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Las Revueltas de Silvestre

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¿Nos Tiene que Llegar la Solución de Afuera?

*Fallo Mayúsculo Local Reflejado en los Asesinatos de Alcaldes

*En el Siglo XIX “Los Bandidos de Río Frío” Pedían su Cuota de Paso

*Hoy los Narcotraficantes Exigen Entregar su Cuota de Piso…o Muerte

*Sobre Nuestra Pequeñez y el Peligro Frente a un Vecino Ambicioso

POR SILVESTRE VILLEGAS REVUELTAS

Hacia los años de 1840 y 1841 México se encontraba al inicio de su peor década como república independiente, ello a pesar de que cuatro años antes habíamos perdido Texas y para 1839 habíamos sido derrotados por la marina francesa en el episodio que conocemos como “La guerra de los pasteles”. Este suceso trajo como consecuencia que aumentara la deuda externa del país y que resurgiera, después de su pifia militar frente a los texanos, el nefasto Antonio López de Santa Anna que en tiempos republicanos fue el primer demagogo-salvador de México. Si lo anterior le resulta poco al estimable lector, debemos recordarle que el país estaba en proceso de disolución porque entidades como Zacatecas mostraba sentimientos autonómicos y Yucatán se habían separado de la federación; asimismo existían regiones enteras fuera del control del Ejecutivo como el ahora estado de Guerrero, Sonora, la Alta y Baja California y la ciudad de Guadalajara. La inseguridad comenzaba en las goteras de cualquier ciudad incluyendo la capital del país y las crónicas de nacionales y extranjeros subrayaban que los robos, la falta de mantenimiento en calles y caminos, el drenaje sin tapas se había cobrado varias víctimas y lo caro del crédito para comenzar negocios, pagar hipotecas y enviar giros a la banca internacional hacía todo en su conjunto una situación verdaderamente catastrófica. Finalmente, el liberal moderado Mariano Otero en un preclaro texto había subrayado que además de los problemas fiscales, financieros, constitucionales, de administración de justicia y un largo etcétera, México debía lidiar con la existencia de compatriotas que vivían en la Madelaine parisina consumiendo artículos de moda y otros mexicanos que en las sierras nayaritas, poblanas, guerrerenses y de Chihuahua, su existencia diaria era parecida a la de los tiempos de conquista (1521) y cuyos hábitos de consumo y miseria diferían poco de los habitantes del neolítico; algo así como “la modernidad” de Santa Fe y la pobreza del municipio guerrerense de Metlatónoc.

Teniendo como experiencia vital semejante estado catastrófico de la república mexicana, el yucateco avecindado en la Ciudad de México, José María Gutiérrez de Estrada, publicó una extensa carta pública al presidente Anastasio Bustamante señalándole al funcionario que si la quiebra del estado mexicano se debía a que no había funcionado el imperio militarista de Iturbide, tampoco el sistema federalista de la Constitución de 1824 y menos aún el centralismo de la carta de 1836, ¿por qué no pensar en una desinteresada ayuda externa para implantar una monarquía con legítimos títulos históricos? cuyo objetivo primordial sería reordenar a “la nación”, moralizarla y devolverle su otrora grandeza colonial.

La respuesta de los poderes de gobierno fue la denostación y Gutiérrez de Estrada se exilió para no volver nunca a México, a pesar de que primero fue artífice y luego alto funcionario del Emperador Maximiliano de Habsburgo. Hoy en el 2016 no tenemos una república en proceso de desintegración aunque existen regiones geográficas que a los historiadores nos recuerdan el autonomismo caciquil y criminal del siglo XIX mexicano. En la actualidad existe un sistema de autoridades en sus diversos niveles de gobierno que para los años de 1840 era inoperante, sin embargo la realidad contemporánea muestra un fallo mayúsculo a nivel local el cual se ha visto reflejado en los asesinatos de diversos presidentes municipales, regidores, jefes de policía locales. Lo anterior que es producto de la rampante criminalidad se une al poder económico que tiene la industria del narcotráfico la cual corrompe y también pide su cuota de piso, como en el siglo XIX “Los bandidos de Río Frío” pedían su cuota de paso. Hoy diríamos, parafraseando a Gutiérrez de Estrada, las pifias priístas acabaron con la bonanza económica de la postrevolución, luego los gobiernos panistas en su práctica cotidiana exigieron el moche tirando por la borda “la honradez” que siempre insistieron sus líderes históricos, y en cuanto a la izquierda, además de líneas de metro inservibles, lo más característico de ella en sus tribus amarillas y morenas ha sido la innegable mezquindad de sus líderes. ¿Puede venirnos el remedio de afuera? La guerra y derrota del 1847 nos hizo ver nuestra pequeñez y el peligro frente a un vecino ambicioso; la intervención francesa y la derrota imperial provocaron el inicio de lo que sería la nación mexicana. La injerencia estadounidense entre 1910 y 1918, luego en los años treinta, cincuenta, la guerra fría, el TLC y demás lindezas nos obligó a pacificarnos, a tener una actitud soberana, luego a modernizarnos, después a ser precavidos y finalmente a ser ¡¡socios comerciales!! “Estratégicos” de acuerdo al Obama dixit…no somos cuates del alma. Donald Trump en caso de ganar quiere que paguemos el muro, echar migrantes, fiscalizar las remesas, en fin, volver a la política del Gran Garrote de principios del siglo XX. Si lo anterior se combina con un empeoramiento de los males al interior de la república ¿cuál será la postura de los Estados Unidos? ¿Cómo enfrentaremos sus reclamos? ¿Nos servirán sus amenazas para enderezar el camino con menos corrupción, más eficiencia y aceptar la tutela histórica? El panorama es francamente de preocupación.

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