Reportaje

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Disfrutar en la CDMX de Nuevos Sabores en los Tamales: de Galleta, Cochinita Pibil o Chilorio

POR SUSANA VEGA LÓPEZ

¿Te imaginas un tamal sin manteca?, ¿y qué tal uno de galleta oreo con queso crema, o de cochinita pibil, (acompañado con cebolla morada y, si se quiere, con el picante clásico de chile habanero)? ¿Te gustaría probar uno de chilorio (comida típica de Sinaloa que lleva carne de puerco preparada en chile ancho) bañado en una salsa de fresa para hacerlo brillar? ¿Y para “bajarlo”, beber un atole de nutela, cajeta o alpiste?

Todo lo anterior puede suceder en la “Fiesta Artesanal de Café, Chocolate y más, edición Tamales” que se realizará del 4 al 7 de febrero en Bazar Fusión, en la colonia Juárez, de la delegación Cuauhtémoc donde, en conferencia de prensa, se dijo que habrá más de 70 expositores mexicanos.

“Se trata de generar una microeconomía en un espacio donde se promueven a productores, diseñadores, artesanos, así como la parte gastronómica mexicana para que se genere esta economía”, señaló Carolina Copelof, cofundadora con Manuel Seckel, de dicho bazar, quien resaltó la necesidad de retomar, reconocer y apoyar los productos hechos en México.

Resulta que los tamales envueltos en hoja de plátano pueden no llevar nada de manteca porque la misma hoja suelta una grasa que no permite que el tamal se seque. En el México prehispánico esta hoja se utilizaba para transportar la comida para que llegara fresca a su destino. La manteca se incorporó con el mestizaje, con la llegada de los españoles, dijo, en entrevista para Misión Política Óscar García y Sandra Flores.

Estos esposos crearon la marca “El pequeño quetzal” el pasado 3 de abril de 2016 y decidieron hacer tamales porque les encanta la masa, el contacto con los ingredientes, realizarlo todo artesanalmente lo que les ha abierto todas las puertas.

Para esta Fiesta promueven dos tamales con materia prima de alta calidad: el de galleta oreo relleno de queso Philadelphia y cien por ciento mantequilla. “La idea del tamal es traer la atención de un público diferente que se interese más por los tamales y también inspirar a otras personas que hacen tamales para crear cosas nuevas”.

El otro tamal es una fusión de sabores dulces y picositos. El relleno es chile pasilla caramelizado con piloncillo, la masa lleva aceite de coco y todo se envuelve en hoja de acelga, se come el tamal con todo y hoja. “Queremos que la gente sienta la sensación de la masa en la boca, que despierta emociones, pasiones en cada bocado porque todo lo hacemos amor, dedicación, que sin duda alguna se transmite”.

No se imaginan una industria con máquinas, sino con gente feliz compartiendo las mismas ideas, cociendo el maíz, moliendo la masa, con sueldos competitivos. “Queremos abrir el mercado, inspirar a crear”, dice Oscar.

En esta Fiesta también se encontrará comida vegana, donde la receta de los ancestros, de la mamá, de la abuelita, dan como resultado un sazón propio, un sazón jarocho para cocinar un pozole donde la carne es sustituida por zetas aperladas cultivadas en la zona de Amecameca y recolectadas exprofeso para ese fin en campo abierto que dan un alimento que han llamado “Amor que nutre”.

Patricia Carranza, de chokokrams, trabaja con cacao orgánico de Tabasco. Su concepto es “de la semilla a la barra” y buscan que el consumidor final deguste el sabor y se quede con la parte nutrimental del mismo ya que no se le agregan harinas, lecitinas, saborizantes o lácteos, que lleva el chocolate comercial.

Otra bebida para degustar es la receta de la abuela de Rodrigo Ayala y Diana Alvarado de Tipitupys Xokolatik, que nace en Oaxaca, para rescatar el sabor prehispánico porque “antes de la llegada de los españoles no había vacas, ni leche. La bebida era espesa y amarga y la adaptamos a los gustos de ahora”, refirió el joven quien aseguró que la semilla del cacao, se tuesta, se pela a mano y se hace la molienda para quedar en tablilla pura y deshacerla en agua caliente.