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Del ABC Político

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david_cameron

*Cuando Falta la Consulta al Pueblo Gobernado… “No”

*Corrupción, Ineficacia de Programas y Otras Lindezas

*No hay Freno Para los Actos Anticipados de Campañas

POR GERARDO LAVALLE

A.- Primero fue David Cameron. Una promesa de campaña para reelegirse como primer ministro de Inglaterra, lo llevó a perder todo. Cumplió sí, y tuvo que irse.

Confiaba en ganar el plebiscito conocido como Brexit (Bretaña fuera) y fortalecerse en la Unión Europea. Falló y hoy surge una nueva Dama de Hierro: Theresa May, quien apresura la aplicación del artículo 50 de los estatutos dela UE para dejar de pertenecer y regresar a ser “EL REINO UNIDO” no obstante las amenazas de Escocia e Irlanda de querer mantenerse en el grupo compacto.

El segundo fue Juan Manuel Santos.

Negoció por cuatro años la paz entre la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) tratando de conciliar intereses.

Las negociaciones se dieron en Cuba. Y en ocasiones secretas. Hasta que se vislumbró un acuerdo.

En el momento preciso, el presidente de Colombia anunció que la paz se firmaría y que 52 años de guerra terminarían y con ella el baño de sangre que cubrió la tierra colombiana.

Confiado en sus gestiones, anunció la firma oficial, en un acto que se realizaría en Cartagena de Indias, a la que invitó a una decena de Jefes de Estado, al secretario general de la ONU y funcionarios de instituciones continentales.

Todo fue fiesta.

Los guerrilleros, encabezados por Rodrigo Londoño, alias “Timochenko”, pidieron perdón por las masacres cometidas. Y aplaudió la decisión del gobernante por someter a referéndum el acuerdo.

Juan Manuel Santos confiaba en ganar.

Igual que Cameron.

Sin embargo…

Sin embargo, los colombianos decidieron no darle el sí.

Ganó el no y los argumentos esgrimidos tienen sentido. O al menos así parece.

Encabezados por el expresidente Álvaro Uribe, los que emitieron el no recordaron que no es democrático darle el perdón y el olvido a quienes asesinaron, cercenaron, secuestraron, extorsionaron, sembraron, cultivaron y vendieron drogas. Fueron miles de muertos. Fueron años de angustia, incertidumbre, pérdida de familiares…

Y como colofón, los colombianos descubrieron que los guerrilleros ingresarían a la política, les darían asientos en el Congreso sin competir, les pagarían salarios mayores al que ganan los legisladores que hicieron campaña.

El “NO”, lo justificaron. A lo mejor con un mayor costo y otro baño de sangre.

La reflexión debe llegar:

¿En qué se equivocaron Cameron y Santos?

Solo hay un error, craso error: no consultar con sus gobernados lo que pretendían.

Supusieron, creo, que en el caso del Reino Unido que el voto sería por mantenerse en la Unión Europea. Malos análisis de quiénes votaría. Cameron y su equipo de asesores no pensaron en que los adultos mayores, los que vieron cómo se diluía su futuro, aunque corto, saldrían masivamente a las urnas. Y en el de Santos, quizá con razón, no lo sé, creyó que alcanzar la paz haría feliz a sus gobernados.

El “NO” en ambos casos, demuestra que en la democracia los gobernantes son, como debe ser, empleados del pueblo, no sus jefes.

Hay muchas voces encontradas. En los plebiscitos la diferencia entre el NO y el SÍ fue mínima. Porcentajes al fin y al cabo que hicieron la diferencia.

¿Alguien osaría realizar un referéndum en México para determinar si los servidores públicos de los tres niveles de gobierno se deben bajar el salario y desaparecer sus privilegios?

Apuesto a que no. El harakiri es oriental…no occidental.

B.- Sin desperdicio el discurso de Ximena Puente del Moral, comisionada presidenta del INAI.

¡Por supuesto que hay déficit de credibilidad en las autoridades!

Corrupción, impunidad, opacidad, desprecio por las leyes, actuaciones a la medida…

Eso y más ha hecho que los ciudadanos –aunque tengamos la cultura de la corrupción- estemos irritados.

Mas cuando brotan casos como los de aquellos aún gobernadores y de los ya exgobernadores, que muestran, no comprueban, sus presuntas corruptelas que les permitieron pasar de una clase media acomodada a una virreinal.

Súmele la ineficacia de los programas del sector público que el Gobierno, del partido y color que fuere, tiene obligación de llevarlos a cabo, porque para eso pagamos impuestos: para tener servicios.

Hace unos días charlaba con académicos especialistas en economía y ciencia política y de ahí surgió el tema: el Gobierno, el Estado en su conjunto, está obligado a brindar buenos servicios de seguridad, salud, educación, alimentación, vivienda, esparcimiento y demás.

Ello no ocurre: los servicios de salud y de seguridad, por ejemplo, ineficientes a grado tal que el ciudadano tiene que acudir a un médico particular o comprarse un perro, tender mallas eléctricas alrededor de sus casas, colocar lámparas y quienes tienen para ello, instalar equipos de seguridad con videocámaras.

Tienen razón cuando señalan que muchos padres de familia se ven obligados a enviar a sus hijos a escuelas privadas, cuando la educación básica es responsabilidad del Estado.

Ni cómo decir que no.

¿Pero cuál o cuáles son las razones para que el Estado incumpla con sus obligaciones?

De acuerdo con los expertos, que sí saben, la raíz de todo el problema está conjuntada con la corrupción y sus mellizas hermanas: impunidad y opacidad. Los dineros públicos no alcanzan porque hay desvíos multimillonarios, de miles de millones de pesos. La deuda del país es inmensa y ya no hay quien se preocupe por dividirla entre el número de habitantes, porque se requerirían más de cinco ábacos.

¿Y el dinero de los impuestos para qué ha servido?

La gran pregunta que no tiene respuesta. ¿La habrá tenido el doctor en economía Luis Videgaray Caso? Es mera pregunta.

C.- Si en el Instituto Nacional Electoral (INE) no ponen un hasta aquí a los actos anticipados de campaña, la elección de 2018 será más complicada de lo que Lorenzo Córdova y sus soldados de la democracia, esperan.

Cada suspirante hace lo que le viene en gana, porque encuentra el recoveco en la legislación que, por cierto, aprobaron congresistas de todos los partidos.

No son pocos los que nos preguntamos qué espera el INE para sancionar a los “adelantados” y cuál es la razón por la que diputados y senadores no presentan una iniciativa para reformar lo que es reformable.

Si nadie actúa y deja que todo mundo se vaya por la libre, que nadie se espante de lo que ocurrirá: inestabilidad política y social en 2018.

Y el horno no está para bollos electorales, don Lorenzo.

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