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Sobre los Logros y la Renuncia de un Político de Excepción

POR CARLOS ZAMARRÓN

El título de la presente entrega a Misión Política lo expresé hace algún tiempo en este suplemento de El Sol de México como opinión razonada y por aquello de mal pensados que nunca faltan, sin ningún otro interés. Entonces tenía la certeza, hoy digo que la preservo, de que el sonorense es de esa especie de políticos-políticos mexicanos en extinción y ante la renuncia que con carácter irrevocable presentó a la Comisión Política Permanente del PRI como dirigente nacional de ese partido estoy seguro que no hay por ahora, menos ante la sucesión presidencial en el 2018, hombre o mujer tricolor que pueda llenar los zapatos de Manlio Fabio Beltrones Rivera.

Político de excepción, reitero, porque la congruencia real y por tanto no simulada la ha sudado desde siempre. Con ella vivió los días de las precandidaturas –la propia y la del mexiquense Enrique Peña Nieto- del PRI a la Presidencia de la República. Tuvo el valor para declinar a la misma y pienso que no lo hizo únicamente por el bien del partido en el que ha militado siempre sino, destacadamente por México para que como siempre ha dicho “pasen cosas buenas en nuestro país”.

De ese entonces me quedó grabada una de sus tantas expresiones, singulares y excepcionales por supuesto cuando alguien le preguntó si acaso se sentía en desventaja frente a Peña Nieto y respondió que “las únicas desventajas que yo conozco entre los seres humanos son las inteligencias. Yo me siento preparado”.

Ante comunicadora una comunicadora que le cuestionó cómo se sentía “por haber perdido la Presidencia”, él respondió: “Nunca la he tenido y no se pierde lo que no se tiene”. Ese es Manlio Fabio a quien reitero, considero político excepcional y desde luego de una especie en extinción en México. Congruente ha sido siempre y en ese contexto tiene y da solamente una cara.

Alguna vez comentó ante representantes de medios que no era su obsesión ser Presidente de México y en cuanto a la dirigencia nacional del PRI señaló que sería un orgullo llegar a ocuparla algún día –como ha sido- pero al margen de obsesiones que, confesó, desde muy joven había tirado al bote de la basura. En cuanto a esto último escribí para Misión Política que Manlio Fabio no había dicho la verdad, que sí tenía en la mente y en el cuerpo una marcada obsesión: La de reformar para que le vaya bien a México.

Su renuncia, no al PRI sino como dirigente nacional de ese instituto político, significa en mi modesta opinión, un hueco bien difícil de llenar y menos con alguno de los personajes que se mencionan para ello. Por cierto, entre tanto, el tiempo o mejor dicho los tiempos sucesorios presidenciales, de manera inexorable se están acercando cada día al 2018.

Su renuncia, al menos para este tecleador es producto como él mismo ha señalado, de su personal congruencia política, eso sí, emplazando a quien lo suceda en el cargo a que realice un trabajo de fondo para reposicionar al PRI y llevarlo a buen puerto, creo, en el 2018. Con ella se lleva pienso, el orgullo o si usted prefiere la satisfacción de haber logrado doce candidaturas de unidad para las elecciones del pasado cinco de junio, eso, con todo y las derrotas sufridas por algunos de quienes las ostentaron, nadie se lo quita.

Igual, la satisfacción de haber hecho campaña, entre la militancia en general, los sectores, las organizaciones y todo, para ocupar la dirigencia nacional tricolor. Manlio Fabio, reitero, es y será hasta sus últimos días un político de excepción. Hasta la próxima

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