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Las Revueltas de Silvestre

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¿Se ha Acabado el Camino de la Guerrilla en América Latina?

*Ningún Proceso Social es Conquista de Aquí a la Eternidad

*Episodios Terribles: Sendero Luminoso y las Dictaduras

*Primordial Exigir Avance Constante en las Mejoras Sociales

POR SILVESTRE VILLEGAS REVUELTAS

Cuando se escriben estas líneas la prensa mexicana e internacional comentan la firma del tratado de paz entre el gobierno colombiano y la guerrilla denominada FARC; analistas del gran espectro ideológico coinciden que el movimiento ha sido el más largo del subcontinente pero no el más sangriento. Para algunos el camino de la protesta violenta paulatinamente se convirtió en aliado consciente o pasivo de algunos narcotraficantes para terminar siendo una especie de negocio o forma de vida; en sentido contrario afirman que las FARC sopesaron que ya no podían derrotar al estado de Colombia y en cambio, por medio de la negociación política, podrían alcanzar algunas de sus reivindicaciones más queridas. Finalmente, algunos atribuyen a alguno de sus líderes el haber señalado que el camino de la lucha guerrillera estaba cancelado porque los estados latinoamericanos eran demasiado fuertes para ser derrotados por la vía militar.

Sin ser un especialista en temas del combate guerrillero pero sí un historiador que ha analizado diversas conflagraciones sociales aquí en México como en otras latitudes puedo afirmar que ningún proceso social es una conquista dada por segura de aquí a la eternidad. Por ejemplo, pensemos que Uruguay pasó en el siglo XX de ser la Suiza de Sudamérica con una democracia envidiable a ser presa de la dictadura militar, para muchos años después reconquistar la democracia pero haciendo caso omiso de los muchos crímenes que se cometieron durante el gobierno de los generales. Otro ejemplo sería el caso de Turquía que pasó del tiempo de los sultanes que quitaban vidas y fortunas como arrancar manzanas de un árbol, a la época de los militares con Ataturk para de una manera zigzagueante tener una serie de gobiernos civiles mezclado con golpes militares que ahora han terminado con el islamista de poderes supremos Erdogan. Pero si lo anterior se refiere únicamente a la alternancia de gobiernos más o menos democráticos o intensamente represores, el enojo social que puede desembocar en una protesta que transite de las formas cívicas o electorales a las violentas, en particular la guerrillera, el denominador común lo mismo en tiempos del inca Tupac Amaru y José María Morelos que al de José Martí y demás luchadores sociales como los perecidos en Guatemala. La razón siempre será la misma: pobreza, inseguridad y falta de oportunidades que sufre el pueblo en malos de un mal gobierno (Hidalgo dixit).

Es cierto, han existido episodios especialmente terribles como las tácticas utilizadas por el peruano Sendero Luminoso y en sentido opuesto los crímenes perpetrados por órdenes de dictadores como Augusto Pinochet o Leónidas Trujillo y el impertérrito Francisco Franco. Para aquellos que creemos en la reforma liberal, sostenemos que lo primordial es exigir un gobierno responsable que avance en la implementación continua de mejoras sociales: la cobertura universal de salud con calidad es una meta primordial. Por otro lado un gobierno liberal progresista es aquél que exige a patrones y empleados derechos y responsabilidades laborales para alcanzar formas de trabajo como los que tienen los países del norte europeo. Un gobierno y sociedad liberal es aquella que no permite que la corrupción de unos y otros sea la forma cotidiana de vida, porque indefectiblemente el robo tolerado termina por descomponer los cimientos de la sociedad. La reforma liberal es lo contrario al inmovilismo del statu quo que siempre pervierte a las autoridades y termina cooptando a la mayoría de la población que se enfrenta al dilema de comer o perecer. Sin embargo, antes de que la derrota de la soberanía popular se convierta en un hecho siempre existirá un grupo de jóvenes con arrojo que protestarán, primero por las vías institucionales y ante la cerrazón oficial optarán por la vía armada. Lo último no es deseable pero bajo la perspectiva histórica, un gobierno que engaña y somete al pueblo siempre tendrá que enfrentarse a grupos que optarán por la guerrilla. Ojalá y el acuerdo de paz en Colombia sea duradero, que se construya un espíritu conciliador y que las condiciones materiales de vida realmente mejoren para tirios y troyanos.

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