados Unidos que hablaba sobre la investigación sobre el desarrollo del cerebro durante las últimas dos décadas, “…ha mostrado que las áreas del córtex prefrontal, responsables de procesar el conocimiento y la habilidad para inhibir los impulsos y sopesar las consecuencias antes de actuar, no se desarrollan plenamente sino hasta la mitad de la década de los veinte años. Los adolescentes experimentan elevadas emociones y son más vulnerables al estrés y más propensos a reaccionar sin pensar que los adultos. La violencia traumática, en particular, puede retrasar o descarrilar el desarrollo cerebral, dejando incluso a los más inteligentes y resilientes adolescentes con una capacidad severamente disminuida para inhibir los impulsos intensos, demorar la gratificación, anticipar y evaluar las consecuencias de los comportamientos riesgosos o socialmente inaceptables y para tolerar los desacuerdos o conflictos con otras personas”.

 

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