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Anaya y el Riesgo de Escupir Hacia Arriba

*Beltrones y el Discurso, la Diferencia

POR CARLOS ZAMARRÓN

No me sorprendió, para nada, la arrogancia y en especial una actitud por mucho provocadora del dirigente nacional del PAN, Ricardo Anaya, en lo que fue la noche del cinco de junio, día de las elecciones para renovar entre otros cargos, doce gubernaturas.

Pude ver, igual que millones de mexicanos, a una especie de empresarito emprendedor con sonrisa no convincente, triunfalismo singular, igual pretendiendo convencernos de que tiene capacidad para poner no a México, sino al mundo entero, en orden. Yo, simple mortal golpeador de teclas, imaginé al panista como un granizo que de inmediato comenzó a esas horas, a derretirse sin ningún remedio. Le pude ver escupiendo hacia arriba y eso, usted lectora, lector amables, tiene asegurado el riesgo –por aquello de la gravedad- de caer en el mismísimo rostro de quien lanza el escupitajo.

Al reverso de la medalla pude observar a un hombre de capacidad y experiencia políticas a toda prueba, a un personaje que sabe que en las contiendas electorales sólo existen dos posibilidades que lo son ganar, o perder y en ese contexto que tiene muy claro, está profundamente convencido que en los tiempos actuales y en este tema no es posible ganarlo ni perderlo todo: Manlio Fabio, el dirigente nacional del PRI que ya inició el quehacer que los electores demandaron de ese instituto político: El análisis y la reflexión para saber qué pasó y cómo hacer para que no suceda de nuevo y menos en el 2018.

Volviendo a Ricardo Anaya, a quien al menos los cercanos consideran como el “Joven Prodigio” y que otros consideramos como un chavo acelerado, un burro –con respeto a esos equinos- que piensa que ya tocó la flauta y destacadamente a un dirigente partidista que ignora que en la política a la mexicana dos y dos jamás sumarán cuatro, lo verdaderamente cierto es que aunque se vale soñar, está muy difícil que el PAN –como lo está asegurando desde la noche del cinco de junio- logre de nuevo la Presidencia de México en el 2018. Si lo sigue pregonando, ni duda que tiene bien claro que para pentonto, no se estudia sino que se nace.

Como millones de mexicanos pude verlo en la tele, en los spots que por casi dos millones el INE –¿será cierto que apapacha a las izquierdas y le tiembla la mano para sancionarlas tanto como a otros?- destinó para las campañas panistas y aliados y que él, superando por mucho al Peje Andrés Manuel López Obrador, se despachó para su personal promoción y en el colmo del cinismo criticó severamente a políticos rateros y corruptos sin mencionar siquiera una elemental decisión de su partido para expulsar de sus filas a personajes harto conocidos como ratas de dos patas, mega corruptos como el ex gobernador de Sonora su compita de ideología.

Cierto que el PRI perdió Veracruz  –y otros estados más en donde era gobierno- y no obstante esa derrota o el triunfo del PAN no fueron contundentes porque los primos casi empataron y que allí ganara el tricolor era como pedirle peras al olmo por lo del cuestionado gobierno de Javier Duarte. Cierto que el PAN del muchacho alegre Ricardo Anaya ganó Puebla, pero para ser exactos con todas las manos y los pies del gobernador metidas en la elección. Igual que con una Cabeza de Vaca triunfó en el estado de Tamaulipas donde manda en crimen que llaman organizado, cierto que ganó otras tres entidades más pero…¿y luego?...

Yo quisiera equivocarme por el bien de muchos compatriotas, pero debo de revelar mi convicción de que habida cuenta de que el agua y el aceite nomás no se pueden mezclar, no tengo duda de que en las entidades en las que triunfó la alianza PAN-PRD –con candidatos que impuso el blanquiazul- va a estar más canijo que bonito que se gobierne bien porque en esos casos los jalones de cobija.

Así entonces y volviendo al muchacho alegre Ricardo Anaya, por su salud política le sugiero que calme sus ansias de novillero, que no quiera comerse el mundo a puños, que no escupa hacia arriba, que se deje de triunfalismos ociosos, que no succione y si es posible que nos deje descansar aunque sea un poco de verlo un día sí y al siguiente también en los spots televisivos o radiofónicos. ¿Es mucho pedir?

HASTA LA PROXIMA

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