Banner




Ud. está aquí
Banner
Banner

Los Dados de Dios

Correo electrónico Imprimir PDF
urna_electoral

El Abstencionismo no Tiene Permiso… Pero Ataca

*El Declive del Voto, Fenómeno en México y Mundial

*Las Apuestas no Están a Favor de la Participación

*Escasas Esperanzas de Incrementar los Porcentajes

POR NIDIA MARIN

El próximo domingo se efectuarán elecciones en varias entidades de la República y al fin concluyen las campañas plenas de descalificaciones y suciedad. Tal vez por ello o porque ya es tradicional en los comicios intermedios no se espera una elevada participación de los electores, lo cual representará siempre una tragedia.

Conforme pasan los años, por lo menos estos últimos años, los porcentajes de participación se reducen. Una muestra interesante al respecto la presenta la casa Buendía y Laredo. Es para que todos reflexionemos, sobre todos quienes tienen participación directa con candidatos o bien aquellos independientes que únicamente buscan los recursos económicos y no representan una auténtica opción de servicio público para nadie. En este caso los ejemplos están a la vista en el norte de la República.

Pues bien, la casa encuestadora muestra por ejemplo que en Quintana Roo, en los procesos electorales de 2005, 2006 y 2012 rebasó el cincuenta por ciento. Sin embargo, el año pasado tan sólo alcanzó 39.9 de porcentaje de participación en las urnas.

Sinaloa está por el estilo. La mayor cifra (más del 50%) de quienes acudieron a depositar su voto se registró en los años 2004, 2006, 2010 y 2012. El año pasado únicamente intervino 38.5%.

Tamaulipas ni se diga. Sólo en dos ocasiones ha rebasado la mitad de los sufragios, en 2004 y en 2012. Y va en caída, porque en 2015 alcanzó 45.1%.

Para Durango no ha sido tampoco lo mejor, pero tampoco lo peor. Llevaba un buen camino en los años 2004, 2006, 2010 y 2012, con votaciones por arriba del 50%, pero hace un año alcanzó tan sólo 41.8%.

Tlaxcala por varios años ha tenido altas votaciones que sobrepasan la mitad. Las hay hasta por arriba del 63.8% (en 2012), pero el año pasado se desplomó hasta 39.4 por ciento.

Zacatecas, entidad que registró alta votación en 2012 hasta de 60.6% en el año pasado cayó hasta 45.5%.

Otro estado con alta participación ha sido Aguascalientes, casi siempre por arriba de la mitad, hasta… el año pasado cuando sólo acudieron a las urnas el 37.2 por ciento de los electores.

Chihuahua en cambio es todo un caso. En once años, sólo una vez (en 2012), registró votaciones por arriba de la mitad (52.95%), pero el 2015 regresó a las andadas y únicamente 32.7% acudió a las urnas.

En cambio en Puebla por lo regular los sufragios son elevados. A excepción de 2009 en las demás sobrepasó por mucho el cincuenta por ciento hasta… sí, le atinó, el año pasado en el cual alcanzó 41.7% de la participación.

Hidalgo también es participativo, pero no tanto como el anterior, aunque su votación no ha descendido a menos del 40 por ciento, inclusive en 2012 alcanzó el record de 65.23%. Sin embargo, el año pasado apenas arañó el 45.4%.

En cambio Oaxaca tres veces elevó su votación muy por encima de la mitad (2004, 2006 y 2012 que la elevó hasta 61.23%), hasta el año pasado que empezó a visitar el sótano: apenas logró 36.4%.

A Veracruz una entidad sumamente politizada y participativa siempre ha sido ejemplo. Cuatro veces en once años rebasó el 50 por ciento. No en el 2015, que se fue a pique con tan sólo 46%.

POR EL LABERINTO DE LA DESCONFIANZA

Hay múltiples explicaciones sobre la ausencia, cada vez más importante, del electorado en las urnas. El fenómeno es mundial, lo cual no significa que no sea preocupante.

En el caso de México siempre se ha dicho que las elecciones intermedias tienen menor participación del electorado, mas hoy el aderezo es el descontento existente e innegable no solamente con los partidos políticos y sus candidatos, sino con las autoridades de varias entidades de la República.

Antes el IFE y ahora el INE señalaban y ratifican que la participación electoral debe ser una preocupación fundamental de los regímenes democráticos. “La competencia justa y libre en elecciones multipartidistas se ha convertido en el aspecto fundamental a observar en los últimos años. México y los países de democratización reciente deben asumir como verdadero que la caída en la participación electoral es un síntoma de decadencia de una sociedad democrática. Así vista, la esencia de la democracia se sostiene en la habilidad de la ciudadanía para seleccionar a sus propios líderes mediante el sufragio”, han dicho. Pero no avanzamos, retrocedemos.

Desde 2004 Agustín Morales Mena, de la UNAM decía:

“Aunque la desconfianza política no es un fenómeno reciente, lo que ha sucedido en las últimas décadas en México, y en diversas democracias occidentales, es que los estudios de opinión han revelado su existencia y sus variaciones. Por esto último, democracias tanto consolidadas como emergentes se preocupan cada vez más por el cómo los gobernados perciben a sus gobernantes. Lo anterior se debe a que los gobiernos emanados democráticamente pueden ser más efectivos si existen condiciones de generalizada confianza de ciudadanos hacia políticos e instituciones, dado que grupos o individuos tienden a cooperar, ya sea en simples situaciones cotidianas, como respetar la ley, pagar impuestos, aportar información a policías sobre delincuentes, votar, interactuar con las autoridades en situaciones especiales que requieran participación, opinión o conocimiento para tomar decisiones, entre muchas otras. Por su parte, cuando existen elevados niveles de desconfianza, ésta puede influir —no necesariamente causar por sí sola— en una medida aún no determinada, desde el simple aumento de apatía por la política, desobediencia del marco legal, obstaculización de políticas públicas, evasión fiscal, hasta el surgimiento de grupos armados”.

Pues en esas andamos.

Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla

Escribir un comentario