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Las Revueltas de Silvestre

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Un Periplo Germánico

*Todos los Taxis en Alemania Están Pintados del Mismo Color Crema

*En México son Verdes, Negro con Amarillo, Rosas, Blancos, Azules

*Cada Nuevo Gobierno Trae Aparejado el Cambio de los Colores

POR SILVESTRE VILLEGAS REVUELTAS

Yo no sé si los gobernantes en nuestra sufrida república mexicana son además de corruptos, una pléyade de ignorantes porque en su burbuja de canonjías, múltiples ayudantes y suburbans contaminantes, no pisan las calles donde mal gobiernan y cuando viajan al extranjero sus asesores les programan “tours” que además de las maquetas y cifras oficiales no les permiten observar la cotidiana realidad, por ejemplo, en Alemania que este año desarrolla festividades por la amistad entre ambos países. Una muestra de lo más sencilla que le permite a los ciudadanos germanos, a los turistas de todos los continentes y a los migrantes que llegan por tren desde la lejana Siria: todos los taxis en Alemania están pintados del mismo color crema y en el techo del automóvil un distintivo que tiene un cuadro que se enciende en color verde y que significa “libre” como el danzón. En cambio, en los Estados Unidos Mexicanos los taxis son verdes, negro con amarillo, rosas, blancos, azules, con angelitos otrora defeños, peluches, vidrios polarizados, colas de conejo, panteras, piratas, uberes y un larguísimo etcétera que provoca confusión y ello además de ser una evidencia cotidiana para los compatriotas me lo refrendó la opinión de un taxista retirado (!!!) australiano. Peor y ello lo saben muy bien los conductores de la CDMX (muestra evidente de la ignorancia que priva en este Valle de México), cada cambio de gobierno u ocurrencia del director del área provoca que todos los taxis tengan que cambiar de colores: gastos y mordidas que hacen a algunos funcionarios millonarios de un sexenio para otro.

Otra prueba que lo mismo está en Dresden, Nuremberg o en la capital de la república Checa, la hermosa ciudad de Praga: existe un red de tranvías eléctricos que en la última urbe cubren las funciones de las líneas de camiones urbanos que son muy contaminantes. Le han invertido mucho diseño de comunicación urbana y tiempo, los convoyes pasan cada dos o tres minutos, lo llevan al aeropuerto, central de trenes, centro histórico y colonias periféricas, las líneas de ida y regreso van paralelas como el mexicano metrobus, pero como es eléctrico no contamina. Claro la inversión fue más grande en términos financieros: rieles, tendido eléctrico complicado y tranvías que en el caso checo van desde los ya añosos de los tiempos socialistas pero bien mantenidos, hasta los muy modernos tranvías alemanes que pueden tener tres vagones, música, televisión, información sobre paradas de metro y llevar más gente que cualquier metrobus. ¡¡Pero estamos en mexiquito!! Estimado lector, se acuerda de los tranvías que de ida y regreso circulaban por Insurgentes, Coyoacán, Revolución, pero llegó un nefasto Regente del DDF en los años setenta y en su ignorancia decretó su desaparición; lo mismo pasó con los tranvías en el puerto de Veracruz, que además de ser un modo de transporte servían de paseo en las cálidas noches jarochas. Hoy, ese tipo de tranvías “viejitos” circulan en San Francisco, Nueva Orleans, Río de Janeiro y en la ciudad de Lisboa. Pero aquí en mexicalcingo los políticos que gobiernan a su antojo la república mexicana llenaron lo mismo la ciudad de México que cualquier capital de la provincia con un pulpo camionero ineficiente, contaminante, con unidades propias del cuarto mundo y condiciones laborales de sus choferes propias del precapitalismo victoriano. ¿Por qué en Alemania el mesero de una cafetería o un gran restaurante no te insiste una y otra vez en que pidas más bebidas alcohólicas y más comida? Porque tiene un salario decente y la propina, que uno puede o no dar, es un extra al buen servicio que consiste en ayudar y no molestar al cliente. Un amigo español se asombró cuando le dije que los despachadores de gasolina en México no tienen salario y viven de las propinas; me contestó, viven ustedes en el señorío medieval porque los dueños de las gasolinerías ganan muchísimo dinero.

Alemania, país que en su otrora sección de gobierno socialista se subraya en las explicaciones de museos, iglesias y edificios públicos: así estábamos bombardeados en 1945, así estuvimos durante la dictadura comunista, así comenzamos la reconstrucción posterior a la unificación alemana y así en el 2005 hemos terminado de reconstruir la catedral luterana de Dresden. País complicado y con una historia de guerra cuyos vestigios están a la vuelta de la esquina: el Museo-documental del nazismo en Nuremberg, la Topografía del Terror en lo que fueran los terrenos de la Gestapo berlinesa, el Museo de la Cultura Judía en un edificio verdaderamente claustrofóbico. Y a un lado de tales vestigios ominosos, el museo de los Príncipes de Sajonia, la colección de Picassos de la Pinacoteca Nacional de Berlín, el centro histórico de carácter barroco de la ciudad de Bamberg y el palacio obispal del Würzburg, joya de la humanidad de la UNESCO y que fuera reconstruido no solamente por el dinero internacional sino por la vocación de orfebres, vidrieros, ebanistas, yeseros y demás artífices alemanes que regalaron tiempo, trabajo y experiencia para recuperar su pasado histórico. Solamente una cosa, no pequeña, me preocupó: a diferencia de los Estados Unidos en el terreno laboral, no percibí en Alemania una integración de los no alemanes/alemanes en trabajos como restaurantes, construcción u hoteles, pero estoy consciente que debería tener más datos duros para afirmar con contundencia una exclusión deliberada.

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