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Del ABC Político

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*Hay Combate Contra la Corrupción, Pero no Contra la Impunidad

*Urge Revisión de Dirigencias Estatales, Distritales y Municipales

*¿Qué Hacer con Exgobernadores, que Piden ser Delegados?

*Las Contradicciones Entre Personajes del Gabinete Presidencial

POR GERARDO LAVALLE

A.- Presumiblemente en el PRI hay unidad. Se vive en unidad. Todos felices y contentos se abrazan y se desean lo mejor, porque están en unidad.

Sin embargo, el discurso del dirigente nacional, Enrique Ochoa Reza versa sobre dos temas: unidad y lucha contra la corrupción.

No hay defensa de las reformas estructurales del presidente Peña Nieto.

No hay defensa de lo que el partido realizó en las pasadas elecciones.

No hay defensa para los que no son corruptos.

No hay defensa para los delegados general que cumplieron y cumplen a cabalidad sus encomiendas.

Hay generalizaciones.

En todos los temas.

Si de corrupción se trata, parecería que todos los priistas con cargos de representación o con responsabilidades administrativas forman parte de la cultura de la corrupción.

(En el tema no está equivocado Peña Nieto. Hay que leer la encuesta que realizó la UNAM para corroborar que aquel que no se roba los exámenes, se roba la luz; el que no paga el agua, se la roba. El que tiene prisa por un documento, otorga mordidas; todo, porque no lleva completa la documentación y así, hasta observar que los franeleros son una especie de cuidacoches que no cuentan con reconocimiento oficial y que se pueden robar el auto o lo que está en su interior y no pasa nada. Sí, es una cultura de la corrupción).

Sin embargo, no todos los políticos, de cualquier partido de que se hable, son corruptos. Hay más decentes que indecentes.

Y por supuesto, no se advierte que el combate contra la corrupción vaya acompañado de una lucha similar contra la impunidad.

Basta que se “repare el daño” o que se atente contra el erario y se diga que no es delito grave, para que quien comete la violación de la ley, disfrute en libertad los beneficios de su paso por la administración pública.

En el bitemático –si se vale llamarlo así- discurso de Ochoa Reza y dirigido a los militantes no a los adversarios, se remarca una y otra vez que en el PRI no se aceptará ni se protegerá a ningún corrupto.

A ciencia cierta no se ha demostrado que haya uno, dos o cientos. Con el nuevo sistema penal acusatorio, todo mundo es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Y de los nombres que se han mencionado en los últimos meses, todavía no hay una consignación y por tanto tampoco una definición por parte de juzgador alguno.

Ergo, no hay culpables de corrupción.

En torno a la unidad, sorprende que se hable de ella cuando de suyo, así lo manifiestan los mensajes, es lo que hace “fuerte al partido”.

Probablemente el doctor Ochoa Reza ya tiene en sus manos los análisis y definiciones por los cuales fueron derrotados siete candidatos del tricolor que buscaban ser gobernadores.

Y es factible que haya encontrado lo que siempre se negó: que los propios priistas votaron en contra de los “candidatos de unidad” que fueron postulados.

Si ya lo sabe, tiempo es de exhibir a los “traidores” –que siempre han existido- y poner escarmientos que sean tomados en cuenta. Por ejemplo, la expulsión –que a pocos preocupa- de aquellos que promovieron el voto en contra de los tricolores.

A lo mejor por eso insiste en la unidad. Ya sabe que el voto duro no le alcanza al PRI para ganar nada.

Y en cuanto a un tercer tema, abordado públicamente por vez primera en Michoacán, sobre el incumplimiento de los delegados generales del CEN, es un llamado tardío. Nadie ignora lo que hicieron en Quintana Roo. Primero Ulises Ruiz y después Manuel Andrade Díaz. El de Oaxaca ya anda cabizbajo. El de Tabasco como como coordinador de la bancada en el Edén y también como delegado, porque aún no lo relevan.

B.- Al jefe nacional del PRI le ha faltado revisar y a fondo cómo operaron las dirigencias estatales, distritales y municipales en las entidades en donde la derrota acompañó a los candidatos del antes invencible partido.

Porque no son solamente los militantes, los simpatizantes o el voto duro los que actuaron de motu proprio.

¿Quién convenció y con qué, a los que traicionaron al partido?

¿O fue decisión unipersonal para demostrar el rechazo a los candidatos de “unidad”?

Son dos preguntas que hasta ahora se mantienen a flote y nadie ha dado respuestas.

Y sí, a los delegados generales se les debe llamar a cuentas porque, solamente quienes no los conocen en su actuar aceptan que dialogan con la gente. Son soberbios, impertinentes, que se colocan por encima de los dirigentes estatales y más sobre los locales. No escuchan y los informes que rinden muestran tintes de intereses más allá de los que la política requiere.

¿Qué hacer con los exgobernadores que no quieren quedarse afuera y aceptan o piden ser delegados generales?

Un recuerdo como botón de muestra: en el Estado de México fueron delegados durante la gestión del presidente Peña Nieto, cuando menos tres exmandatarios: Jesús Murillo, Enrique Martínez y Miguel Ángel Osorio. Los tres fueron incorporados al gabinete presidencial.

Algunos defensores de los que ya tuvieron poder y no aceptan no tenerlo, dirán que “hay que aprovechar la experiencia”. Sí, totalmente de acuerdo, pero que la compartan y no solamente impongan criterios.

A Ochoa Reza le toca defender las tres plazas que estarán en juego el próximo año. Porque son, junto con Colima, las únicas que no han vivido la mal llamada transición y a las que ahora las oposiciones, sobre todo la muy probable y pragmática alianza PAN-PRD, ya las pusieron en la mira.

Perder los Estados de México, Coahuila y Nayarit, será el principio del fin para el PRI, al que una decena de encuestas lo ubica en tercer lugar de las preferencias electorales. Aunque no hay que creerles a pie juntillas.

¿Cuáles acciones tomará el dirigente del CEN del PRI para evitar la catástrofe?

El tiempo apremia y la oportunidad de dejar los discursos y cambiarlos por acciones, ya llegó.

C.- Las contradicciones entre personajes del gabinete presidencial, se multiplican.

La más reciente y por notable, es digna de consignarse. Mientras el vapuleado secretario de Hacienda sostenía que el Congreso será el único que decida si adelanta o no la fecha de apertura para la competencia de gasolinas, pero que todo indicaba que se aplicaría lo que dice la ley: primero de enero de 2018, el de Economía anunciaba que la fecha será el 2017.

Si cada uno hablara en diferentes foros, a lo mejor se entendería las posiciones políticas por tratarse de escuchas con intereses distintos.

Pero no.

Hablaron en las plenarias del ¡PRI!

Frente a la realidad manifiesta en los mensajes, hay necesidad de dilucidar si cada quien jala para su casa o hay intenciones aviesas en las declaraciones.

Eso que lo aclare la ciencia.

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