Los Privilegios del Poder

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Pensiones, Modelo Joven Envejecido Prematuramente

*En México, dos Años Después, Desalentador Panorama

*Los Ingresos Serán la Tercera Parte de Salarios Actuales

*Amafore Propone Aumentar Edad de Jubilación s 68 Años

POR VERÓNICA V. GONZÁLEZ Y ARNOLDO PIÑÓN

Durante 2016, trabajadores chilenos llevaron a cabo tres grandes jornadas de protesta contra el sistema de pensiones de capitalización individual -introducido por Augusto Pinochet en el año 1980-, con  ingresos promedio para los pensionados de 368 pesos, por debajo del salario mínimo.

La última de esas jornadas se realizó el viernes 2 de diciembre. Sólo en la capital, Santiago, se realizaron  27 protestas, en las que se acusó a las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) de abusos para enriquecerse con el dinero de los pensionados.

El gobierno de la presidenta Michelle Bachelet ha planteado como alternativa de solución, aumentar de 10 a 15 por ciento de aportación pensionaria, aun cuando no se ha establecido de dónde saldrán los fondos -del salario de los trabajadores, de las empresas o de presupuesto del Estado-.

En 1997, México importó el modelo pensionario chileno y creó las administradoras de fondos para el retiro -para los trabajadores del Estado; el sistema inició en 2007 con la nueva ley del ISSSTE-, con aportaciones del 6.5 por ciento sobre el salario de los trabajadores integrado de la siguiente manera: 5.150 por ciento del patrón, 1.125 por ciento del trabajador y 0.225 por ciento del Estado.

No es el primer modelo que afecta a los trabajadores, copiado por nuestro país: en marzo de 2012, España -entonces en la más grave crisis económica de la etapa moderna-, introdujo una reforma laboral que limitó a un año el pago de salarios caídos e introdujo la modalidad de los contratos a prueba. A fines de ese año nuestro país también lo aplicó adicionándole la legalización del outsourcing -figura jurídica depredadora de los salarios-.

El caso es que a punto de cumplir las dos primeras décadas de las Afores, el panorama para los trabajadores que están cerca de jubilarse, es bastante desalentador: condenados a la miseria, con ingresos que ni siquiera alcanzan una tercera parte de sus salarios actuales.

En efecto, la pensión a la que accederán esos trabajadores será de sólo 28.4 por ciento de sus salarios, consecuencia de la baja aportación con fines pensionarios y los salarios precarios del país.

Si bien la introducción de las afores permitió resolver la presión que las pensiones ejercían en el presupuesto público -se calcula que hasta 2040 iniciará la disminución por pagos pensionarios-, se hizo a costa del bienestar futuro de los trabajadores y sus familias.

La gravedad de las bajas pensiones, ha llevado a que el gobierno realice campañas en busca de incentivar el ahorro voluntario, pues hasta ahora ni siquiera el premio que otorga a los trabajadores del Estado -tres pesos más por cada uno ahorrado de manera voluntaria-, fue capaz de alcanzar resultados óptimos.

En la actualidad se llevan a cabo dos acciones: hacer conciencia de ahorrar 10 pesos diarios en las cuentas afores, y la apertura para niños.

Sin embargo, la Asociación Mexicana de Afores (Amafore), a través de su presidente, Carlos Noriega Curtis, con insistencia llama a aumentar la aportación hasta alcanzar 15 por ciento -propuesta igual al del gobierno chileno- y aumentar la edad jubilatoria hasta los 68 años de edad, para garantiza una tasa de reemplazo -pensión- de entre 60 y 70% sobre el salario.

Los malos resultados en busca de incentivar el ahorro voluntario, obedecen a la falta de previsión por parte de los mexicanos y a los ingresos precarios de los trabajadores -la legalización del outsourcing es utilizado para evadir el pago de utilidades en la banca, por ejemplo-.

El problema de las bajas pensiones es a nivel mundial: España analiza alternativas, y en Alemania en agosto pasado aumentó 4.25% a sus trabajadores en retiro que habitan en el oeste y de 5.95% para los del este del país, ya que se estima que 3.4 millones de sus habitantes de más de 65 años son considerados pobres.

En Alemania se considera a una persona como pobre, cuando recibe menos del 60 por ciento del salario promedio del país, e incluso para una persona soltera el limítese sitúa en 890 euros, mientras para una pareja con dos hijos es de ml 870 euros.