Los Dados de Dios

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De la Tolerancia Cero a la “Tolerancia al Cien” en la CDMX

*Cuando Ebrard Trató de Replicar el Programa Neoyorkino

*Teoría de “Ventanas Rotas” y la Persecución de los Pobres

*Resultó un Fracaso Ante los Eternos Estigmas de la Ciudad

POR NIDIA MARIN

En el pasado debate Hillary-Trump salió a relucir en voz del atrabiliario magnate el programa “Tolerancia Cero” establecido por Rudolph Juliani, cuando fue alcalde de Nueva York (1994-2002), para combatir la inseguridad urbana.

Se trató de un polémico esquema basado en la teoría de las “Ventanas Rotas” (Broken Windows) del profesor de Harvard James Q. Wilson, quien describía que si los vidrios de una ventana se rompían y no eran reparados sobrevenía en cadena el deterioro de una institución, compañía, etc. Se supone que desde un punto de vista criminológico el delito es mayor en las zonas donde el descuido, la suciedad, el desorden y el maltrato son la constante.

Sin embargo, “Tolerancia Cero” realmente fue establecida en Nueva York por el nombrado director de la Policía de Tránsito William Bratton, evidentemente con el aval de Juliani. No fue otra cosa que el establecimiento de la policía de proximidad y pie a tierra, así como los servicios de inteligencia.

Es indiscutible que descendió el crimen una vez que policías vestidos de civil atraparon a miles de delincuentes tanto en el Metro, como en las calles donde prevaleció la prohibición de beber alcohol, del ambulantaje y de todos aquellos personajes que interpretan música, limpian parabrisas y demás.

Como dijo Hillary Clinton, el programa era “ilegal”. Las libertades fueron conculcadas y las arbitrariedades fueron la constante, así como las quejas y demandas contra la policía.

Y MARCELO EBRARD TRATÓ DE REPLICARLO

En México, Marcelo Ebrard, como Jefe de Gobierno del Distrito Federal intentó establecerlo y fue un fracaso.

Mario Arroyo, del Centro Internacional de Estudios sobre Seguridad (CIES) allá por 2003 escribió:

“En suma, la tolerancia cero es una ideología sobre el delito que abreva de principios morales y despliega una serie de conocimientos criminológicos de carácter gerencial. Tiene como objetivo demostrar que los índices delictivos pueden ser reducidos, demostrando que los argumentos de las teorías criminológicas convencionales -quienes consignan como causas de la delincuencia a factores sociales estructurales como la pobreza, el desempleo o la estructura demográfica de la población- son erróneos y de carácter ideológico.

“Quizás considerando estas aseveraciones, al ser cuestionado Giuliani sobre las dificultades que enfrentaría en México señaló: “Seguro hay diferencias entre Nueva York y la Ciudad de México, pero no estoy convencido que dichas diferencias sean relevantes para la reducción de los delitos”.

Y Arroyo explicó todos los obstáculos para su aplicación: Divisiones político-administrativas poco flexibles (la estrategia está planeada para desarrollarse en la Ciudad de México y no en los municipios conurbados); deficiente estructura policial (“de acuerdo con un reporte de la Secretaría de Seguridad Pública los principales problemas que tienen son: personal con bajo perfil, deserción, corrupción, ausencia de beneficios sociales, bajos salarios, ausentismo y un gran número de vacantes”; bajos salarios; la impunidad; la corrupción como factor clave que explica la desviación de los cuerpos policiacos; limitaciones legales para poder investigar delitos; la desconfianza ciudadana entre otras cuestiones por su constante abuso de la fuerza.

Usted lector se preguntará ¿Y por qué no se habilita a militares como policías? Ya se realizó. Lo relata el propio Mario Arroyo, en su trabajo Evaluando la “Estrategía Giuliani”: la Política de Cero Tolerancia en el Distrito Federal:

“En 1997 el gobierno de la Ciudad de México decidió sustituir 3,000 policías civiles con militares. Un oficial retirado explicó las razones de la sustitución diciendo “la corrupción ha sido parte de la vida cotidiana de la ciudad de México, si están mal pagados serán proclives a recibir sobornos ya sea de los ciudadanos o de los delincuentes”. Argumentó que sólo los militares pueden establecer disciplina y orden en la institución. El cambio no fue nada fácil. Un primer episodio de conflicto entre policías de origen militar y policías preventivos ocurrió en mayo cuando cerca de 500 oficiales bloquearon algunas calles en protesta por el entrenamiento tipo militar que les estaban imponiendo. Así en una confrontación entre policías, 55 fueron despedidos y consignados por el delito de lesiones. El entonces Secretario de Seguridad Pública, un General, declaró que el entrenamiento militar seguiría a pesar de las protestas.

“Las formas tácticas de operar de la policía de la ciudad de México, bajo mando civil o militar, tradicionalmente es a través de operativos sorpresa con un gran número de elementos en zonas de “alta incidencia delictiva”, generalmente como respuesta a presiones de la opinión pública a través de los medios de comunicación. La única diferencia en los operativos es el origen “civil” o “militar del personal. “Civil” viene a representar la corrupción e incapacidad “militar” viene a representar honestidad y capacidad. Posteriormente, la realidad vendría a demostrar que la desviación policíaca no es un problema de “orígenes” sino un problema estructural”.

Tolerancia cero, no funcionó el corto tiempo que se intentó aplicar. Hoy en la Ciudad de México hay “tolerancia al cien”, para los delincuentes.

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