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El Estado Necesario en el Siglo XXI

*Estamos al Final de una era y el Comienzo de Otra

*Replanteamiento Total de los Pilares de Gobierno

*También en las Cuestiones Relativas al Orden Político

*Demanda Social: Menos Política y Mayores Derechos

POR LUIS MIGUEL MARTÍNEZ ANZURES, (Primera parte)

En nuestros días. La desmitificación del Estado liberal liderado por el mercado, proviene desde la creciente incapacidad del propio aparato estatal para responder a las complejas y diversas demandas ciudadanas. Al respecto constantes movimientos sociales y políticos alrededor del planeta dan cuenta perfectamente de estas aseveraciones. Aunado a lo anterior, el sistema económico con el que se articula el Estado y su aparato de gobierno ha caído en crisis poniendo al descubierto que, si ayer el Estado era presentado como el problema del subdesarrollo o del bajo crecimiento, hoy se constata que el mercado es el origen del atraso y de las desigualdades sociales y económicas. Vaya trastada histórica del nuevo siglo que está comenzando.

En este mismo contexto, habrá que señalar a la crisis económica y financiera global en la que está sumida el sistema mundial desde 2008 a nuestros días. Este fenómeno ha puesto en entredicho el paradigma del Estado subsidiario neoliberal.

Acompañada de esta problemática que ya se ha señalado, hay que añadir la noción ideológica de un Estado prescindible, subsidiario y ausente de la actividad productiva de sus propios territorios.

Lo anterior ha hecho posible que el mercado se convierta en el eje central del proceso económico, en el criterio central de distribución de los beneficios e ingresos y en la lógica que aseguraría la igualdad, la justicia y la libertad para todos los ciudadanos. Un sueño que hasta ahora no se ha convertido en realidad.

A la par de estos acontecimientos históricos, el dilema Estado-mercado, es decir, el péndulo de la historia en los recientes tres decenios, llevó a la cuasi desaparición de servicios y empresas públicas a manos de gobiernos liberales y de políticas privatizadoras cuyo efecto principal -aunque no el único- ha sido ahondar las brechas sociales, culturales, de género y territoriales.

Avanzamos entonces en estos primeros decenios del siglo XXI hacia una matriz socio-política y estatal en que se replantean totalmente los pilares conceptuales e ideológicos del Estado y del orden político. Estamos ante lo que pareciera ser el final de una era y el comienzo de otra.

Aquel Estado subsidiario del siglo XX, entregado casi ciego y a manos atadas a la voracidad depredadora, y a la lógica conquistadora y excluyente de las fuerzas del mercado, no solo no puede seguir gobernando eficazmente las democracias instaladas bajo su alero ideológico, sino que la ciudadanía, no acepta y se resiste cada vez más a legitimar un orden político-institucional opaco, cerrado, vertical, piramidal, burocrático y centralizado. La ciudadanía demanda menos política y mayor eficacia en el ejercicio de sus derechos y en la implementación de servicios públicos que den solución a sus problemas cotidianos.

Pero también, y no sobra decirlo, el concepto de servicio público y de función pública han entrado en crisis en tanto que son asociados a criterios de rentabilidad, de eficiencia cuantitativa y de racionalización de los recursos puestos a disposición de funcionarios y usuarios. Esta simbiosis entre estos elementos y los conceptos que ya ha señalado no deben determinar a la administración pública actual y mucho menos ponerla por encima del Estado como si este último estorbará en el cumplimiento de sus obligaciones. De ignorar esto estaríamos olvidando nuestra historia

En medio de esta vorágine de ideas está claro que la Administración Pública en México es un producto de las condiciones históricas, políticas y sociales en las que se ha desarrollado. Por lo que no puede ser analizada de manera aislada e independiente de su devenir histórico.

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