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Las Revueltas de Silvestre

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carnavales

Hoy es Martes de Carnaval

*De los Enmascarados Venecianos a la Samba Carioca

*Llegó la Hora de Ridiculizar a los Políticos del Mundo

*¿Desfilará la Figura de Donald Trump en Algún Festejo?

*En México: Veracruz, Mazatlán, La Paz y Tlayacapan

POR SILVESTRE VILLEGAS REVUELTAS

Es sabido que desde tiempos muy remotos las diversas sociedades humanas dedicaron varios días al año para organizar fiestas. Éstas estuvieron dedicadas a todo un panteón de dioses que eran considerados favorecedores de la lluvia, de la fertilidad entre hombres y mujeres, del fuego y la guerra, amén de un larguísimo etcétera que se materializaba en recordar las muy diversas actividades del género humano. Siglos después, el integrismo judío-semítico-cristiano y luego musulmán, transformó en el medio oriente, en Europa y luego en el continente americano dicha multiplicidad de fiestas, pero también de hecatombes, en las tres aburridas religiones monoteístas que han dominado los últimos siglos las creencias religiosas de buena parte de la humanidad. Dichos credos, particularmente en el catolicismo de los pueblos conquistados, también existieron diversos tipos de fiestas que eran una especie de paréntesis festivo a lo largo de un calendario de abstinencia y de genuina mojigatería respecto a los placeres del cuerpo. ¡¡Estimado lector no esté pensando en cuestiones de sexualidad!!, simple y llanamente se trata del deleite que implica el gozo por la naturaleza, por los efluvios de la vid y el sabor en la boca de manjares como quesos, embutidos, pastas y demás obras culinarias elaboradas gracias a la sofisticación del género humano. Efectivamente la gula es en nuestro mundo cristiano un pecadillo que se goza, quizá en demasía, pero que no es nada frente a los reconcomios de la envidia.    El calendario católico y también dentro del protestantismo histórico se permitía un par de días de libertad donde la gente, dependiendo del perfil social, clima geográfico donde se desarrollase el carnaval o apertura de miras políticas en un determinado país, hizo posible que las fiestas del carnaval ofrecieran un abanico de tradiciones y características peculiares; pero también la sobriedad de algunos pueblos y el rigorismo de diversas creencias religiosas hizo que en muchas urbes y naciones la costumbre no permitiese el desarrollo de semejantes fiestas.

Hoy martes en la añeja Europa de carnaval, los venecianos despliegan en fiestas privadas y desfiles públicos una serie de disfraces dieciochescos que nos muestran las posibilidades de la moda en aquellos años y el afán recreativo de la actualidad. Pero una de las características de la fiesta en Venecia y en general del carnaval, es el uso de máscaras que en la ciudad de los canales son genuinas obras de arte y que muestran una vocación imaginativa que tiene como fin último el cubrir el rostro del que la está usando para poder dar rienda suelta a ciertos devaneos amorosos o de otro tipo, siempre buscando ocultar la verdadera personalidad del gozón. En las fiestas carnavalescas del norte europeo, particularmente en Alemania, los desfiles públicos muestran en carros alegóricos grandes figuras de los políticos locales, pero también críticas mordaces a los llamados líderes de la escena mundial. En la todavía Germania fría, se ridiculizó a la Thatcher y a Gorvachov, y seguramente lo harán con el copete y las muecas de Donald Trump. Querido lector ¿cómo se imagina un monigote que represente a alguno de nuestros políticos más característicos? Quizá los veracruzanos pudieran representar al expoliador Duarte y los panistas de la mojigata León harían una estupenda efigie del expresidente Fox. Y aquí en el DF, perdón CDMX, pudiéramos construir y mostrar en varios carros alegóricos, al jefe Mancera y a los titulares de las delegaciones amén de directores de desarrollo urbano, en medio de construcciones innecesarias, haciendo hoyos por toda la ciudad y con una máquina de foto multas que los estaría tomando -en tiempo real- haciéndole la vida más difícil al ciudadano de la Muy Noble y Leal ciudad de México.

Finalmente, la fiesta de carnaval donde la carne, la lujuria y la sexualidad se desbordan. ¡¡Ver bailar en la ciudad brasileña de Bahía a unas muchachas negras de cuerpos esculturales y ritmos sensuales es una experiencia que no se olvida!!  Los cariocas sacarán fuerzas de flaqueza por padecer una genuina legión de políticos corruptos e ineficientes y se irán a disfrutar de los bailes populares, caminatas, fiestas y concursos de disfraces más allá de lo que sucede en el sambódromo de Río. En México los carnavales de Veracruz y Mazatlán son los más grandes y famosos, pero los hay también en Campeche y La Paz; en ellos se combina la fiesta y participación de particulares, pero también de las grandes compañías cerveceras y del espectáculo. De un modo totalmente distinto, en aquellas poblaciones de raigambre muy indígena como en Tlayacapan o en ciertos pueblos del estado de Tlaxcala, los cohetes, los desfiles, los disfraces tienen un sentido más religioso que se combina con una buena dosis de consumo de alcohol y su derivada violencia; inmediatamente de las fiestas carnavalescas viene el arrepentimiento y recordatorio del miércoles “de ceniza”: Pero eso es otra historia.

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