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El Estado Necesario en el Siglo XXI

*Las Teorías Gerenciales y las Verdades Absolutas

*Como si Resolvieran el Problema de la Burocracia

*Nada más Falso y Dañino Para la Evolución de la AP

POR LUIS MIGUEL MARTÍNEZ ANZURES, (Tercera parte)

La administración pública mexicana es producto de un largo histórico en el que las reformas administrativas son el signo de su propia modernidad. A lo largo de etapas históricas cruciales para el desarrollo institucional, como la independencia, la reforma o la revolución, el aparato gubernamental ha sufrido cambios que se encuentran determinados en última instancia por el gobierno en el poder.

En el desarrollo histórico antes referido, dos etapas han sentado las bases de la actual administración pública nacional: las reformas administrativas encabezadas por los gobiernos de Luis Echeverría y José López Portillo. Aunque no son las únicas si son las más representativas.

De la misma manera y tras el paso de los años, el problema del tamaño del gobierno se pretendió resolver con la venta, liquidación, extinción, fusión y transferencia de las empresas públicas al llegar a una cifra record de mil 155 empresas públicas.

La ineficiencia del aparato de la administración pública federal se manifiesto en el excesivo papeleo de trámites para la prestación de los servicios públicos. Dicho problema se intentó resolver a través de la simplificación de documentos, pasos y requisitos, una medida poco viable para la sociedad mexicana debido a sus notables retrocesos culturales en esta materia.  Por su parte, la excesiva centralización en la toma de decisiones y en la asignación de recursos del gobierno federal se pretendió superar mediante procesos de descentralización en los ámbitos: educativo, de salud, y recientemente de gasto social. Son medidas poco brillantes debido a la falta de articulación con los programas nacionales de desarrollo económico en el país.

Por último, la eficiencia que debe prevalecer como valor fundamental en la administración pública ha sido planteada a partir del resurgimiento de las teorías gerenciales para ser aplicadas de manera automática como si estas fueran verdades absolutas y resolvieran el complejo problema de la burocracia. Nada más falso y dañino para la evolución progresiva de la Administración Pública de nuestros días.

Desde mi perspectiva, estoy seguro que cada tendencia tiene su origen en argumentos que pueden ser considerados como planteamientos cuestionables desde el principio. El argumento de tamaño enorme y omnipresente de la administración pública mexicana es relativo, ya que el problema de fondo sigue siendo que el gobierno federal concentra la mayor asignación de recursos y de personal, en detrimento de los gobiernos estatales y municipales. El tamaño del Estado es un problema de la excesiva centralización de la administración pública federal, pero no del Estado como un ente regulador entre el bienestar común y los intereses del mercado. Sin el Estado la administración pública actual estaría inmersa en un camino de funestas acciones operativas tendientes a desprestigiar su razón de existir: la ciudadanía.

La eficiencia y la utilización adecuada de los recursos públicos no pueden ser un fin en sí mismo, si este no es asociado con otros valores como la equidad social y la oportunidad de un mejor servicio público.

La endoprivatización enfatiza al cliente despersonalizando sus derechos políticos y sociales como ciudadano. La administración pública actual no puede concebirse como solamente como un campo para asuntos de negocios; es algo más, debido a que tiene mayores fines sociales y responsabilidades éticas superiores. La administración pública es y debe ser diferente. Debe cernir sus campos de acción de la mano con el empoderamiento del Estado y sus causas a la defensa de los intereses de la ciudadanía.

Lo retos que prevalecen para la administración pública en México para este milenio constituyen tareas de oportunidad, las cuales deberán incorporarse en la agenda administrativa de la reforma del Estado.

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