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Las Revueltas de Silvestre

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¡Sálvese Quien Pueda!

*Postura “Charra” del Consejo Coordinador Empresarial

*Hay Muestras de Desacuerdos al Interior del Gabinete

*Del Planteamiento Crítico Externado por Gobernadores

POR SILVESTRE VILLEGAS REVUELTAS

Fue el pensamiento y luego expresión que últimamente han materializado los funcionarios de los distintos niveles de gobierno y de las diversas cámaras de la iniciativa privada frente a lo que está sucediendo en el México actual. La semana pasada  en estas páginas de Misión Política señalaba que la falta de gasolina y las explicaciones gubernamentales me recordaban situaciones similares de los años setenta, ello sin saber que se estaba cocinando otro “Pacto” entre los sectores productivos como los sucedidos en tiempos del presidente De la Madrid. Don Miguel endosó tales negociaciones porque la crisis económica había quebrado al país, lo que significa para los realmente enterados que la situación del 2017 está mal y puede ponerse de la chingada (con perdón de mis apreciables lectores).

La historia no se repite pero sí se parece en ediciones posteriores. En los tiempos del ejecutivo colimense donde el presidente seguía siendo el factótum, había disciplina partidista, sindical y de ciertos capitanes de negocios, también se fortaleció la rebeldía empresarial en la Coparmex (consúltese los testimonios de Manuel Clouthier) cuyos integrantes amén de otros que no querían ser vistos por los reflectores, subrayaron que habían perdido la confianza en “la clase política revolucionaria”. El progresivo fortalecimiento del PAN hasta su llegada a la presidencia en el 2000 y en menor medida “la izquierda” empoderada en ciertos gobiernos locales fueron el resultado último de la crisis cocinada y heredada por el gobierno de López Portillo. Hoy, la Coparmex vuelve a lanzar un reclamo que sigue su tendencia histórica frente al poder político, en cambio la postura del CCE es tan charra como los anuncios del sindicato que agrupa a los trabajadores de la radio y la televisión. En la foto que reproduce el acto de firma del susodicho Pacto, el gesto desencajado del secretario Osorio Chong nos habla de los genuinos desacuerdos al interior del gabinete presidencial sobre la forma en la que se está llevando “la crisis”. Igualmente la postura crítica de la Conago que agrupa a la multicolor gama de gobernadores estatales incluyendo las hoy (11 de enero) declaraciones de Mancera en torno a las negociaciones de las autoridades del DF (perdón de la siempre existente Leal y Muy Noble Ciudad de México) con los diversos actores económicos para evitar una escalada de precios, todo ello nos habla que frente a la crisis y la estrategia de los pactos, tirios y troyanos exclamaron: ¡¡sálvese quien pueda!!

¿Qué sigue? Ha sido la pregunta de los programas de análisis político y de la sufrida ciudadanía: elementos de la marina y el ejército resguardaron del saqueo conjuntos habitacionales populares en el Estado de México y Veracruz. Pero “el pueblo” y la comentocracia se sulfuran cuando escuchamos al gobernador Yunes subrayar flamígeramente los castigos a que se harán acreedores quienes roben una televisión, unas “latas de atún” y en cambio el sistema judicial-policiaco mexicano ha sido incapaz de atrapar al ladrón por antonomasia, el fugado fácilmente Javier Duarte. Finalmente y lo peor del caso es que se ha repetido en las últimas décadas, desde el presidente Peña hasta el último de los cortesanos repiten que el aumento en los precios de la gasolina va a afectar a los ricos y que de no corregir dicha sangría los programas sociales para los más pobres se verían afectados. Lo último es parcialmente cierto porque a falta de presupuesto disminuirían las ayudas sociales del gobierno mexicano a los pobres, pero si tales sumas presupuestales se comparan con el peso extra del transporte público, los dos pesos más que se pagan por los limones, los tres pesos de más que cuesta el kilo de frijol, los cuatro pesos que se tienen que erogar para comer un poco de pollo y los cinco pesos (irónico) que el enfermo tiene que desembolsar para poder comprar su medicina, resulta que multiplicado por más de cien millones de habitantes/consumidores, la primera suma es irrisoria frente a lo que tiene que pagar el conjunto de los mexicanos como resultado directo del aumento de los combustibles: no se nos olvide que todo se mueve en vehículos que consumen derivados del petróleo o gas y los aumentos de precios no se detendrán por más pactos que se conciban. Pero en fin, entrémosle al sistema de mercado de las gasolinas y que todos los ahorros y reducciones en gasto se dirijan con transparencia a los programas sociales. Se puede comenzar con que el Presidente, los gobernadores, senadores, diputados, directores generales y los empresarios se solidaricen con el pueblo mexicano no utilizando las miles de camionetas Suburban que consumen toneladas de gasolina y son de lo más contaminante. ¡Por favor paguen con su mano y bolsillo tales consumos y verán lo que se siente!

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