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La Difusión Cultural Nylon de la Casa de México en Paris

*La Casa de México no Tiene un Programa Cultural

*Un Concierto Para Brincarse el Muro… del Sonido

*Necesario “Apoyo Especial” Para Músicos Mexicanos

*Dibujos, el “Pago en Especie” de Toledo a la SHCP

Por Juan José Barrientos

PARIS, Francia.- Si hay un lugar en el planeta donde se debería  realizar una intensa labor de difusión cultural con objeto de mejorar la imagen del país en el extranjero, ese lugar es la Ciudad Universitaria parisina, pero desafortunadamente la Casa de México ahí está a cargo de la señora Martha Bringas, que la ha querido reducir a una especie de dormitorio.

La Cité Universitaire está integrada por unas cuarenta residencias donde se alojan 12 mil estudiantes e investigadores procedentes de 140 países y que ocupan un predio de 35 hectáreas situado frente al Parc Montsouris, que mide otras 15 hectáreas, incluyendo un estanque.

Entre otros personajes, se alojaron ahí Luc Montagnier, que obtuvo el Premio Nobel, el cineasta griego Costa Gavras, el escritor argentino Julio Cortázar y el director de orquesta Seiji Ozawa; y la Casa de México cuenta entre sus ex residentes al escultor Manuel Felguérez,
a Francisco Toledo, Mario Lavista, Salvador Elizondo, Margo Glantz y Fernando del Paso, que ocupo ahí un apartamento cuando se desempeñaba como agregado cultural en  nuestra embajada. También Jorge Aguilar Mora cuando estudiaba con Roland Barthes.

Por eso no es extraño que las residencias costeadas por diferentes países realicen conciertos, exposiciones y conferencias relacionadas con su cultura y su producción artística.

El domingo pasado, por ejemplo, se presentaron en la Maison Heinrich Heine, la violinista France Devillers y la pianista Dominique Ciot, interpretando la sonata N° 9, “a Kreutzer” de Beethoven y la sonata n° 3 en sol menor de Claude Debussy, así como una balada para piano solo de Kaija Saariaho; no las escuché porque opté por asistir al concierto que los músicos residentes en la Fondation des Etats Unis organizaron para brincarse el muro … del sonido, es decir para protestar contra la política de Trump.

El programa incluyó la lectura de tres poemas en español: “A la mitad de un suspiro” de Dolores Castro, “Adiós” de Salvador Elizondo y “El silencio” de José Emilio Pacheco, que leyó Ximena Salmerón. También algunas lieder basadas en poemas de los poetas persas Hafez, Babar Taher y Ferdusi interpretadas por Anousha Nazari con Karan Salajeghe al piano.

Me agradó volver a escuchar a la clarinetista Jenny Maclay, a quien le oí hace un año la sonata para clarinete y piano de Leonard Bernstein, y que en esta ocasión tocó una pieza de Zach Neece inspirada en un poema de Thoreau.
Un joven violinista, Léo Marillier, interpreto “Mikka” de Xenakis y, para terminar, la colombiana Isabel Almario, interpretó con mucha gracia y algunos titubeos “I feel pretty” de Leonard Bernstein.

La casa de México no tiene un programa cultural y la directora se limita a permitir que se realicen ahí algunos conciertos y conferencias. Se podría pedir un “apoyo especial” del Fonca para cubrir los gastos de algunos músicos mexicanos, pero al parecer a nadie le interesa.

Durante el mes de mayo hay unas catorce exposiciones en las residencias de la Cité Universitaire, pero ninguna en la Casa de México, donde alguna vez expuso Teódulo Rómulo, por ejemplo.

Se deberían montar ahí los dibujos de Pinocho, de Francisco Toledo, que la Secretaria de Hacienda recibió como “pago en especie”, pero no se aprovechan.

Y así están las cosas.

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