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A la Vuelta de la Esquina

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Vital Impulsar el Desarrollo de Combustibles Alternativos

*En México Sólo Algunos Alternativos Registran Avances

*Gobierno e Industria Deben Volver la Mirada Hacia el Etanol

*La Advertencia Sobre los Combustibles Fósiles no Tuvo Eco

POR IVAN RUIZ

Ni como negarlo. En México se presenta la ruptura del paradigma de los combustibles fósiles. Este cisma no ha estado exento de la irritación popular por los aumentos en los precios de las gasolinas.

Los análisis al respecto han menudeado. Desde una óptica sensata en el Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública, el doctor en Planificación Urbana por la Universidad de Montreal (Canadá), especializado en grandes ciudades, manejo de recursos naturales y futuros del medio ambiente, especialmente en términos hídricos, Felipe de Alba (con la colaboración de Juana Martín y Alexia Mercado) nos presenta las alternativas alentadoras.

En su trabajo “Etanol o las alternativas combustibles: ¿Qué hacer frente al “gasolinazo” en México?” recuerda que los combustibles considerados alternativos son carburantes útiles para sustituir a los combustibles fósiles (o derivados del petróleo).

“El propósito de su uso es que tienden a ser más económicos y ecológicos que los combustibles tradicionales. No obstante, no han alcanzado aún la potencia de los primeros; es una tecnología en desarrollo”, precisa.

Y como la esperanza siempre está presente, es de resaltar lo que dice el doctor en cuanto al futuro cercano: El uso de energías renovables y de combustibles alternativos se está volviendo de una manera progresiva, aunque muy lentamente, en los objetivos del desarrollo de las grandes agencias internacionales, con la aplicación de nuevos métodos y herramientas tecnológicas de punta.

Para una mejor comprensión, enumera la lista de los principales combustibles alternativos biológicos:

Biocarburante: Combustible tanto líquido como gaseoso consumido por el sector del transporte, obtenido de la biomasa.

Biomasa: Cúmulo de materia orgánica tanto animal como vegetal a base de los productos y residuos de la agricultura y los residuos industriales y domésticos, todos ellos biodegradables.

Bioetanol: Etanol obtenido a partir de la fermentación de vegetales ricos en azúcar/almidón.

Biodiésel: Combustible alternativo a base de éter metílico de calidad diésel producido con aceite vegetal o animal.

En cuanto a los combustibles alternativos biológicos y de otro tipo precisa:

Biocombustible M4: Combustible alternativo ecológico compuesto en un 87% de etanol y 13% de una fórmula secreta. Su ventaja es que puede usarse en cualquier motor de gasolina sin necesidad de modificaciones.

Etanol: Es un combustible alternativo químico usado solo o mezclado con gasolina en diferentes grados. También puede producirse bioetanol con diversos tipos de plantas, pero su costo energético aún es mayor que su beneficio.

Metanol: Funciona en combinación con otros carburantes convencionales, principalmente con gasolina. Sin embargo, tiene más inconvenientes que el etanol a la hora de fabricarlo.

Gas natural vehicular (GNV): En menor medida, se puede usar licuado. Está compuesto básicamente por metano con un alto índice de hidrógeno por carbono, produciendo así bastante menos CO2.

Gasógeno: Se obtiene de un sistema de gasificación, que produce combustible gaseoso a través de combustibles sólidos, como carbón, leña, etcétera.

Hidrógeno: Con muchas ventajas, aunque su tecnología está en desarrollo para hacerlo funcional en los automóviles.

A su juicio, en lo general “los usos de los combustibles alternativos están aún en proceso y requieren de múltiples apoyos, así como de la decisión de gobiernos nacionales y agencias internacionales, de múltiples intereses creados por las grandes compañías, principales interesadas en utilizar los combustibles fósiles”.

Al centrarse en el etanol, señala que el incremento de su producción en Estados Unidos, por ejemplo, ha favorecido una mejora en su precio, por tanto en su accesibilidad. Esto nos lleva a decir que la capacidad instalada es un factor concomitante con el acceso que la población tendría a dicho biocombustible.

En México, desde hace tiempo se han dado pasos para la producción de dichos biocombustibles. En algunos casos, asegura, dicho proceso se encuentra en su fase de investigación.

“Incluso, pueden notarse algunas carencias institucionales respecto al impulso en la investigación, producción y, por tanto, consumo de dicho biocombustible en el parque vehicular del país”, expone, además de considerar que se “requiere de una atención aún mayor por parte de instituciones, el interés de empresarios y, también, que la práctica de los usuarios de vehículos esté relacionada con una clara y firme conciencia ambiental”.

Desde hace varios años, considera este articulista, los investigadores en tal materia advirtieron lo que se avecinaba y la necesidad de invertir más recursos económicos en la evolución de las nuevas alternativas. La advertencia hoy es una realidad y las necesidades son apremiantes en etanol y en otros combustibles alternativos.

 

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