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Difícil Identidad, Disciplinar la Ciencia de la Administración

POR LUIS MIGUEL MARTÍNEZ ANZURES

La ciencia política es una disciplina inestable pues tiene problemas de configuración metodológica y como disciplina autónoma. La AP como disciplina ha sufrido tantas crisis de identidad, que según especialistas como Dwight Waldo ésta era comparable con la vida de los adolescentes. Sufría profundas y rápidas convulsiones.

El desarrollo histórico de la AP como actividad creció en los 20s y la respuesta del gobierno federal a la gran depresión de los años 30s consolidó el papel de la acción administrativa en la vida estadounidense. Se construyó la ideología ortodoxa de la AP con 3 pilares para sostener su estructura:

La acción gubernamental se podía dividir netamente en procesos de adopción de decisiones y de ejecución, correspondientes a los gobiernos y las administraciones.

Equivalencia de la verdadera democracia y la verdadera eficacia o que al menos son compatibles.

Principal apoyo para la expansión disciplinar se encontró en el convencimiento de que la administración era una ciencia que podía identificar unos principios universales de funcionamiento.

Posteriormente se puede apreciar el crecimiento rápido y un tanto anárquico de la Administración en el periodo del New Deal; el cual planteó para algunos, la conveniencia de construir un ejecutivo fuerte y organizado. Se produjo un drástico aumento del papel público en la vida económica y social.

El ajuste de la administración al sistema democrático también reside en el control de su actuación para asegurar su sumisión al derecho. La responsabilidad administrativa reside en la profesionalización y en los códigos deontológicos de los burócratas. El único camino de equilibrar el poder administrativo es el control legislativo o popular de la acción administrativa.

Años más adelante, podemos apreciar que la crisis de identidad de la disciplina surge por la fuerza de las teorías que se incorporan a la administración pública, cada una tratando de definirla ignorando parcialmente a las otras. La etapa de posguerra mundial generó el crecimiento en complejidad de las relaciones sociales y la tecnología, así como la notable presencia de la administración pública en la vida de los ciudadanos.

En la década de los 60s ocurre un replanteamiento general en la AP como ciencia. Dicha modificación metodológica trataba de revisar la distribución formal del poder y la participación ciudadana en las decisiones. El “oleaje democrático” permeó con nuevos valores la concepción de la organización social y tuvo un impacto en la concepción del gobierno. Por tales preceptos se puede apreciar que la racionalidad burocrática weberiana se desafió por dos razones:

a) inoperancia para proporcionar respuestas rápidas y adaptadas a los cambios del entorno y

b) por cristalizar los valores adscriptivos frente a los adquisitivos.

Con este proceso histórico podemos apreciar que lo que se rompió fue el consenso sobre la legitimación del sistema político tal como estaba establecido en la organización política. Es decir, la pérdida de confianza en los gobiernos y la insatisfacción con los valores explícitos del sistema político se manifestaron de forma abierta en los movimientos de los 60s.

Por todo lo anteriormente narrado hasta ahora, podemos decir que las teorías de AP son también modas e ideologías. Las teorías contemporáneas de AP se difunden y aplican como parte del éxito de los movimientos políticos que las sustentan. La certeza de la singularidad de las organizaciones públicas se sustenta en la importancia de su dimensión política.

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