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Lascas Económicas

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antonio_meade

Buscando una Salida Sexenal sin Mucho Ruido

*Indudables Señales Económicas en el México de hoy

*Hay Muestras de que se Resquebraja la Estructura

*Mientras, la Superestructura va Rumbo al Desplome

*Parte de las Consecuencias le Tocarán al Siguiente

POR LUIS EMIGDIO CONTRERAS

En donde tropieza la política o trastabilla por lo menos, las señales económicas en cualquier sentido se yerguen indubitables, rezaba el querido profesor José Blanco allá en sus clases respectivas en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, muchos años antes de ser director de la respectiva, claro, en Economía.

Tanto esta frase como la de que no hay fiestas gratis se repetían en diversas aulas en los ochentas y, por supuesto, ahora tienen tanto o más vigor que en esos tiempos donde los aires de la Máxima Casa de Estudios eran siempre abre caminos y ahora nos permiten explicarnos muchas cosas.

Veámoslo así: en forma independiente de lo que ocurra fuera de nuestras fronteras, desaceleración severa de lo que ocurre en latitudes como la china, la europea, la estadounidense o el resto de Latinoamérica, lo cierto es que el balbuceante mercado interno siempre es, ha sido y será insuficiente para que una nación se levante y camine por sí sola, pese a lo que nos diga el doctor José Antonio Meade, secretario de Hacienda.

Recapitulando en este espacio sobre los planteamientos hacendarios, nos damos cuenta que por encima de las reiteraciones que no convencen a nadie, ni a sus exégetas más conspicuos, no se calma la especulación, los rumores o de plano el saqueo en los mercados simplemente llamando a la calma, como en otros tiempos, porque hay un instrumento del que México tiene falencia secular –al menos en los últimos 50 años- y se llama credibilidad.

No es tanto Meade o Agustín Carstens, titular del Banxico, quienes padecen su ausencia; no era Videgaray o Aportela, no es Peña o Ruiz Massieu. No. Si la  gente no cree, actuará en consecuencia cubriéndose en su mayoría para evitar que el tsunami los arrase y, los otros, los más vivos, jugarán a la ganancia de los pescadores volviéndose multimillonarios en audaces jugadas.

Hace un año a mediados de agosto, evoquemos, justo en la llamada Carrera Molino del Rey, en los alrededores de Los Pinos, el inquilino respectivo trataba de calmar los ánimos y miedos frente a un tipo de cambio que ya andaba en el rango de los 17 pesos –y muchos ya nos angustiábamos-, diciendo que no pasaba nada, que hasta nos iba a beneficiar.

Hace apenas unas horas, otra vez por cierto, el propio Meade y su gente han insistido en que si ya llegamos a los 20 pesos por billete verde y vamos en pos de los 21 en caballo de hacienda (¿?), nada nos debiera asustar porque todo ha de pasar una vez que el 8 de noviembre termine el proceso electoral de nuestros otrora vecinos poderosos. Pero eso no va a ocurrir.

También bajo el criterio marxista, en la realidad la estructura económica se resquebraja por todos lados y la superestructura –empleo, tipo de cambio, tasas de interés, entre otros- resiente infinidad de contrastes y problemas mientras los que alguna vez nos dijeron iban a mover al país lo están haciendo, pero generando unas convulsiones de órdago como para decirles: “mejor ni le muevan porque en cada movimiento nos seguimos hundiendo en esta suerte de pantano nacional”.

Como esta fiesta de negros no la tiene ni Obama, pues es muy sencillo averiguar quién la pagará otra vez. Ya hemos platicado en diversas ocasiones que el alza en los precios, primarios, industriales y de servicios, la carestía pues, el también encarecimiento del crédito, la cobranza respectiva, el desempleo que todo conlleva, el mayor disparo de la informalidad y otras linduras serán solo parte de las consecuencias que padeceremos en el corto, mediano y largo plazos.

Si bien parte de estas consecuencias, en términos políticos, los verá y encabezará todavía el sexenio de Peña Nieto, lo cierto es que gran parte de las consecuencias les tocará encarar y tratar de resolver a la próxima administración que como van las cosas muy probablemente veremos otra alternancia en la Federación porque, en los hechos, esos guijarros en que se convertirá el país los tendrán que recoger debajo de la alfombra los blanquiazules –no porque seamos pitonisos ni mucho menos-, ante la atomización de la izquierda y el caudillismo autoritario de su contrincante mejor posicionado en estos momentos.

La gente no les cree a los políticos. Y los pocos que concurran a las urnas determinarán esa transformación, que no revolución en el Poder Ejecutivo. Veremos.

Por lo pronto, que no se nos acuse con ligereza de Contreras o negativos per se. No ahora, por favor. Tanto Blanco como nuestros profesores de otros tiempos tenían la razón histórica y basaban sus teorías en los hechos de este nuestro gran país por muchas cosas, y triste por otras tantas. Aquí están los resultados económicos traducidos en daño patrimonial a millones. Júzguelo usted.

Para que no se vea siquiera que algún perverso esté detrás de bambalinas quitándole las tachuelas a la economía, seguiremos en esta puesta en escena un rato más y gastando, eso sí, mucho dinero para disimular para encontrar la salida sexenal oscura y sin mucho ruido. También asistiremos a ello.

En esto último, un dirigente empresarial de cierta confederación confesaba a sus propios en conocido café de moda que si el comercio nacional empezaba a sufrir en serio, esto “significa que las cosas van de mal en peor, como a finales de los ochentas, mediados de los noventas o en el 2009, para no ir más lejos”; y entonces sí, a ver quién mueve qué del México que quede. Parece un juego de palabras. No lo es tanto.

Estas Lascas Económicas andan comprando con otras piedras boletos en el primer vuelo que salga rumbo a la madre patria chica llamada Mérida, donde insisten en que aún no tiembla. Chocan romas y filosas, molestas por el futuro predecible que está muy cerca de todos. Y le esperan en este espacio, pero la semana próxima.  Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla .

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