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La Tercera Conquista

*Nuestras Fortalezas no Están en el Mejor Momento

*Difícil Enfrentar el Avasallamiento Trumpiano Racista

*Existe un Desgaste Debido a la Rampante Corrupción

*¿Habrá Voces Para Influir en la Sucesión en México?

POR ÁNGEL LARA PLATAS

La cercanía de México con los Estados Unidos de Norteamérica, ha creado en los mexicanos una forma de vida producto de la imitación. Resultado de ello nos mantenemos culturalmente en medio de indefiniciones. Por ejemplo, criticamos su política con los inmigrantes, específicamente con los paisanos que tratan de ubicarse con los vecinos para mejorar su nivel de ingreso, pero a la vez les copiamos sus costumbres que no tan solo dañan nuestro cuerpo, también contaminan nuestra salud mental porque nos prendemos totalmente de su esquema publicitario dirigido hacia el consumismo.

Indiscutiblemente que, con todo y todo, tienen otras cosas en las que debíamos fijarnos atentamente para imitarles. La calidad, por ejemplo, está presente en lo que producen o elaboran. La disciplina, es un ingrediente que consideran importante. Criticamos sus aires de conquistadores porque nosotros no los tenemos, la conquista por los españoles acabó con ese impulso. Sólo que es oportuno e importante precisar algo: Hernán Cortés, paradigma del conquistador, fue un hombre que respondió al espíritu de su época, se aventuró a descubrir sitios desconocidos y finalmente someter al poderoso imperio del México Antiguo; pero, ojo, los indígenas, más que rendirse ante un puñado de españoles, se avasalló ante la creencia ancestral de que había llegado el fin de la cuenta de sus años. Solo así es posible entender que los indios, superiores en número e instrumentos para matar, hayan cedido ante los españoles con todo y sus armas de explosión en base a la pólvora. Los nuestros conocían perfectamente el terreno y sus vericuetos, estaban en posibilidades de implementar una efectiva estratagema de guerra, pero no lo hicieron, no lo quisieron hacer.

Apenas nos estábamos medio acomodando en una forma de vida más o menos propia, acoplada a nuestra idiosincrasia y costumbres producto de una evolución interna, cuando nos cae la otra conquista: la de la moda, la música, la literatura, y cambios en la vida familiar, impuesta por Estados Unidos y asumida y copiada por las juventudes mexicanas. Los jóvenes de ese entonces fueron los portadores de ese cambio que quedó convertido en un estatus.

En los sesentas, empieza a perderse la vida rural en su concepto tradicional. En las principales ciudades, particularmente en la ciudad de México, cobraba fuerza la influencia de Estados Unidos. A finales de la década, la moda femenina imponía la minifalda arriba de la rodilla y entallada. Los tacones eran altos y afilados y, en la playa, imperaban los bikinis. Los varones también se vieron influenciados por el estilo de vida norteamericano: pantalones angostos y sin pliegues, de talle bajo, y sacos abiertos de uno o dos botones. Sobrevino la época del amor libre y de los anticonceptivos. Había llegado la revolución sexual.

Los valores y las costumbres tradicionales ya no correspondían a la realidad. La influencia gringa resultaba incontenible a pesar de algunos intentos para hacerle frente. La invasión del rock and roll y la mariguana fue asombrosa. Los Estados Unidos entraron a México a través de los jóvenes, para quedarse. Nos convirtieron en un país de alto consumo. Modificaron los hábitos en nuestro sistema alimenticio. Nos han estado induciendo, a través de la publicidad, a comprar lo que no necesitamos y a consumir lo que nos hace daño. Hasta los filmes, norteamericanos por supuesto, se encargaron del adoctrinamiento correspondiente: Los mejores son los blancos, no los negros ni los latinos. Los héroes son rubios, igual que los galanes. Para los de piel morena, negra o amarilla, están los papeles de la sufrida servidumbre o el de chicos malos de la película.

Esa también es la visión de Donald Trump, solo que más recalcitrante, con más odio hacia otros países salvándose Rusia por la admiración que le tiene a Putin. Naturalmente que México le llama la atención sólo desde la perspectiva de país consumidor de los productos estadounidenses, lo que pueda representar en ganancias para sus empresas y las que lo apoyaron como candidato.

Lamentablemente, nuestras fortalezas para enfrentar el avasallamiento trumpiano de su política racista, no se encuentran en el mejor momento. Internamente padecemos un contundente desgaste por cuestiones de corrupción. No hay propuestas claras en los legisladores, y nuestros políticos están más preocupados por sus proyectos personales que por darle a México la consistencia que necesita en lo político, económico y social. Los partidos políticos no representan ni a sus militantes menos podrán configurar un posicionamiento para enfrentar dignamente las fobias trumpianas.

Ni duda cabe que los republicanos ya deben estar pensando en convencer a Donald Trump, para que utilice sus mecanismos de influencia como presidente del poderoso país, para influir en la selección del próximo presidente de México. Esperemos que quienes le hablen al oído para los temas de México, no sea el grupito de militares de mano dura que apoyaron fervientemente la candidatura del empresario metido a político, porque ésta podría ser la tercera conquista.

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