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Lascas Económicas

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Además de Carstens, lo que Viene al Final de 2017 en la Olla de Presión Llamada México

*Son 10 Meses de Incertidumbre y Ajetreo Político

*También en el Comercio, Remesas y Migrantes

*La Búsqueda de un Final más o Menos Decoroso

POR LUIS EMIGDIO CONTRERAS

Decía connotado académico y economista, amigo, que eso de mantener hasta noviembre al gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, habla de lo invaluable de su presencia y acción en mantener la política monetaria a salvo de cualquier contingencia que pudiera presentarse en el presente de la economía mexicana.

Pero también habla de otra cosa: el inquilino de Los Pinos nos expresa que candidatos a sucederle en el Templo del Neoliberalismo, como se le adjudica al Banxico desde los errores de diciembre, no son muchos y, si nos apura, ni siquiera existen.

Nuestro experto amigo también desliza un punto no menos importante: lo que quiere el que trabaja de Ejecutivo es olvidarse del tema porque, aduce, tiene una agenda muy llena como para preocuparse de esos temas menores de la sucesión en el BdM pues, recuérdese, es él y nadie más el que designa, aunque sea el Senado el que ratifique o rectifique.

Bajo ese criterio, por si fuera poco, habrá otra configuración económica política para julio o agosto, cuando Peña Nieto mande su propuesta a la Cámara sobre el personaje de marras. De un lado, ya habrán aterrizado la mayoría de acciones contra los deportados, el movimiento de las remesas marcará una tendencia, el comercio se habrá bajado en algunos rubros en relación a Estados Unidos y de pura pasadita a Canadá, y por supuesto se notará el desempleo en diversos sectores laborales.

Pero también veremos otros temas clave: las elecciones definirán a los nuevos gobernadores de los estados de México, Nayarit y Coahuila, y ya sabremos cómo se configurará el Congreso en Veracruz, de frente a lo que anticiparemos habrá en el 2018. Incluso ya podremos señalar quién pudiera ser el pre candidato a sucesor del señor Peña Nieto. Y eso es edificar otro país.

Por cierto, aunado a todo lo anterior, se verá con certidumbre si se ha avanzado o no en asuntos como en el tema de Ayotzinapa, la Ley de Seguridad Interior y su eventual aplicación (que lo dudamos), el avance menor o no tanto en las “reformas en acción” y otras linduras, sin soslayar los diarios gasolinazos que nos asestarán por aquello de “las condiciones en los mercados internacionales”.

Ante este tipo de circunstancias, que no le quepa a nadie la menor duda que las cosas estarán más que convulsas –calientitas, dirían en el sureste amigo- y eso lo saben aquellos que están asesorando al solitario de marras. Tan es así, que ya se podrá perfilar también el panorama en el ajedrez electoral del 2018, en donde nosotros podemos anticipar una alternancia en el poder, salvo que usted opine en contrario.

Pero bueno, más allá de eso, nos preguntamos si en ese país que desde ahora estamos generando entre todos, con hechos o sin ellos, cabrá en alguien la prudencia y sobre todo la visión política, ni siquiera de Estado, para que haya un final más o menos decoroso que pudiéramos legar a las generaciones que pretenden sacar a la nación debajo de la alfombra.

Porque mucho más allá de la sucesión o no en el Banco de México, pues un hombre per se no conmueve ni mueve a toda la sociedad, también se tiene que pensar en los cambios que sin duda sobrevendrán en el gabinete de Peña, en la guerra de lodo que ya tendremos desde septiembre y hasta el día de la elección federal el año venidero y, por supuesto, cavilar a quién se le dará la banda presidencial y en qué marco.

No se puede ni debe subestimar el accionar de la mal llamada sociedad civil: negativa a pagar gasolinazos a ultranza, posible desobediencia civil en eso de cubrir impuestos –que suelen usar como bandera política los partidos, de izquierda o derecha-, la carestía y la falta de empleos internos además de la presión de los connacionales deportados, todo metido en una suerte de olla de presión que difícilmente podrá contener candidato alguno, por muy carismático que sea.

En fin, estas cosas tienen que planearse muy bien y para ello se debe trabajar en todos los ámbitos desde las esferas reales de poder (y no nada más los mediáticos), para que no se desmorone en forma alguna lo que llamamos México. Nos preguntamos si en el tablero nacional siquiera se tiene contemplado hacer algo frente al infierno y tsunami de todos tan temido.

Las complacencias no se pueden permitir. Se necesita, además, un eje central que establezca prioridades y dé cauce a las necesidades reales de la población que a estas horas del partido no ve lo duro sino lo tupido, totalmente desesperanzada y sin expectativas positivas en el corto y mediano plazos. ¿Por dónde y para dónde ir? Sin líderes ni el factor esperanza que proclamaban los teóricos cepalinos de los ochentas, allá en el siglo pasado.

¿Otra década pérdida? Analicemos rápido esto: los propios teóricos ya apuntan y apuestan en ese sentido. Nuestro especialista consultado esta semana advierte que las señales son más que evidentes y, aunque traten de tapar la realidad, hay que tomar decisiones rápidas y concretas antes de que el payaso, nuevamente, haga de las suyas.

Para ello deberíamos tener dirigentes, al menos con idea efectiva de nacionalismo, pero parece que es esto mucho pedir a los que ahora toman determinaciones en eso de las políticas públicas. Ni hablar de los que ahora encabezan las dependencias, en donde la opacidad, dicho con elegancia, es lo que prevalece día y noche, todas las semanas, a menos que haya ocurrido algo en estos días que nos diga lo contrario. Lo sentimos si al final emitimos un mensaje más bien pesimista.

De esto, amig@s, hablemos la semana entrante en estas Lascas Económicas, en donde varias piedras filosas y no tanto se ponen de acuerdo para lanzarse en la búsqueda de esos mexicanos con visión de Estado. Una especie en extinción, claro. Si lo encuentran, de inmediato, venimos y lo platicamos con usted. No lo dude.

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