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Estados Unidos Pone las Balas, México los Muertos

*Este es el Futuro por lo Menos Durante Cuatro Años

*Nada Indica Cambio Significativo en el Tráfico de Armas

*Ejército, Marina y Aduanas Continuarán los Decomisos

POR NIDIA MARIN

Para la gente común es terrorífico tan sólo imaginar que el tráfico de armas no se va a reducir y mucho menos detener en la frontera con Estados Unidos por lo menos en los próximos cuatro años, debido a que el recién investido presidente de Estados Unidos, Donald Trump, es partidario de las armas, de la Segunda Enmienda, de la Asociación Nacional del Rifle y no hay nada que nos haga pensar a los mexicanos que en algún momento buscará que no haya venta ni trasiego a través de la frontera con rumbo a los estados de nuestra República.

Por lo tanto, aquella vieja frase acuñada por Omar Torrijos es aplicable para nuestro país: “Estados Unidos pone las balas…”, en este caso, México “…pone los muertos”.

(En México, causa escozor el estilo norteamericano aplicado en un centro escolar de Monterrey: un adolescente, casi niño, dispara contra su maestra y tres alumnos para después suicidarse. Federico usó un arma, como también lo hicieron “El Ponchis” -el niño sicario de los Beltrán Leyva-, “el Cito”, “el Quiro”; “la Gorda”; “el Orejón”, “el Dino”, “el Chito”, “el Rollo” y tantos más)

Son miles de seres humanos, fundamentalmente mexicanos los que anualmente caen en territorio de la República asesinados por balas de grueso calibre.

Y no ha servido de mucho que la Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF), sea administrada en México por personal estadounidense con oficinas en la Ciudad de México, Tijuana, Ciudad Juárez y Monterrey.

Tampoco que la oficina local de la ATF en Monterrey sea responsable del apoyo internacional y sirva de enlace para los estados de Coahuila, Durango, Nuevo León, San Luis Potosí, Tamaulipas y Zacatecas.

Mucho menos que dicha oficina (de acuerdo a la embajada estadunidense) coordine la acción civil del rastreo de armas de fuego y explosivos, mantenga un enlace oficial de rutina e intercambio de información con sus contrapartes en el Gobierno de México y proporcione oportunidades de capacitación y asesoría técnica.

Las armas siguen entrando con singular alegría de los integrantes del crimen organizado, no obstante que durante el segundo mandato de Barack Obama se tomaron algunas medidas (consideradas muy tibias, pero por lo menos las hubo) para regular el comercio legal, aunque el tráfico ilegal simplemente no se atacó.

Algo que funcionó a medias fue que, las armerías ubicadas en los estados de Texas, Arizona, California y Nuevo México (aproximadamente 8,000), tuvieran la obligación de reportar las ventas múltiples a una misma persona en un lapso de cinco días, pero no más, por lo que es con el número de muertos y por los decomisos de armas como nos enteramos que siguen fluyendo desde la frontera norte hasta nuestro territorio.

A mediados de 2015, en un informe conjunto publicado por la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA) y el Violence Policy Center (VPC), mencionaba que rifles de asalto semiautomáticos importadas a Estados Unidos desde el extranjero representaban una parte “significativa” de los arsenales de narcotraficantes en México.

En aquel momento Wola explicó que dos expresidentes, George H.W. Bush y Bill Clinton, habían reconocido que los rifles de asalto semiautomáticos importados eran tan letales como populares entre los delincuentes. Seguramente Obama también lo reconoció.

De acuerdo a la información de entonces, Clay Boggs, Oficial de Programa en Wola y la directora legislativa del VPC, Kristen Rand, recomendaron que el mandatario estadounidense (Obama) tomara una acción ejecutiva para restringir la importación de armas semiautomáticas a los Estados Unidos, porque desde entonces la ley ofrecía al presidente la autoridad para restringir la importación de armas de fuego que no son “especialmente adecuadas para o fácilmente adaptables a fines deportivos”, sin la necesidad de la aprobación del Congreso.

No lo hizo, no obstante que, de acuerdo a la descripción de Kristen Rand, “estos rifles son baratos, son fiables, y son las armas preferidas por traficantes de drogas en todo el mundo”.

Si antes, pues, había cierta esperanza de establecer algún con Obama como presidente, ilusión que se mantuvo durante la campaña de Hillary Clinton, hoy no existe alguna perspectiva alentadora. Por el contrario.

Mientras tanto, el Ejército Mexicano, la Marina y las aduanas continuarán su labor de confiscación de armas. Aseguran que en 2016 en las aduanas la confiscación aumentó en 50%, mientras que soldados y marinos realizan constantemente enormes decomisos en diversas entidades de la República sobre todo en el norte y en el centro del país.

Hoy existe tristeza. Para los mexicanos la frase de Francis Bacon cae como anillo al dedo: “La esperanza es un buen desayuno, pero una mala cena”.

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