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Los Errores que Cuestan

*Faltaron Medidas Previas Para Amortiguar el Gasolinazo

*Ausente el Consenso Para Evitar Menor Daño al Bolsillo

*El Dispendio de Recursos Públicos, a la Vista de Todos

*La Tapa de la Olla de Presión Está a Punto de Dispararse

POR ÁNGEL LARA PLATAS

Las condiciones están dadas para que ocurra cualquier cosa en el país, por eso es necesario aplicar una dosis de sensibilidad a las decisiones políticas para que no deriven en algo incontenible. Desde la perspectiva de la técnica financiera, el gobierno nos dice que el alza a los precios de la gasolina es una medida necesaria, argumentando razones de los precios internacionales. Hasta ahí de acuerdo. El problema fue la falta de sensibilidad y cierta rudeza con la que se aplicó la medida, que provocó manifestaciones de inconformidad en todas partes y los delirantes saqueos en algunos negocios principalmente de cadenas comerciales.

Bien pudo haberse evitado que la gente indignada llegara a esos extremos que nos proyectaron como un país de potenciales delincuentes. Bastaba con explicarlo de manera clara y sencilla, con toda anticipación, agregando la opinión de expertos y representantes de los sectores productivos. Hay que recordar que cuando una medida se declara necesaria es porque existen los suficientes elementos de prueba como para exponerlos y explicarlos, a fin de que las decisiones no parezcan autoritarias.

Por supuesto que, antes de subir el precio de los combustibles como en éste caso la gasolina de manera tan desproporcionada, sería prudente tomar otras medidas de austeridad para que no ocasionen los desórdenes con pérdidas cuantiosas en perjuicio de otros particulares.

Los asesores del presidente Peña Nieto debieron haberle anticipado lo que representaba subir los precios a los combustibles, cuando el país está atravesando por una situación de inseguridad terrible, y problemas en el tejido social que, finalmente, están sueltos por que quienes deben atenderlos, están volteando para otro lado.

Antes del ajuste a los precios de la gasolina, debieron haberse tomado otras medidas para que el impacto del alza no se convirtiera, como ya lo fue, en inflacionario.

No podía tomarse una medida de ese tamaño sin un trabajo previo de amplio consenso, que considerara alternativas para dañar lo menos posible el bolsillo, de por sí agujereado, de los mexicanos que ansiosos esperan noticias menos malas.

Debieron haberle dicho al Presidente de la República que tal medida sería altamente impopular, y los costos sociales que ello representaba. La gente no podía tomar las cosas con mesura y complacencia, cuando saben el dispendioso gasto de los diputados federales en gasolina, a los cuales les regalan vales como si anduvieran recorriendo la República día y noche sin parar, además de los desembolsos para transportación aérea que también les cubren. Y los gastos excesivos en combustible que realizan los funcionarios del gobierno federal y los estatales así no tengan funciones operativas. Y las inconcebibles prerrogativas para los consejeros del INE y otras innumerables instituciones a las que sólo llegan los que cuentan con alto posicionamiento político.

Odómetros y velocímetros descompuestos de vehículos que no se mueven, pero que consumen gasolina como si estuviesen siempre encendidos. No se diga del combustible para aeronaves que se movilizan de manera irracional por toda la república.

El caso del combustible robado es similar a los que utilizan “diablitos” para robarse la luz: todo el mundo los ve, pero nadie hace nada para evitarlo.

Lo que también observa la gente son convoyes de lujosas camionetas, con grandes y potentes motores, con guarda espaldas cuidando el ego de los funcionarios públicos. El dispendio de los recursos públicos está a la vista de todos.

Pues todo eso son moléculas que juegan al calor en el interior de una olla de presión, cuya tapa puede salir disparada si no se recurre al conocimiento de los que saben.

Antes del gasolinazo debieron tomarse medidas disciplinarias del gasto público, verdaderas y de fondo. El gasto corriente del gobierno federal es demasiado alto y sin la transparencia requerida.

El caldo de cultivo ahí está. Su principal abono es la incomunicación entre las autoridades y los ciudadanos. Unos no quieren saber cómo piensan los otros, y éstos no tienen la menor idea por qué piensan así aquellos. Un verdadero galimatías social.

Aclaro que nada de eso justifica los desmanes que están ocurriendo, eso es vandalismo, eso es un delito. Los saqueos no se realizaron para saciar el hambre. Si así hubiere sido, los negocios asaltados hubieran sido los de alimentos, solamente, no donde había pantallas de plasma o celulares y otros artículos electrónicos. Sin embargo, el gobierno debió prever lo que ocurriría, para eso son los órganos de inteligencia, que en prospectiva saben con gran certeza lo que puede ocurrir. En la inconformidad, por cierto, nacional, ya están metidos ciudadanos, partidos políticos y algunas autoridades.

Ahora que esto está en su fase álgida, hasta los diputados que conocieron del tema desde hace tiempo, se dicen sorprendidos y hasta engañados. Nadie quiere asumir su responsabilidad; ni la sociedad, que como hemos visto en las movilizaciones destruye lo que la misma sociedad con esfuerzo construye.

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