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Lascas Económicas

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Ingenuidad de un Banquero que Toma las de Villadiego

*El Problema más Difícil es Quién le Sucederá en Banxico

*Tersa, la Trayectoria Nacional e Internacional de Carstens

*¿Cuál Será el Saldo de Este Huracán Categoría Seis?

POR LUIS EMIGDIO CONTRERAS

Aventuremos la especie: Agustín Carstens se va del Banco de México no porque este harto de encabezar este barco en medio de la tormenta y a punto de que se desate el Huracán Categoría Cinco que representa Donald Trump para las finanzas del mundo mundial y, de pura pasadita, las locales. Simplemente sale porque el ofrecimiento de encabezar la gerencia general del Banco de Pagos Internacionales en Basilea, Suiza, lo acerca a su viejo anhelo personal: encabezar los destinos del Fondo Monetario Internacional.

Pese a su enorme fortaleza como banquero central, no obstante ya haber competido por llegar al FMI, y haber perdido, Carstens no es político tradicional, o al menos no lo es a la usanza mexicana. El doctor en Economía por la Universidad de Chicago, lo meditó solo con la almohada, su familia, y se lanzó al vacío a sabiendas que el aterrizaje no le costaría trabajo ni habría sensación de culpa. Ya después, mucho después, se lo informó a Enrique Peña Nieto, pero la decisión estaba tomada.

¿Nadie le asesoró en que su determinación iba a causar una severa conmoción en los mercados y que al propio Peña le iba a mover el tapete justo en el día en el que ¿celebraba? el inicio de su quinto año de gobierno? Pues no, él mismo jamás lo calculó de esa manera, al grado que horas después trató de justificar el hecho calificando de exagerado que minutos después de su anuncio, el dólar llegó a andar esa jornada en 21.50 devaluadísimos pesos. Y nuevamente en su lenguaje críptico, muy a la inglesa con todo y humor negro, declaró en varias formas que ni hablar, eso de irse no debía interpretarse como que se estaba bajando del barco. ¿Quién podía pensarlo así?

Conocemos al doctor Carstens, desde hace poco más de 20 años, si no mal recordamos, desde sus primeras andanzas como director general de Investigación Económica del propio Banxico a mediados de los noventa, y desde entonces, también subrayamos su convicción personal de apoyar en todo tiempo la estabilidad monetaria mundial y nacional, hecho que le hizo crecer sin problemas en el complejo mundillo de las finanzas internacionales.

Porque ganar prestigio en este entorno, amigos, no es nada sencillo para muchos, pero los resultados de Carstens han sido tersos e importantes, y recordamos que, ya a principios de siglo, tras un paso relativamente fugaz por la subsecretaría de Hacienda, en foxistas tiempos, fue subdirector gerente del mismo FMI en donde estuvo algunos años en Washington siendo responsable para este organismo multilateral de al menos 70 países. Y nadie se quejó de lo que hizo, sino todo lo contrario.

Sencillo y sin ideas torcidas, incluso lo recordamos, en aquellos tiempos nos deslizó que buena parte de su determinación de estar en la Unión Americana, sede del Fondo, obedecía también a circunstancias familiares que tenían que ver, y mucho, con la entonces precaria salud de su esposa, y la de él mismo, que entonces trataba de bajar de peso a como diera lugar. Cosas veredes.

Pero el entonces presidente electo Felipe Calderón, asesorado este sí por el equipo que encabezaba las finanzas públicas y gobernaba el Banco Central (Francisco Gil y Guillermo Ortiz, pues), aceptó traer de nuevo a la esfera nacional a Carstens, primero para encabezar el equipo de transición en materia económica y financiera y luego para hacerse responsable de la Secretaría de Hacienda. Sencillito.

Insistimos en el término tersura de su labor, pues a pesar de que en el 2008 se endurecieron los problemas mundiales derivados de la crisis hipotecaria de la Unión Americana, la recesión mexicana fue menos severa que en otras latitudes, lo cual ha sido agradecido por muy pocos y desdeñado por muchos, toda vez que el repunte mediocre de la economía nacional -pero repunte, al fin y al cabo- fue el saldo de ese huracán categoría seis, literalmente, que ni Obama tuvo.

Por ello, realmente vimos sorprendido al hasta ahora gobernador del Banco de México cuando la especulación que siempre está al acecho y tiene nombre y apellido, se desató de nuevo para atiborrar las alforjas en estos momentos no obstante el insistente llamado a la calma del propio Carstens y de quien fuera su sucesor en el 2009, José Antonio Meade, quien por cierto ocupa de nuevo la cartera hacendaria, también en medio del presente tsunami financiero global.

En los hechos, no hay crisis que dure cien años ni sociedad que la aguante. Llegará en julio el flamante gerente general del Banco de Pagos Internacionales (BIS) a Suiza, a ser una suerte de banquero de los banqueros centrales, y de hecho ya ocupa un puesto importante ahí mismo y en este momento; pero la duda que a todos asalta es quién estará al frente del BdeM para entonces, en esos momentos de fieros combates, como decía cierto poeta y cantautor mexicano mejor conocido como José de Molina.

Le corresponde a Peña, dice la ley respectiva, nominarlo y al Senado ratificarlo o desechar la propuesta. Más allá de humores negros, no vemos quien pudiera llenar los zapatos fácilmente del doctor Carstens, aunque nos queda claro que el sucesor debe tener una escuela económica ortodoxa a toda prueba. De los candidatos y sus posibilidades, le prometemos, podemos platicar en la siguiente entrega, una vez que hayamos platicado con amigos que saben más de lo que puede venir en materia monetaria, que no será nada agradable, eso sí se lo podemos adelantar.

Por lo pronto, estas Lascas Económicas y, con otras piedras sabias y callejeras, dan la vuelta a varios naipes para ver si sale un as que pueda vislumbrarse como el que vaya a encabezar los destinos del Banco de México y preserve, a toda costa, el mandato constitucional de la institución: mantener el valor de la moneda (jejeje) e impedir que la inflación se le salga de las manos. Pero eso lo vemos juntos, la semana entrante, en este espacio.

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