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La Pasión de Duarte

*Gritos y Aplausos en el Café La Parroquia del Puerto

*Ya lo Detuvieron, Ahora que Regrese lo que se Llevó

*En el Pacho, Sólo Falta él para Integrar el Estado 33

*Una Bocanada de Oxígeno Para el Mandatario Yunes

Por Ángel Lara Platas

Al salir de las pantallas las imágenes y la voz de los locutores, anunciando la detención en Guatemala de Javier Duarte, los estruendosos gritos y aplausos, comparados sólo con la emoción que despierta un gol de Chicharito en una final, no se hicieron esperar en el tradicional café de la Parroquia en el Puerto de Veracruz, y en todas las cafeterías, restaurantes y bares del Estado de Veracruz. Los gestos apacibles por la incredulidad de meses, se transformaron espontánea y simultáneamente en expresiones de alegría y satisfacción. Unánimes también fueron los estentóreos gritos de la gente: Ya lo detuvieron, ahora que regrese lo que se llevó. Los meseros, con el oficio que tienen, se atrevieron a asegurar que el autonombrado hijo predilecto de Córdoba (Veracruz), también fue interrumpido en su cena por gritos, sólo que eran de los policías que lo habían localizado en el restaurant de un lujoso hotel ubicado en exclusiva zona turística del vecino país de Guatemala, y procedían a hacer la respectiva detención.

La noticia paralizó a Veracruz por instantes. Todo el mundo interrumpió lo que en ese momento hacía. En medio de asombro empezaron las especulaciones, la emoción por la detención del ex gobernador jarocho adquirió la forma de análisis adivinatorio. Unos aseguraban que lo recluirían en el reclusorio de Pacho, cercano a la capital veracruzana, donde se encontraría con varios ex colaboradores detenidos con anterioridad, que en broma la gente anda diciendo que solo faltaba Javier Duarte para que quedara integrado el Estado número 33, dado que ahí se encontraría con ex colaboradores del primer círculo de gobierno. Otros, que sería llevado a Puente Grande porque grande es la fama que sobre sus espaldas ha cargado desde que huyó del país. Y las señoras, tan fijadas que son, se preguntaban que qué había pasado con Karime, la esposa de Javier, que cómo permitía que el acaudalado marido cenara solo, sin su compañía.

No faltaron los comensales que, convertidos en eventuales investigadores, aseguraron que la foto publicada por un medio donde se veía a una pareja de los quienes apenas se alcanzaba a ver parte de sus rostros, en un lujoso y caro restaurante de Canadá, solo fue un distractor para que todo el mundo volteara hacia el norte, mientras con sumo sigilo se preparaba la detención en el centro del continente.

Sea lo que fuere, a quien la detención de Duarte de Ochoa le representó una bocanada de oxígeno fue a Miguel Ángel Yunes Linares, Gobernador de Veracruz quien, como parte de las promesas enarboladas durante su campaña, estaba la de aprehender al susodicho, aunque fue evidente que la localización y apresamiento corrió a cargo de otras policías que no las veracruzanas. Al final de cuentas, lo ocurrido con el iracundo ex mandatario ha favorecido al actual gobierno yunista para quitarse de encima, al menos por el momento, los reflectores de luz crítica que alumbraban demasiado al gobierno en turno, por la nada fácil situación por la que está atravesando la entidad.

La detención de Duarte de Ochoa le dio gran vuelo a la imaginación de quienes poseen ese gran ingenio de la ocurrencia que a través de los llamados “Memes”, plasmaron con extrema procacidad lo que para ellos ocurría con la detención convertida en un verdadero espectáculo esa noche de la semana Santa. La gente así se cobraba lo que el ahora preso había convertido al estado que intentó gobernar. Esa reacción espontánea que se apoderó de multitudes, era la venganza en contra del que llenó sus bolsillos del dinero ajeno que gastaba a raudales y todo para su personal provecho. No faltaron los que aseguraron que la sola detención no repararía el daño provocado a todo un Estado.

Las fotografías del momento de la detención y las posteriores, que de manera profusa han circulado por todo tipo de medios de comunicación incluidas las redes sociales, han sido observadas con detenimiento. De todas hubo una en la que Javier Duarte aparece con espontanea sonrisa que muchos calificaron como cínica, que no mostraba en lo más mínimo ni temor ni pena. Esa fotografía parecía reflejar la confianza de que podía gozar, aún preso, de esos privilegios que se consiguen con poder y dinero.

¿Y LA RECOMPENSA?

Las autoridades hace meses anunciaron una recompensa que sería de quince millones para quien proporcionara datos fidedignos sobre su paradero. Bien cabe apuntar que a nadie le hubiese costado trabajo identificar a Javier Duarte porque había recuperado sus volúmenes corporales que mostraba como gobernador, no había cambiado su tradicional peinado ni se había hecho cirugía alguna. Por eso, los meseros del hotel guatemalteco que lo veían y atendían todos los días, sabían de quién se trataba. Las recepcionistas del hotel lo debieron identificar desde el primer momento. Del Barman ya ni se diga, con él, al calor de las copas, debió haberse desahogado de sus sufrimientos y, entre sollozo y sollozo, pudo haber mencionado algo que lo delatara y despertara la codicia de esa gente, por los quince millones prometidos.

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