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Del ABC Político

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trump

*¿Hasta Dónde Apretará D. Trump a su Villano Favorito?

*Rogando al Cielo le Conceda una Pisca de Materia Gris

*Como Bola de Nieve, la Demanda Contra Prerrogativas

*Del Mazo: una Carta Sólida, Pero con Inevitable Lastre

POR GERARDO LAVALLE

A.- A nadie que sea lego en la materia, le queda clara la postura del secretario de Economía, Ildefonso Guajardo con respecto al TLCAN.

Hacer un poco de memoria nos llevaría a encontrar la postura cuando Donald Trump era apenas precandidato, luego candidato y más tarde Presidente de Estados Unidos: no a la apertura del Tratado… nada de renegociación… podría darse… han pasado 23 años y en el Tratado no se encuentran temas como las telecomunicaciones ni tampoco derechos de autor… y así hasta que se aceptó lo inevitable: la renegociación y hasta el abandono del TLCAN.

Si bien es cierto que Barack Obama dejó en el aire la firma del Acuerdo Transpacífico porque el tiempo no le alcanzaba y que Trump anunció que lo cancelaría, cosa que hizo al día siguiente de ser investido, sorprendió que en referencia al TLCAN dejara correr el tiempo y se hablara desde la Casa Blanca de la renegociación más no de la cancelación.

Hoy las negociaciones continúan, pero nadie sabe en qué terminarán.

Hay que reconocer la postura de México: no se ha dejado y por el contrario ha sido un rival de cuidado para el presidente-emperador.

Aprovecha nuestro país el descontento que se registra en Estados Unidos y que no solamente es de los hispanos ilegales, sino de las corrientes diversas y que van en aumento frente a las “órdenes ejecutivas” de quien parece estar asesorado por los hijos del enemigo de la pluralidad y el origen de la propia Unión Americana.

Negar que a Donald Trump le corresponde el nada plausible primer lugar de rechazo por sus conciudadanos, es intentar minimizar la realidad.

Lo hace Trump y sus corifeos. Hablan de marchas artificiales, cuando son más reales que el poder del dólar. Dicen sus equipos que la prensa es la enemiga del Gobierno y pretende acallarla. Afirman sus heraldos que el presidente-emperador está cumpliendo con sus electores sus promesas de campaña y que así seguirá.

No aceptan que los empresarios protesten. No valoran lo que hacen y dicen los diplomáticos de carrera. Despide a quien califica de ilegales sus decisiones. Marca su territorio para demostrar que nadie está por encima de él y que él sí lo está de la ley.

Ocupado - ¿estará preocupado? - en su única misión: la dureza hacia el vecino, Donald Trump no voltea a mirar a quienes inclusive votaron por su candidatura. Ataca a medio mundo y, por supuesto, su villano favorito es México.

De ahí que sin poder entender en qué culminarán las negociaciones del Tratado Trilateral de Libre Comercio, hay necesidad de preguntarse hasta dónde apretará Trump y hasta dónde se dejará México.

Las condiciones para el presidente-emperador no son las mejores. Y suponiendo que mantenga su política anti migratoria y que decida no respetar los organismos internacionales como la ONU o la OMC, México tiene herramientas jurídicas y reconocidas por la comunidad internacional para hacerle frente a las agresiones.

Cierto: es una guerra dispareja, pero ¿y si le ganamos algunas batallas?

Las negociaciones, dicen los expertos en la materia, tardarán meses y es posible que al llegar a su final se aplique el concepto ganar-ganar a pesar de lo que digan en Washington.

Por lo pronto, hay que mirar al cielo y pedirle al Supremo que le conceda a Trump dos gramos de materia gris. Porque no está en un reality show, sino apoltronado en el salón oval más conocido del mundo.

B.- Crece como bola de nieve cayendo por la ladera, la exigencia de que a los partidos políticos se les reduzcan las prerrogativas, más en años en los que no hay elecciones y en los que de todas formas reciben carretadas de dinero federal y, por si fuera poco, también de los estados en donde los institutos electorales les asignan cuotas establecidas.

Hubo necesidad de que se presentara una crisis económica reflejada en los gasolinazos y en el repudio generalizado de la sociedad, para que la “sensibilidad” se presentará en las dirigencias partidistas y entre los legisladores, para buscar el camino que permita dentro de la sobrevivencia política, la reducción de prerrogativas.

La historia de los dineros públicos, surgida a raíz de la campaña electoral de 2006 cuando el sector privado pagó los spots en contra de Andrés Manuel López Obrador, dejó de lado al resto de necesidades públicas.

“No se puede correr el riesgo de que el crimen organizado pague campañas, ganen sus candidatos y después se apropien de los ayuntamientos, los gobiernos y hasta de posiciones en el Gobierno federal”, han argumentado consejeros electorales, líderes partidistas, constitucionalistas y políticos que se convierten en candidatos.

A 10 años del cambio constitucional que limita las aportaciones privadas y del despilfarro de recursos públicos por parte de los partidos políticos, parece estar llegando el momento del recorte.

Si los políticos: funcionarios de los gabinetes –federal, estatal y municipal-, legisladores, servidores públicos del Poder Judicial, directores de organismos autónomos etcétera no se dan cuenta del hartazgo de la sociedad a causa de la disparidad de “clases” cuando constitucionalmente todos somos iguales, que no se llamen a sorprendidos si la irritación social escala y termina en estallido.

¡Qué bueno que crezca la bola de nieve!

Sería saludable que hubiera muchas bolas. Porque el problema no son solamente recursos que se asignan a los partidos, sino a todas las dependencias en donde el gasto corriente supera y con mucho los aplicados en programas sociales o en infraestructura.

Usted no está para saberlo, pero yo sí para contárselo, son centenares de políticos que gustan de las finas viandas y los caros vinos que pagan con recursos que salen de los impuestos que usted y yo pagamos.

¡Vengan las bolas de nieve!

C.- Al final, Alfredo del Mazo Maza se convirtió en el virtual –falta la oficialización y el registro ante el Instituto Estatal Electoral- candidato del PRI al gobierno del Estado de México.

Muchas versiones corren: no ganará, su primo es un lastre para su victoria, las oposiciones están fuertes.

Son los clásicos argumentos de quienes esperaban que no fuera el ungido. En lo personal no sé si ganara o no. Sin embargo, de algo puedo estar seguro: era la carta más sólida del tricolor para tratar de conservar el gobierno de uno de los tres Estados que no han conocido la transición.

¿Le alcanzará el gas para llegar al palacio de Gobierno allá en Lerdo 300, en Toluca?

Poco vivirá el que no se entere de qué ocurrió el 4 de junio próximo.

 

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