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Las Revueltas de Silvestre

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Zonas Económicas Especiales

*La Obsesión de los Planeadores con “el Riquísimo Norte”

*El Fenómeno “Muégano” Mexicano: Elevada Concentración

*Para el Éxito, Urge Establecer una Rígida Responsabilidad

POR SILVESTRE VILLEGAS REVUELTAS*

Cuando tenemos en la realidad cotidiana denuncias de que el teleférico poblano costó mucho más de lo presupuestado y es menor en su extensión; cuando tenemos delegados en la Ciudad de México que vuelven hacer banquetas donde su antecesor hizo las mismas modificaciones; cuando tenemos exgobernadores que se sabe cometieron todo tipo de fechorías y no están indiciados; cuando en fin, tenemos una amplísima clase política que todos los días utiliza camionetas tipo Suburban, que son de las más contaminantes por su peso y motores antiguos, haciendo de su actitud prepotente un elemento más para que prolifere la contaminación en todo el país, señor presidente, no hay zonas económicas especiales en México que puedan funcionar.

A pesar de lo anterior, desde los tiempos coloniales pasando por el siglo XIX, los estudiosos de la realidad nacional identificaron zonas privilegiadas y zonas deprimidas comprendidas dentro del territorio nacional; es importante tomar en consideración que ambas porciones territoriales no tuvieron la misma suerte en el transcurso del tiempo, porque han existido zonas geográficas que hoy están totalmente integradas al desarrollo del país pero antes no lo fueron. Y en caso contrario, poblaciones, caminos, puertos, culturas que fueron centrales desde el tiempo de las culturas prehispánicas y en la actualidad están sumidas en el subdesarrollo. Una de ellas sin duda está comprendida en el proyecto del presidente Peña Nieto, esto es, los estados de Oaxaca, Guerrero y la siempre abandonada tierra caliente michoacana. Si uno le pregunta a los geógrafos, demógrafos, ingenieros civiles y de minas entre otros profesionales acerca del nulo desarrollo industrial del estado de Guerrero. La respuesta es que no comprenden su ausencia porque el estado es muy rico en el subsuelo y creo, no lo aseguro, el crimen organizado es quien tiene en sus manos la producción de oro y estaño entre otros metales. El ferrocarril jamás llegó a la costa guerrerense a pesar de que hubo proyectos. Durante el porfiriato se adujeron razones técnicas y de costos, hoy ¿cuál es el pretexto para no construir un tren? que aunado a la modernización del viejo puerto de Acapulco pudiera conducir en poco tiempo de aquellas latitudes productos agrícolas, productos de la minería, automóviles provenientes de Chile y miles de turistas en ambos sentidos. Recordemos que la costa sur del pacífico mexicano, esto es, desde Zihuatanejo hasta Huatulco y el istmo de Tehuantepec, sin tomar en cuenta la insularidad de las costas chiapanecas, fue desde el siglo XVI hasta la segunda mitad del siglo XIX una de las vías con más comercio hacia Centroamérica, Perú y Ecuador amén del cabotaje intramexicano. Pero desde el porfiriato, pasando por el régimen de Salinas de Gortari y en la actualidad, los planeadores del gobierno y en las empresas tienen una obsesión con “el riquísimo Norte”; bien, pero los nichos de oportunidades también se encuentran en países con poca industria y pocos servicios como los que se encuentran al sur del Río Suchiate.

En otra lectura existen en la república mexicana zonas de gran desarrollo industrial, de servicios primermundistas pero hoy se aprecia en tales espacios geográficos un agotamiento por la excesiva concentración: el Bajío pronto va a hacer implosión y una de las causas será la excesiva contaminación. Yo lo he llamado el fenómeno “muégano” mexicano porque en las ciudades, en los puertos y en los pueblos se observa la misma manifestación: una taquería tiene éxito y las autoridades dan los permisos para que en dos o tres cuadras se establezcan muchas taquerías que terminan abarrotando el barrio, haciendo ineficiente el desagüe y empieza a bajarles las ventas e irles mal. Lo anterior y el mismo procedimiento se ha hecho patente en los hoteles del Pacífico y mar Caribe; también se ha observado en los polígonos industriales en Monterrey, La Laguna, etcétera. En fin, señor presidente, para que las zonas económicas especiales tengan éxito se necesita establecer una rígida responsabilidad en todos los niveles de gobierno, y por otro lado fomentar una imaginación responsable en proyectos productivos y de obra pública que genuinamente beneficien a la ciudadanía.

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