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Suenan Tambores de Guerra en el Blanquiazul

*Acción Nacional del 2016 y la Gran Batalla que se Aproxima

*Enorme Fuga de Votos Buscó Refugio en los Brazos del PAN

*Tales Sufragios, Podrían ser tan Sólo un Espejismo en el 2018

POR LUIS MIGUEL MARTÍNEZ ANZURES

El 5 de junio del presente año, los ciudadanos de muchos estados de la República enviaron señales sobre la dirección de nuestro sistema de partidos en México, hasta ahora uno de los más estables en Latinoamérica, pero también uno de los más desprestigiados por su efectividad y niveles de representación en los escaños del poder legislativo en el país.

La noche del 5 de junio se derrumbó la mítica imagen de Manlio Fabio Beltrones ante la inteligencia y habilidad política de Ricardo Anaya, el joven presidente de Acción Nacional. Quienes pudimos ver la transmisión nacional de dicho encuentro entre ambos políticos aquel domingo por la noche, nos percatamos de la desesperación del presidente del PRI ante dos contundentes realidades:

La primera es que el partido de Enrique Peña Nieto sufrió la mayor derrota en términos de gubernaturas y alcaldías de toda su historia; no mostró competitividad en muchos casos.

La segunda realidad es que a este partido se le agotó el discurso político, ya no tiene nada que ofrecer. El partido en el gobierno federal carece de resultados y de acciones concretas que le permitan construir una argumentación fehaciente, para enfrentar los señalamientos de sus adversarios, que sirvan para resolver los problemas que aquejan a México. Esto es fundamental en el terreno de la competencia electoral y una dura lección de política para esta fracción política.

Por otro lado, cabe destacar que el PAN obtuvo un “triunfo histórico”, como lo dijo su líder nacional, ya que por primera ocasión ganó siete gubernaturas en una jornada electoral, lo que les permitirá gobernar a 40 millones de mexicanos. Una cifra sin precedentes en la historia de este partido.

En este contexto podemos deducir que México arrancó a partir del domingo 5 de Junio la carrera presidencial hacia 2018. Los comicios a 12 gubernaturas pusieron en evidencia los equilibrios o la equidad de fuerzas electorales que van a determinar la lucha política en los próximos dos años. El PRI, erosionado por el hartazgo frente a la corrupción y la inseguridad que lo han caracterizado en muchos de sus mandatos, sufrió un inesperado descalabro. Lo anterior se traduce en una profunda pérdida de votos y en la generación de espacios de poder que habrán de ser llenados por otras opciones políticas.

Esta enorme fuga de votos buscó refugio en los brazos del PAN que, con siete plazas ganadas (tres en alianza con el PRD), resurgió de sus cenizas y se proclamó vencedor de la noche antes mencionada.

“Si hacemos bien las cosas, el PAN va a recuperar la presidencia en 2018”, afirmó su presidente, Ricardo Anaya. Una declaración que habrá de analizarse con detenimiento y a la distancia del furor provocado por la instantaneidad de los resultados en la contienda electoral. Aun cuando estos resultados pudieran ser los mejores en la historia del panismo en México, pudieran solamente significar un espejismo del desierto en las arenas políticas nacionales, si no logran consolidarse sus gobiernos en los estados a gobernar en los años que están por venir.

Sin embargo, es necesario destacar que, durante la campaña, las encuestas habían dejado en un puesto secundario a esta fuerza política que gobernó México de 2000 a 2012. La fuerza de la derecha ganó siete gubernaturas y venció al PRI en sus plazas más codiciadas, incluida Veracruz, el tercer estado más poblado de México. Un avance que revela que el partido que sufrió una humillante derrota en las presidenciales de 2012 (o sea el PAN) todavía es un actor clave en el escenario político nacional. Y un adversario tan temible o más para el PRI que López Obrador. Aunque esto último aún está por confirmarse de acuerdo a la mediciones electorales difundidas mes con mes.

La batalla apenas ha empezado. Y por lo pronto, el Presidente Nacional del PAN, Ricardo Anaya Cortés, está de plácemes y alistando sus armas hacia el 2018. Porque con los triunfos electorales de su partido, se fortalecen sus aspiraciones presidenciales; objetivos que según militantes de su partido y miembros allegados a su círculo más cercano son una realidad que desea confirmar en el corto plazo.

Pero esta tarea no será nada fácil. Tendrá que enfrentar a Margarita Zavala, miembro del PAN, quien también desea contender para la presidencia en el 2018. Panista de cepa y con un fuerte apoyo al interior del partido. Esposa de un expresidente de la república. Lo que se avecina es una pugna interna en el blanquiazul de proporciones nunca antes vistas. Una dura batalla sin cuartel por la supremacía de la candidatura a la presidencia de la república representando a esta fracción política. La batalla suena muy atractiva.

Para Anaya, presidente actual del PAN, ser candidato a la presidencia de la república en 2018, no es un capricho o una ocurrencia. No, en realidad podemos observar que ha estudiado esta posibilidad a través de un análisis de la coyuntura nacional que comprenden variables como el hartazgo por un mal gobierno –por un lado–, y el acierto de una propuesta atractiva y de cambio –como alianzas PRI y PAN–, por el otro. Esa combinación, entre otras, mueve a los electores enojados, desconfiados y hartos, a salir de su casa y castigar en las urnas al mal gobierno.

Esos factores pueden definir una elección de dimensiones nacionales y Anaya lo tiene muy claro. Nosotros observamos que si comparamos las elecciones de gobernador de 2010 con las de 2016, veremos hoy un incremento de votos en siete entidades –justo en las que ganaron PAN y PRD y en donde perdió el PRI–, y una baja en los votos en cuatro estados, en donde ganó el PRI. La ecuación, más participación igual a menos votos para el PRI y viceversa parece confirmar las aspiraciones y estrategias aliancistas de Anaya hacia 2018.

Lo que está por venir es una guerra sin descanso por la supremacía de la dirección del Partido Acción Nacional. Y ante este contexto no habrá lugar en donde esconderse por qué cada espacio de poder será competido por los únicos dos contendientes a la presidencia de la república por esta fuerza política: Margarita Zavala y Ricardo Anaya en una disputa única por el control total de la fuerza derechista nacional en el espectro ideológico. Inician las apuestas. ¿Quién ganara?

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