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500_pesos

*Y Ochoa Reza no se Intimidó por la Difusión su Liquidación

*Adiós al “Voto Duro”, hoy Cuenta la Trayectoria del Candidato

*PRI y PAN no han Creado Personajes Para Ganar la CDMX

POR GERARDO LAVALLE

A.- Gemelas, cuatas o mellizas, corrupción e impunidad, están amenazadas por la muy probable aprobación del Fiscal Anticorrupción y del nuevo secretario de la Función Pública.

Son dos dientes, diría colmillos, que le faltan al Sistema Nacional Anticorrupción que, opinan sus promotores, será el parteaguas que necesita el país.

Al presidente Peña Nieto se lo acabaron en redes sociales, en columnas críticas, en artículos de fondo, cuando osó referirse a la corrupción como parte de una cultura de los mexicanos.

Sin embargo, con el correr de los meses, parece que la razón le asiste.

Los propios legisladores, senadores y diputados, confiesan que el SNA no será la panacea para arrancar de raíz los dos males que se han generalizado y que si bien ahora –cuando termine de construirse el andamiaje legal, porque faltan las leyes secundarias- habrá elementos para frenar lo que es actuación desenfrenada, no es posible garantizar el cambio radical en el comportamiento no solamente de políticos y empresarios, sino de toda la sociedad.

Probablemente en cuanto a la parte política, el PRI dio un primer gateo –de gatear- con la suspensión de los derechos políticos del gobernador Javier Duarte de Ochoa, presuntamente el mandatario más corrupto de la historia.

Vienen otros intentos de caminar. De aprender a dar los primeros pasos sin caerse.

Resulta difícil entender el inicio de una lucha contra corrupción e impunidad cuando el presidente, que no líder, del PRI, Enrique Ochoa Reza recibe más de un millón de pesos del patrimonio financiero de la CFE, por concepto de “liquidación”.

Salió al paso para justificar la legalidad del hecho. Nadie ha dicho que es ilegal. Pero todos hemos opinado que es poco ético.

Sin embargo, habría que decir en favor de Ochoa Reza que no se dejó intimidar por la difusión que se le dio a su liquidación. Se mantuvo firme y llegó a la Comisión de Justicia Partidaria con la seguridad de que la decisión de suspender en sus derechos políticos al gobernador veracruzano sería la correcta.

¿Es muestra del cambio en las altas esferas del priismo?

No lo sé.

Se antoja difícil de aceptar que Javier Duarte sea el único corrupto y que desde su cargo haya malversado recursos públicos, como lo hizo saber Arturo Zamora, integrante de la citada comisión partidista.

Sospecho que hay muchos más.
A quienes quieren escucharlo, se clama: están en la picota César Duarte y Roberto Borge.

El primero aún no cede los trastos del poder. El segundo ni siquiera tuvo la decencia de entregar el cargo al sucesor. Simplemente envió representante. Como si se tratara de un juego en el que no importa quién debe darle al árbitro el balón.

¿Y el resto de los señalados por la Auditoría Superior de la Federación?

Sería larga la lista de aquellos que podrían haber cometido algún delito.

Eso lo saben los que permitieron o permiten desvíos de recursos, manejo de licitaciones para obra pública o en adquisiciones de bienes.

Pero hay silencio, lo que equivale a complicidad.

Nada mejor que recordar la anónima expresión:

“Si todos van a la cárcel ¿quién cerrará la puerta?”

B.- Hace una semana, Carlos Joaquín González asumió como nuevo gobernador de Quintana Roo. El octavo desde que la ahora entidad dejó de ser Territorio el 8 de octubre de 1974.

Muchas críticas a la organización del evento en donde protestó.

Quejas de las oposiciones que se aliaron para vencer al PRI.

Molestia porque no se les trató como los “vencedores”.

Lo mismo Alejandra Barrales –quien no encendió la vela aliancista sino su antecesor, Agustín Basave- que Ricardo Anaya o Miguel Ángel Mancera, se sintieron “despreciados” o “maltratados” porque no les tendieron alfombra roja para ingresar al recinto ni les colocaron ‘reposets’ para presenciar el acto.

De nueva cuenta queda demostrado que los dirigentes de los partidos solamente van por algo cuando realizan alianzas: van por el poder.

Y olvidan que quien ganó es el que lo tiene.

Sí, el poder no es del dirigente de tal o cual partido.

Es del que gobierna.

Desde hace tres lustros, el criterio del votante ha cambiado.

Dejó de ser el “voto duro” de tal o cual partido, para analizar a la persona por la cual emitirá el sufragio.

No es el partido el que ofrece.

No es el partido el que cumple.

Es el candidato el que pulsa las necesidades y se compromete a satisfacerlas.

Es el candidato el que incumple.

Carlos Joaquín González era el candidato perfecto del PRI para mantener el Gobierno de Quintana Roo.

Sin embargo, Roberto Borge y Félix González Canto, lo vetaron.

Intentaron seguir gobernando. A Quintana Roo lo consideraron su personal feudo.

Sabían que Joaquín no sería su empleado.

Su veto pesó. E impusieron candidato. Y perdieron.

Sin candidatos propios ganadores, PAN y PRD se abalanzaron sobre el defenestrado priista y lo hicieron su candidato.

Un candidato ganador.

Joaquín, sin embargo, no ganó por ser panista o perredista. Obtuvo el triunfo porque la gente, los quintanarroenses lo conocen de siempre. Saben de lo que es capaz. Y también se sintieron traicionados por su gobernador en ese momento y su exgobernador de seis años atrás.

Votaron por Joaquín no por ser abanderado de las oposiciones sino porque Borge los hartó.

Eso no lo entienden los panistas ni los perredistas. Creen que hicieron al candidato y después al gobernador y, por tanto, tienen derecho a ser tratados como amos de la Corte.

El nuevo mandatario no deja de ser priista en su formación. Las oposiciones ganan con aquellos que fueron gestados y dirigidos desde un partido que “representa el pasado”, porque son incapaces de crear el presente.

C.- Justamente por lo anterior, me brinca la forma en que los partidos políticos van a presentar la pelea por la Jefatura de Gobierno.

Desde ahora se puede predecir sin necesidad de bola de cristal o la cábala, que la lucha será entre dos: PRD y Morena. Ambos partidos tienen con qué ganar las elecciones en el 2018, tanto el gobierno central como las ya para entonces alcaldías y el congreso local.

¿Y qué harán el PRI y el PAN?

¡El ridículo! No han creado personajes que conozca la gente y por los cuales podrían inclinarse en el momento de emitir su voto.

Imposible competir sin candidato propio. ¿Inventarán en el PRI-DF y en el PAN-CdMx candidatos que den la pelea?

Lo dudo.

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