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Estado Obeso: Gasta Mucho y de Manera Dispendiosa; Urge Establecer Controles

*¿Se Habrá Convertido en una Enfermedad Crónica?

*Aumento del Gasto, sin Tomar en Cuenta Variables

*Inversión Extranjera Tardía Para Sustituir el Déficit

*Alerta Sobre “una Especie de Guerrilla Urbana”: ESS

POR ALBERTO ALMAZÁN

Iniciaba el gobierno de Miguel de la Madrid y el Estado contaba con mil 155 empresas. Sus antecesores, con una visión patrimonialista adquirían todas las empresas que podían o estaban en camino de la quiebra. De la Madrid acuño la frase: tenemos un Estado obeso.

El desmantelamiento del sector productivo del Estado continuó hasta 2010 cuando solamente quedaban 197 empresas bajo el control del Gobierno federal.

Se supondría que el Estado Mexicano había salvado la “diabetes” y que había adelgazado lo suficiente para como para no padecer más las enfermedades crónicas y que resultan incurables.

Pero no.

A juzgar por la afirmación de Gustavo de Hoyos Walther, presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (COPARMEX), por cierto, el único organismo del Consejo Coordinador Empresarial que no firmó el Acuerdo para el Fortalecimiento Económico y la Protección de la Economía Familiar): “Nos parece que todavía hay mucha grasa, antes de que lleguemos al hueso, para decirlo coloquialmente”.

Entrevistado por MISIÓN POLÍTICA, el líder del Sindicato Patronal establece que “todavía tenemos un Estado obeso, que gasta mucho, de manera dispendiosa y me parece que existe una gran oportunidad, si se hace un esfuerzo base cero. No estamos hablando del límite presupuestal que le aprobó el Congreso al Poder Ejecutivo en diciembre, sino de una revisión a fondo, profunda, del gasto que hacen muchas entidades del Gobierno; estamos hablando sí del Gobierno Federal, pero también del gasto que se ejerce en el Congreso de la Unión; hablamos del gasto excesivo de los organismos autónomos como el INE, el propio gasto del Poder Judicial; revisamos y nos damos cuenta de algunas partidas que rayan en lo absurdo, algunos bonos, algunas prebendas de funcionarios que están completamente desconectadas de lo que pasa en el mundo real”.

(Es el mundo paralelo, que se observa entre el real y en el que vive la clase que toma decisiones, y no solamente en el sector público sino en el privado y en el social).

Para De Hoyos Walther hay signos evidencias y signos inequívocos que demuestran la “grasa” del Estado.

“Todavía hay mucha tela de donde cortar; el gobierno puede ahorrar mucho más, sin que ello signifique sacrificar los programas sociales esenciales ni dejar de llevar a cabo acciones de infraestructura. En resumen: necesitamos un Gobierno decidido, que debe adelgazarse, que necesita ser más eficaz y atacar de fondo y de lleno la corrupción”.

Lo dice el único dirigente del poderoso sector privado que no firmó el primer Acuerdo Económico en la administración del presidente Enrique Peña Nieto.

LO QUE ENCONTRÓ MIGUEL DE LA MADRID

De acuerdo con el libro escrito por Miguel de la Madrid Hurtado y publicado por el Fondo de Cultura Económica, extraemos estos dos párrafos:

“La desincorporación de empresas públicas fue uno de los rasgos centrales del cambio de modelo económico, que pasó de una excesiva participación del Estado en la economía, a una mucho más moderada, fincada en la rectoría económica, más que en la participación directa en la producción, que era demasiado amplia; el gobierno había llegado al extremo de operar, por ejemplo, una fábrica de bicicletas, cines y teatros. La política de desincorporación de empresas públicas redujo su número de 1,155 en 1982 a 952 el año siguiente, con el criterio constitucional de que el Estado conservara únicamente las empresas estratégicas y prioritarias. Al final del sexenio ya eran solamente 412.

