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Los Privilegios del Poder

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Fidel y la Vieja CTM ¡Cuánta Falta Hacen!

*El Movimiento Obrero tan Debilitado que hoy Está Anémico

*No hay Correa de Transmisión que Impida Riesgos Sociales

*Tampoco Muro de Contención Para Evitar el Encono Social

POR VERÓNICA V. GONZÁLEZ Y ARNOLDO PIÑÓN

En las crisis económicas que entre los setenta y ochenta enfrentó el país, era recurrente que Fidel Velázquez, al frente de una CTM fuerte y cohesionada, amenazara con una huelga general para mejorar los salarios de los trabajadores: era una válvula que permitía restar presión al malestar social, frente a la carestía de la vida.

Reconocido como un dirigente sindical indiscutible, el cetemista se daba el lujo de marcar la agenda semanal política a través de sus famosas conferencias de prensa de los lunes. La suya era una voz que imponía a los trabajadores, agrupados en sindicatos poderosos: petroleros, electricistas, azucareros, ferrocarrileros, telefonistas, maestros, llanteros, textileros, integrados en el Congreso del Trabajo que también manejaba.

Su figura estaba por encima de dirigentes como Alberto Juárez Blancas, Cuauhtémoc Ignacio Paleta, Luis Gómez Z., Leonardo Rodríguez Alcaine, Carlos Jongitud Barrios, Joaquín Hernández Galicia, José María Martínez, Francisco Hernández Juárez y Evaristo Pérez Arreola, entre los más destacados.

Ejercía el fundamental papel de ser la correa de transmisión que impedía riesgos sociales. Si alguien entendía el sistema político del país, era él: la amenaza de huelga nacional era un freno a cualquier posibilidad de incendio, al generar una polémica que se mantenía durante meses incluso permitía desahogar la molestia.

Las crisis de febrero de 1982 con una de las más severas devaluaciones del peso frente al dólar y la de diciembre de 1994, la CTM y el Congreso del Trabajo con Fidel al frente, fueron el muro de contención para evitar del encono social. Había manifestaciones públicas, pero no saqueo de comercios como los que desde los primeros días del año sucedieron en varias partes del país.

La persecución y encarcelamiento de dirigentes bajo acusaciones baladíes -desde Hernández Galicia y Salvador Barragán Camacho, pasando por Elba Esther Gordillo y el destierro de Napoleón Gómez Urrutia y el retiro de Jongitud Barrios-, debilitaron hasta convertirlo en anémico un movimiento obrero que en la actualidad no le sirve al sistema político para recargarse en crisis como las que enfrentamos consecuencia del gasolinazo y la devaluación del peso.

Perdió el país con una política laboral represiva emprendida desde principios de la década de los ochenta, privándolo de voces que despresurizaban y evitaban hechos como los que ahora testificamos. Es cierto que telefonistas, universitarios y maestros escenificaban huelgas y manifestaciones, pero no atentaban contra la propiedad de terceros. Es un espectáculo ridículo que el dirigente de los despojos de la CTM, Carlos Aceves del Olmo, exhiba en un acto político -la firma del acuerdo económico contra el gasolinazo- un lujosísimo reloj Patek Philippe con un valor de 408 mil pesos.

Dirigentes como Del Olmo y Juan Díaz de la Torre en el sindicato de maestros, no son de utilidad en crisis como la actual: nadie los respeta y por tanto su voz no tiene trascendencia.

Es inconcebible que el secretario del trabajo, Alfonso Navarrete Prida se vanaglorie que en el último año no estalló ninguna huelga a nivel federal. Con el sindicalismo temeroso de enfrentase a denuncias sin sustento, prefieren quedarse callados -¿cómo se justifica, por ejemplo, que a cuatro años de su detención, Elba Esther Gordillo siga sin recibir ninguna sentencia condenatoria y se le niegue el derecho a la prisión domiciliaria por tener más de 70 años de edad?-.

¿Por qué a lo largo de los últimos cuatro años ha habido omisión en obligar a los bancos que violan flagrantemente la Ley Federal del Trabajo y mantienen a sus trabajadores en su totalidad en empresas outsourcing para no pagarles reparto de utilidades, incluido el número uno?

De acuerdo con las estadísticas gubernamentales, por vez primera se crearon un millón de empleos en un año, como ocurrió en 2016. Sólo que la mayoría de esas nuevas fuentes de trabajo, se ocuparon a través de empresas outsourcing, para disminuir costos, frente a la actitud apática de las autoridades encargadas de aplicar la ley.

¿Cómo andaremos en la política laboral que la Secretaria del Trabajo y Previsión Social festina, en un spot publicitario, la desaparición de las juntas de conciliación y arbitraje, en las que los juicios, dice, duraban más de tres años en resolverse?

En momentos como los actuales, es cuando hacen falta los viejos líderes sindicales. Desafortunadamente con esa sensibilidad sólo queda el senador Joel Ayala Almeida, presidente de la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado (FSTSE), que ha servido de dique para que las prestaciones económicas de sus representados no sean afectadas. Hace unos años fue fundamental para impedir que del fondo de la vivienda de los servidores públicos se financiara un seguro de desempleo que hasta ahora no ha funcionado.

PARA LA AGENDA

Incongruente es el calificativo con el que puede definirse a Juan Ayala Rivero, dirigente sindical de los trabajadores del Gobierno de la Ciudad de México: crítico del gasolinazo, no sólo guardó silencio ante el aumento del 66 por ciento en el metro y la imposición de multimillonarias fotomultas, sino que está vertido en el matraquero de la precandidatura presidencial de Miguel Ángel Mancera, en su partido, el PRD...

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