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Las Revueltas de Silvestre

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Una Cita Liberal Para Semana Santa

POR SILVESTRE VILLEGAS REVUELTAS

Dejemos por esos días el comentario y la crítica acerca de los políticos mexicanos y su capacidad para tranzar con todos y de todo. En esta Semana Mayor les comparto de Giovanni Papini (italiano liberal/conservador 1881-1956) un pasaje de su seminal libro “Historia de Cristo” que a la letra dice lo siguiente: PADRE NUESTRO. “Los apóstoles pidieron a Jesús una oración. Habíales dicho a todos que rezasen oraciones cortas y secretas. Pero no se contentaban con las recomendadas por los tibios sacerdotes del Templo. Querían una oración propia que fuese como un distintivo de los que seguían a Jesús. Jesús en la montaña enseñó por primera vez el Padre Nuestro. Es la única fórmula de oración que ha aconsejado Jesús. Una de las oraciones más sencillas del mundo. La más profunda de cuantas se levantan de las casas de los hombres y de Dios. Una oración sin literatura, sin pretensiones teológicas, sin jactancia y sin servilismos. La más hermosa de todas. Pero si el Padre Nuestro es sencillo, no todos lo entienden. La secular repetición milenaria, formal, ritual, desatenta, indiferente, ha hecho de él una sarta de sílabas cuyo sentido primitivo y familiar se ha perdido. Releyéndolo hoy palabra por palabra como un texto nuevo, como si lo tuviéramos por primera vez ante la vista, pierde su carácter de vulgaridad ritual y florece en su primera significación.

´Padre Nuestro´. Luego hemos venido a Ti y como a hijos nos amas. De Ti no recibiremos ningún mal. ´Que estás en los cielos´. En lo que se contrapone a la tierra, en la esfera opuesta a la materia, en el espíritu por tanto, y en aquella parte mínima, y con todo eterna, del reino espiritual que es nuestra alma. ´Santificado sea tu nombre´. No debemos adorarle únicamente con las palabras, sino ser dignos de Ti, acercarnos a Ti con amor más fuerte. Porque Tú ya no eres vengador, el señor de las batallas, sino el Padre que enseña la bienaventuranza en la paz. ´Venga a nosotros tu Reino´. El reino de los Cielos, el reino del Espíritu y del Amor, el del Evangelio. ´Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo´. Tu ley de bondad y de perfección domine en el espíritu y en la materia, en todo el universo visible e invisible. ´El pan nuestro de cada día dánoslo hoy´. Porque la materia de nuestro cuerpo, morada del espíritu, tiene todos los días necesidad de un poco de materia para mantenerse. No te pedimos riquezas, que suelen ser estorbo pernicioso, sino tan sólo aquello poco que nos permita vivir para hacernos más dignos de la vida prometida. No sólo de pan vive el hombre, pero sin ese pedazo de pan, el alma, que vive en el cuerpo, no podrá nutrirse de las demás cosas más preciosas que el pan. ´Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores´. Perdónanos, pues nosotros perdonamos a los demás. Tú eres nuestro eterno e infinito acreedor: nunca podremos pagarte. Pero muévate el que a nosotros, por nuestra naturaleza enferma, nos cuesta más condonar una sola deuda a uno de solo de nuestros deudores, que a Ti el cancelar todo lo que debemos. ´Y no nos dejes caer en la tentación´. Somos débiles, enligados todavía en la carnalidad, en este mundo, que, a veces, nos parece tan bello y nos llama a todas las molicies de la infelicidad. Ayúdanos para que nuestra mutación no sea demasiado dificultosa y combatida, y nuestra entrada en el reino no sufra dilaciones. ´Más líbranos del mal´. Tú, que estas en el cielo, que eres el espíritu y tiene poder sobre el mal, sobre la materia irreductible y hostil que por doquier nos rodea y de la que nos es siempre fácil desarraigarse. Tú adversario de Satanás; Tú, negación de la materia, ayúdanos. En esta victoria sobre el mal que siempre vuelve a retoñar no será de veras vencido sino cuando todos le hayamos vencido –está nuestra grandeza; pero esa victoria decisiva será menos lejana si nos socorres con tu alianza…

Quien reza el Padre Nuestro no es orgulloso, más tampoco se rebaja. Habla a su Padre con el íntimo y plácido acento de la confidencia, casi de igual a igual. Está seguro de su amor y sabe que el Padre no ha menester de largos discursos para conocer sus deseos. “Vuestro Padre -advierte Jesús- sabe lo que habéis menester antes de que se lo pidáis”. La más bella de todas las oraciones es también recuerdo cotidiano de lo que nos falta para ser semejantes a Dios” (México, Porrúa, 2008, Sepan Cuantos, 424, pp. 92-94).

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