“Durante las administraciones siguientes se prosiguió con esta medida de cambio estructural y se redujo aún más el número de entidades paraestatales. A fines de 2010, eran sólo 197, de las que muy pocas eran propiamente productoras de bienes comerciales, como Petróleos Mexicanos. La mayoría de las que siguió operando el Estado son instituciones educativas, de investigación científica, de salud, de promoción, fideicomisos y fondos especializados, si no estratégicos o prioritarios, sí relacionados con tareas sustantivas de gobierno”.

De ahí toma Gustavo de Hoyos Walther la observación de que el Estado aun es obeso.

ES GUERRILLA URBANA; AMENAZAN CON SAQUEOS

Enrique Solana, presidente de la Concanaco, que sí firmó el AFEPEF –el que consideró un punto de partida-, alerta sobre el surgimiento de “una especie de guerrilla urbana”.

Reflexiona sobre los hechos ocurridos en la primera semana del año. Dice textualmente:

“A mí me parece que esto se está dando una especie de guerrilla urbana, aunque hay en el Gobierno a quienes no les gusta que le llame así. Pero llamémosle una estrategia de intranquilidad urbana, con técnicas muy bien desarrolladas, que se están dando en diferentes tiempos, en diferentes lugares, diferentes momentos. Están convocadas nuevas marchas para saquear negocios, están reclutando gente para cometer saqueos. De manera abierta en redes están invitando a cometer delitos”.

Sobre el mismo tema (los saqueos), el dirigente de la patronal indica que desde Coparmex se reprueba cualquier acto que implique una violación al Estado de derecho.

“Me parece que debemos distinguir la libertad de expresión, del derecho de protesta de los ciudadanos que se sienten agraviados por una medida gubernamental. De estas otras expresiones violentas, ya sea que se trate de expresiones de la delincuencia organizada o de vándalos de ocasión, en cualquier circunstancia deben de ser condenados y desde luego es responsabilidad del Estado el brindarnos seguridad”.

¿CUÁNDO FUÉ QUE PERDIMOS EL PAÍS?

Como Ave Fénix, México salía de las cenizas que dejaban los gobiernos que se iban.

Luis Echeverría elevó la deuda externa, practicó una política paternalista, compró todas las empresas que no eran rentables y que los empresarios buscaban cerrar; generó incertidumbre en el campo y mostró sus preferencias por gobiernos de izquierda, cuando todavía se vivía en el país el efecto de la guerra fría.

Al llegar José López Portillo a la Presidencia, se planteó tres tiempos: 2 años para la recuperación, 2 años para la consolidación y 2 años para “aprender a administrar la abundancia”.

Tres meses antes de concluir su mandato nacionalizó la banca. Fuga de capitales antecedieron la medida. Y clamó en San Lázaro durante la rendición de su sexto informa de gobierno: “Ya nos saquearon, no nos volverán a saquear”.

El país estaba desunido y a punto de quebrar.

La tecnocracia arribó al poder y Miguel de la Madrid deshizo lo que hicieron en 12 años sus antecesores. Propició pactos de choque económico para intentar detener la desenfrenada inflación. Regresó a los banqueros sus propiedades y la banca volvió a ser privada.

El estallido de San Juanico, el terremoto del 85, el crac de la bolsa, la caída de los petroprecios, la devaluación del peso y la falta de divisas, lo acompañaron en su gobierno. Y no obstante las tragedias humanas y económicas, México no se les deshizo en las manos.

A Carlos Salinas de Gortari lo afectó la deslegitimación de su triunfo. En su sexenio fueron asesinados el cardenal Juan Jesús Posadas, Luis Donaldo Colosio, José Francisco Ruiz Massieu y le estalló la guerra zapatista. Sin embargo, se repuso y avanzó hasta que… entregó el poder a Ernesto Zedillo Pone de León.

