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Del ABC Político

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*Con las Manecillas Avanzando y el Tiempo Acortándose

*Inexplicable: la CIDH Está sin Recursos y sin Independencia

*De Aquellos Años de Amor y Sociedad, Nada Quedó en Ortega

POR GERARDO LAVALLE

A.- Tic, tac, tic, tac

Avanzan las manecillas.

Cambian las horas.

Acortan los tiempos.

Y a cinco días de las elecciones estatales en 14 entidades y a dos para que inicie el “periodo de reflexión”, los candidatos a los cargos de elección popular han mostrado de qué están hechos: de cinismo, mentira, oportunismo.

Este domingo sabremos si el PRI pierde o retiene estados emblemáticos para su causa: Veracruz, Durango, Tamaulipas, Quintana Roo e Hidalgo.

Y si lo que fue alianza de izquierdas con la derecha y terminó pintado de azul: Puebla, Sinaloa y Oaxaca, conservan el espacio o se mudan de color.

Los otros cuatro en juego y gobernados por el PRI, pero que ya conocieron la alternancia: Tlaxcala, Aguascalientes, Zacatecas y Chihuahua, tienen interrogación. En el primero, porque los tres candidatos punteros, dos mujeres, tienen con qué dar la batalla. El segundo, porque la lucha es PRI vs. PAN. En el tercero, la oposición representada por Morena y por el PRD, con poca presencia del PAN, podría dar la sorpresa. En el cuarto, parecería, solamente parecería, que solo hay un candidato con visos de triunfo.

Los emblemáticos, que nunca han dejado de ser gobernados por militantes del PRI, tienen problemas en cuatro. Exceptuando Hidalgo, en donde todo indicaría que el tricolor conservará su estatus, los otros son de preocupación.

En Tamaulipas, en el cual la verborrea ha superado a la propuesta, se ha exhibido que los candidatos punteros tienen poca aceptación del respetable o bien en algún momento o muchos momentos mantuvieron nexos con el crimen organizado. Hasta el momento ninguna de las especies vertidas ha sido comprobada por nadie.

Sin embargo, en el panel de las apuestas hay casi empate técnico. No sabemos si por las descalificaciones mutuas o por la carencia de oferta política.

Tamaulipas puede ser otra de las entidades que se deslave y deje de ser tricolor. Salvo… salvo que el aparato político-electoral del PRI se aceite de último minuto y saque ventaja en el cierre de la carrera.

Durango registra por segunda elección consecutiva un diferencial entre preferencias de los ciudadanos a los candidatos, muy cerrada. Se habla de una carrera parejera que se definirá con final de fotografía.

Sin embargo, según analistas locales, al abanderado de la oposición no le alcanzarán los votos y se quedará, como en la elección de 2010: a una nariz de ganar. Todo es posible y en política electoral no hay nada escrito.

Quintana Roo es otro Estado que no ha conocido otros colores que no sean los de la Bandera de México. Hoy enfrenta oposición, probablemente más fuerte que la ofrecida por Gregorio “Greg” Sánchez Martínez hace seis años. No obstante la presencia opositora, que ha pedido la presidencia del INE, del Ejército y la Marina, todavía aletea el tricolor.

Y Veracruz, “ay mi Veracruz”, entonaría el jarocho de oro, Agustín Lara, con todo y sus “palmeras borrachas de sol”, es el centro de atención electoral.

Hoy se enfrentan las familias. Algo similar a Kramer contra Kramer. Ahora es Yunes vs. Yunes. Y en su lucha personal, partidista y por el poder que ejercerían durante dos cortos años, han descuidado a los otros participantes que, en un momento de definición y decisión de los electores, podrían dar la sorpresa.

Veracruz, la joya de la corona en estas elecciones, muestra más oscuros que claros. La escala de grises se ennegrece por la actuación del gobernador Javier Duarte de Ochoa a quienes todos señalan como el autor del aprieto en el que se encuentra el PRI y su dirigencia nacional.

Perder Veracruz sería uno de los más severos golpes para el PRI, apenas comparable con el recibido en 1997 en el viejo Distrito Federal. Solamente sería superado por una derrota en el Estado de México el próximo año.

Del otro lado de la moneda, Puebla reviste vital importancia para el gobernador Rafael Moreno Valle. Si los momios no le favorecen a su delfín, Antonio “Tony” Gali, su proyecto rumbo a 2018 podría terminar en el cesto de la basura. Nadie ignora la ambición del mandatario y la forma en que apoya la campaña del alcalde de Puebla, capital, con licencia.

El resto de las contiendas pierden sabor, sal y pimienta frente a las anteriores, aunque Tlaxcala llama la atención por la fuerza que han demostrado las mujeres que quieren sentarse en la silla de gobernador.

Por fortuna, la semana entrante podremos escribir de otros temas.

B.- A nadie le pasaría por la mente que un organismo de la Organización de los Estados Americanos (OEA) viviera de los contratos que celebra con los países del continente y que ante la inminencia de cumplir los que firmaron hace meses, se declare sin recursos por lo cual despidió al 40 por ciento de su personal.

Sí, a mí me sorprendió enterarme de que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) diera a conocer que no tiene ya recursos para mantener a todo su personal, por lo que se ve obligada a despedir al 40 por ciento. De acuerdo con la información oficial del organismo, los contratos que tiene celebrados –no reveló con qué países- se vencen en julio. Dentro de un mes.

Ahora entiendo la necedad de los “expertos independientes” de quedarse en México “otros seis meses” para finiquitar, aclarar, servir a la sociedad por el caso Ayotzinapa.

Cómo no.

Al gobierno mexicano le cobraron dos millones de dólares, que seguramente sirvieron para “cubrir salarios” del personal de la CIDH. ¿Cómo puede un organismo así quedarse sin recursos para seguir operando?

No es mala leche, pero desde que el mexicano Emilio Álvarez Icaza fue contratado como secretario general de la CIDH –un privilegio, sin duda- el organismo comenzó con déficits de todo tipo.

En fin, con el esquema que muestra la CIDH necesariamente se tiene que poner en tela de juicio la “independencia de los expertos”. ¿O no?

C.- Del amor al odio… solamente hay unos puestos políticos.

¿Por qué se lo digo? Porque hace 10 años, allá en 2005-2006, Jesús Ortega fue el coordinador general de la campaña de Andrés Manuel López Obrador. Era su mano derecha. Era el que le hablaba al oído (o eso suponíamos todos). Era el que ordenaba cómo hacer los mítines, las reuniones, las cumbres.

Había amor y del político, no del otro.

El paso del tiempo los separó. Los divorció de manera abrupta y dejando una estela de odio que hoy se confirma.

Que Jesús Ortega acuda a la FEPADE y presente dos denuncias en contra de su exjefe, exsocio, examigo y contra el partido propiedad de Andrés Manuel López, está para el diván del psiquiatra.

Es, empero, verdad. Lo acusa de utilizar el Padrón Electoral para enviar cartas personalizadas, lo que demuestra su anticipada campaña hacia el 2018.

Del amor al odio… solamente hay unos puestos políticos.

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