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Caso Rubí, la Otra Cara

*El Oportunismo y la Ausencia de Verdaderos Liderazgos

*Movió a las Masas un Festejo al que no Estaban Invitados

*Preocupa que Pueda Haber Otra Invitación, Pero Amañada

*México: los Asuntos de Gobierno se Dirimen en las Calles

POR ÁNGEL LARA PLATAS

Mientras la gente emocionada acudía en miles a la fiesta de quince años de Rubí (una chica de pueblo), convertida en la ceremonia espontanea más difundida en la historia de la humanidad, (lo digo sin exagerar, pero acepto precisiones) gracias a la falta de pericia en el manejo de las redes sociales, detrás de esa inocultable euforia se estaba presentando un fenómeno que inexplicablemente movió masas. Vamos por partes.

El papá de Rubí, pretendiendo entrar en la onda del manejo de una de las tecnologías más poderosas de la comunicación masiva, el Facebook, pero sin medir su alcance porque supuso inocentemente que solo sería leído por sus parientes y los amigos más cercanos de la familia, partiendo del ilusorio razonamiento que cuando mucho el mensaje sería leído por los que aparecían en la lista de “amigos”, que no eran más de una veintena; subió una invitación con los detalles necesarios de la modesta fiesta de quince años para su hija, en la que habría lo necesario para satisfacer los más exigentes gustos de comida y bebida. Pero el dichoso mensajito fue visto por cientos de miles que consideraron el casual detalle como si fuera un mensaje divino, que los obligaba a acudir en un acto de fe.

El esfuerzo económico de la familia serviría para halagar a no más de 150 personas, no más, mucho menos a 20 o 30 mil que finalmente acudieron al festejo. Pero al darse cuenta algunas prominentes personalidades que a La Joya acudirían miles, altos funcionarios del municipio y del estado convencieron al asustado papá que no reculara, que desistiera de reconocer el error, que no se disculpara rogadamente con los miles, tal vez millones, que habían pescado en el aire la invitación al festejo. Le propusieron que siguiera adelante y que no se preocupara por el costo de la mega fiesta ni de la organización. Claro, los poderosos “padrinos” sabían que la oportunidad de recibir una buena tajada de popularidad podría traducirse en bonos políticos. La televisión, que también participó como lo sabe hacer, recibiría un bono, pero obviamente de expectativas comerciales.

Sin embargo, el hecho que haya asistido gente de muchos lugares de México y hasta del extranjero, no era nada más la idea de tragar y beber gratis, no. En el trayecto gastaron mucho más de lo que pudo haber representado en bebidas y comida que ahí disfrutaron, por muy sabroso y delicioso que pudiera haber estado todo incluyendo la música. Ahí va.

Si bien es cierto que lo que movió a todos fue una impensada convocatoria que se convirtió en masiva, la razón de fondo es que fue una demostración de la ausencia de verdaderos liderazgos políticos, sociales, o religiosos, que muevan masas de una manera espontánea y masiva. Más aún porque los convocados no eran de una sola corriente ideológica o filosófica. Hubo de todos los pensamientos y convicciones. Esto es lo interesante. Su voluntad fue arrastrada por una fiesta común y corriente a la cual no estaban invitados.

Inicialmente, la convocatoria de la ahora quinceañera más publicitada del mundo fue sin pretender hacer lo que resultó. Pero lo preocupante es que puede haber otra convocatoria mañosamente pensada, que puede mover a miles o tal vez a millones. Es innegable que, si asistieron los que asistieron a los quince de Rubí, hubo millones que desearon haber estado ahí, sólo por estar. ¿Qué fue lo que los identificó con el evento? ¿Cuál fue el punto de coincidencia?

Si no había relación familiar, ni afectiva, si nunca se habían visto ni tenían idea de quién era esa familia, que no sabían de la existencia del pueblo de origen de los ahora célebres, que no había nada que previamente los vinculara, entonces podría tratarse de un sentimiento inexplicable tan poderoso como para mover a tanta gente, hacia un propósito tan llano como era una fiesta de quince años de una desconocida y humilde familia.

Si esto así ocurrió, estamos ante la posibilidad de que, por algún otro motivo, tal vez de mayor trascendencia popular, pudieran provocarse reacciones mayores; es decir, que las masas pudieran reaccionar al unísono en protesta o rechazo de algo. La gente se auto invitó, llegó sin algún pase de acceso en la mano, nadie confirmó su arribo.

La lista de auto invitados al pueblo La joya, municipio de Guadalupe del Estado de San Luís Potosí, rebasó cualquier expectativa. Lo interesante es que Rubí no era alguna de esas figuras que como platos desechables construye alguna de las televisoras. Tampoco se trata de algún paralelismo con una novela de afamado autor. Éste caso surgió de algo virtual, prácticamente de la nada.

Este fenómeno no es un hecho aislado. En el país los asuntos con el gobierno se dirimen en las calles. El pueblo sale a la vía pública por cualquier motivo. Los niños y jóvenes tienen el ejemplo que la aplicación de las leyes está condicionada a la presión ciudadana, con razón o sin ella. La gente se está manifestándose en grupos cada vez mayores en número.

Con lo de Rubí fue el detalle, la algarabía, la emoción. Pero la gente ya descubrió que cualquier otro motivo puede moverlos masivamente.

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