Parecía una sucesión sin contratiempos. Pero 28 días después del cambio de estafeta, la economía se desplomó.

“Estaba colgada con alfileres”, dijeron los expertos. De nueva cuenta México abordó el tobogán y resbaló hasta que Bill Clinton se apiadó y brindó el respaldo económico requerido: 50 mil millones de dólares, lo que permitió la recuperación y el crecimiento.

Zedillo jugó con dos cartas su sucesión: si ganaba Francisco Labastida Ochoa, sería un reconocimiento a su gobierno y si perdía, sería el presidente de la democracia.

Entregó el país a Vicente Fox y a diferencia de sus antecesores éste lo recibió “en paz, trabajando y en crecimiento”.

Petróleo, había mucho petróleo y Fox dilapidó los ingresos obtenidos y si bien el sucesor, Felipe Calderón, encontró un país aceitado y caminando, en sus seis años de gobierno hizo que México se volviera el “más violento del mundo sin estar en guerra”.

Enrique Peña Nieto recuperó la Presidencia de la República para el PRI. Y se propuso “Mover a México”.

Catarata de reformas estructurales. Visión de futuro. Esperanza recuperada. Sin embargo, los problemas que no fueron atendidos en tiempo y forma debilitaron su liderazgo.

Al inicio de su quinto año de gobierno, el gasolinazo encendió el fuego.

¿Dónde perdimos el país?, se le pregunta a los entrevistados.

Gustavo de Hoyos Walther responde:

“Me parece que ha habido una visión de corto plazo, que no ha puesto por delante al país. México no se acaba en un sexenio y al final de cuentas los aciertos y los errores se pagan por varias generaciones. En ese sentido el crecimiento que tuvo el gasto público, ciertamente no tomó en cuenta que las variables que por un momento fueron favorables, podían cambiar. Tal parece que aquí pensamos que siempre íbamos a tener precios bajos del petróleo y tasa de interés bajas y hoy que las circunstancias han cambiado, se nos impone un cambio de paradigma y aquí el Gobierno tiene un papel fundamental para generar las condiciones para que las empresas crezcan y puedan producir mayores empleos”.

Enrique Solana Sentíes contesta:

“Me parece que hubo una falta de cálculo en los tiempos, con motivo de las reformas que, en sí mismas son magníficas y le generan una oportunidad de crecimiento y desarrollo económico al país, lo que conlleva de manera muy lógica a una cantidad muy interesante de inversión extranjera que debía llegar para invertir en extracción de pozos profundos, en carreteras, en energía eléctrica, turismo etc. México era atractivo y todos los inversionistas querían venir a México, pero en algún momento los tiempos se retrasaron, no llegó con oportunidad esta inversión extranjera que pudiera ir sustituyendo el déficit que se empezó a autorizar. Y ésta no fue solo culpa del Gobierno Federal, porque el legislativo estuvo autorizando los déficits de 1.5 y de 2 por ciento y demás, lo que se dio a la par de la crisis de Estados Unidos y los bienes inmuebles y todo lo que sucedió y ahora hay que incentivar la economía inyectándole dinero, que es lo que hizo Estados Unidos”.

En México se trató de hacer lo mismo, pero me parece que lo que nos falló es que se gastó el dinero, se fue más a gasto corriente que a inversión, con lo que lo íbamos a sustituir por la caída estrepitosa del petróleo, que no esperábamos de esa magnitud; se detuvieron las inversiones que nosotros creíamos que iban a llegar. Entonces, nos quedamos entrapamos en un endeudamiento, con esos ingresos del dólar para reponerlo, por lo que ya existe un problema grave de utilización del presupuesto, que era solo exclusivamente para pago de la deuda.

“Quedamos entrampados con un dólar bajo, que eso se venía venir y bueno ahora ya somos deficitarios en petróleo, en productos petroquímicos y a lo mejor estaríamos peor si el barril estuviera a cien dólares”.

Es la historia repetida sexenalmente.

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