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corrupcion

El Respeto Pasa por el Arco del Triunfo

*Descalificación, Insulto, Mentira y Verdades a Medias

*También Denigración, Infundios y Atentados al Honor

*Son Tónica de las Campañas y del Ejercicio del Poder

*Vorágine de Excesos en la Cual ni la Vida se Respeta

Por Alejandro Zapata Perogordo

Una de las características esenciales en el entendimiento social, que además sirve para la armonía, el fortalecimiento de las instituciones y la práctica de las libertades, es precisamente el respeto que si bien, junto con la confianza, son cuestiones que se ganan a través de los actos, también tienen que ver con la conciencia colectiva cuando del quehacer político se trata.

Lo anterior viene a colación en virtud que se percibe la carencia de respeto en muchos ámbitos de la vida pública, cuestión por demás preocupante, pues aparte de socavar el tejido social, debilita a las instituciones y los poderes soberanos.

Ahora bien, lejos de abonar con acciones encaminadas a recobrar la respetabilidad, muchos actores sociales y políticos han centrado sus esfuerzos en aras de desterrar ese valor unificador. En efecto, la práctica común y el deporte nacional auspiciado desde la arena política consiste en la descalificación, el insulto, la mentira o verdades a medias, la denigración, los infundios y todo tipo de atentados al honor y la dignidad, ya sea de las personas, los gobiernos o las instituciones, dejando de lado el debate de las ideas.

Lo mismo en las campañas políticas que en el ejercicio del poder, también se presenta entre las autoridades o al interior de las organizaciones políticas, ni siquiera han sido capaces de cumplir acuerdos como el nombramiento del Fiscal Anticorrupción que sigue en el limbo, menos aún pactos de civilidad.

Esta situación nos arrastra por caminos impredecibles, que necesariamente tendrán por alguna vía su retorno al orden. Tampoco puede apreciarse como una restricción al ejercicio de la libertad de expresión, derecho que debe protegerse, preservarse y garantizarse, sino desde la perspectiva de un estado de derecho quebrado, ya sea por acción u omisión; por negligencia, complicidad, corrupción e impunidad, ha permitido una vorágine de excesos que en múltiples ocasiones han derivado por no respetar el bien más preciado que es la vida.

En efecto, únicamente observamos los moches; dinero sucio; componendas; violencia; descalificaciones; abuso de autoridad y quien sabe cuántas tropelías más, que implican falta de respeto a los ciudadanos, a la ley, al estado de derecho y a nosotros mismos, pasándonos por el arco del triunfo ese insustituible valor.

Así las cosas, vistas desde cualquier ángulo, irremediablemente nos conducen al replanteamiento de las condiciones y reglas de convivencia política, económica y social, que además se encuentran inmersas en la evolución cultural por la cual atravesamos, sin embargo, estamos atrapados en las inercias del lodazal, cuando tenemos la oportunidad de transformar el fango en cimientos.

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