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Del Cine y las Leyes

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“Silencio”

Las Razones de un Apóstata

*En los Tiempos de la Iglesia de las Catacumbas

*Los Pioneros del Sacerdocio Católico en el Japón

*La Tortura, un Método Para Doblegar Conciencias

*Hombres de fe y un Dilema: la Salvación Personal

POR HORACIO ARMANDO HERNÁNDEZ OROZCO

“Silencio” (“Silence”) es un drama histórico, dirigido por Martin Scorsese, basado en la novela homónima del japonés Shushaku Endo, protagonizada por Liam Neeson (Padre Cristóvão Ferreira), Andrew Garfield (Padre Sebastião Rodrigues), Adam Driver (Padre Francisco Garrpe), Tadanobu Asano (intérprete de los sacerdotes) y Ciarán Hinds (Alessandro Valignano), cuyo estreno fue en 2016.

Sebastião Rodrigues y Francisco Garrpe son dos sacerdotes jesuitas portugueses que emprenden un viaje hasta Japón para encontrar a su mentor, Cristóvão Ferreira, pues hay rumores de que Ferreira ha renunciado a su fe de forma pública, tras haber sido perseguido y torturado; sin embargo, nunca se imaginarían que ellos mismos vivirán el suplicio y la violencia con que los japoneses reciben a los cristianos.

La película se sitúa cronológicamente a comienzos del siglo XVII, al inicio del período conocido como la Iglesia de las Catacumbas, en la Isla de Kyūshū, con el pueblo de Nagasaki. La novela de Shushaku Endo está basada en hechos y personajes reales, aunque el autor cambió la nacionalidad y nombre del joven jesuita, que históricamente era italiano y se llamaba Giuseppe Chiara, a portuguesa para que tuviera la misma nacionalidad que Ferreira.

SILENCIO A LA TRADICIÓN NIPONA

La labor evangelizadora es iniciada por España en el siglo XV, y es obvia la urgencia de la Iglesia por llegar a la misteriosa Cipango (Japón) para convertir a sus habitantes, propiciando así que una serie de misioneros se aboquen a esta gestión. En 1549 inicia la actividad misionera de los primeros sacerdotes católicos en Japón, principalmente por jesuitas patrocinados por el Reino de Portugal y poco tiempo después llegan sacerdotes dominicos y franciscanos patrocinados por España.

Los jesuitas estimaban que, hacia fines del siglo XVI, había en Japón 300.000 católicos; pero ¿porque se dio la prohibición del catolicismo?

El primer edicto de persecución contra los cristianos se dictó en 1587, y en 1597, veintiséis cristianos que fueron martirizados y ejecutados el 5 de febrero de ese año, entre ellos el español San Francisco de Javier y el novohispano Felipe de Jesús, hecho conocido como los 26 mártires de Japón. El sacrificio de cristianos ocultos (kakure kirishitan) y de clérigos siguió, hasta que en 1638 se dio la represión de la rebelión de Shimabara, un levantamiento armado de campesinos, en su mayoría cristianos, insatisfechos por los excesivos impuestos y acuciados por hambrunas. A este movimiento se unieron algunos rōnin (samuráis sin señor) y fue sofocado de forma inmisericorde; se estima que murieron alrededor de 37 mil personas.

Los señores feudales del Japón, consideraban que la causa de los levantamientos del pueblo es consecuencia del cristianismo, que la doctrina católica influye en la obediencia de los campesinos que se torna en rebeldía; por ello la prohibición del catolicismo, la expulsión y persecución de cristianos para conservar las tradiciones orientales.

SILENCIO A LA FE

La película da cuenta de la última misiva de Ferreira, fechada el 22 de marzo de 1632, en la cual narra la situación de la cristiandad en Cipango, sobre las persecuciones, represiones y padecimientos de cinco religiosos que fueron encarcelados por el shogun (señor feudal) de Nagasaki, quien trató de hacerles apostatar, a fin de desalentar a los fieles y ridiculizar la fe; los torturó durante treinta y seis días, rociando sus cuerpos desnudos con el agua hirviente del lago del cráter del volcán Unzen. El señor feudal no deseaba darles muerte, sino hacerles renegar de su fe.

Un año después, corrió el rumor en el Vaticano de que el padre jesuita había renegado de Dios y de su Iglesia; la apostasía del padre Ferreira dio lugar a una crisis misionera pero, sobre todo a una crisis de fe, era inconcebible que un baluarte cristiano haya apostatado.

El padre Ferreira, llega a Japón en 1609, y desde un principio ejerce un liderazgo sobre la gran comunidad católica; en 1614, el cristianismo es prohibido por completo en la isla, pero Ferreira decide quedarse y ahora es un misionero clandestino de la Iglesia de las Catacumbas; en aquella época se busca la apostasía de los cristianos, obligándolos a pisotear un fumie, un pequeño rectángulo de madera que tiene incrustada una imagen de Cristo, como prueba de rechazo hacia esa religión; tras hacerlo, se considera que han apostatado, y son libres de seguir con su vida; el que se resiste es sometido a tortura hasta que apostate o muera.

Ferreira es sometido a la tortura de la fosa, es colgado boca abajo sobre una fosa, con pequeñas incisiones detrás de las orejas para que se desangre lentamente, al cabo de un tiempo, la sangre comienza a manar también por la boca y la nariz, atragantándolo; los japoneses al torturarlo tratan de evitar su muerte, pues para ellos es mucho más importante la apostasía, con lo cual darán un ejemplo que desmotive y haga desistir de su fe a muchos seguidores.

SILENCIO A LA VIDA

La apostasía del padre Ferrerira causa conmoción en la Compañía de Jesús; por ello, Sebastião Rodrigues, un joven discípulo jesuita de Ferreira, convence a sus superiores para que le autoricen viajar clandestinamente al Japón para averiguar la verdad sobre la supuesta apostasía de su maestro, lo acompaña Francisco Garrpe, otro joven jesuita, por recomendación del padre Alessandro Valignano.

Rodrigues y Garrpe no son torturados, pues el shogun de Nagasaki sabe que no quebrara la firme voluntad de los misioneros con tormentos, para ello utiliza como arma disuasoria el tormento hacia los otros.

La delicada encomienda de averiguar las razones que llevaron a la apostasía al padre Ferreira, y eventualmente al discípulo que pretendía conocerlas, se reduce al drama personal de dos hombres de fe enfrentados al dilema de la salvación personal frente a la salvación de su rebaño; al final, ambos entendieron que apostatando acabarían con el inconfesable tormento de los cristianos.

El derecho de libertad de creencia implica la adopción voluntaria de una religión y de la fe en ella misma, pero ese propio derecho conlleva la posibilidad de apostatar libremente, de otra forma sería nugatorio este derecho; a su vez, la tortura ha sido utilizada por la gente de poder para obtener generalmente una confesión, pero el hecho de ejercerla sobre las personas para lograr que otro apostate es muy singular e inusual, lo cual sobrellevaría una transgresión a la libertad de creencia.

La apostasía de Ferreira puede verse como un acto de amor, una renuncia a la gloria del martirio para librar a su grey de las espantosas torturas a las que eran sometidos, pues el propio Ferreira le dice a su Rodrigues “Si Jesús estuviera en esa situación habría actuado exactamente igual que yo”, pero esas palabras exculpatorias de su apostasía ¿podrían ser un divino pretexto para justificar su cobardía?

La mejor respuesta la tendrá como siempre nuestro amable lector…

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