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Lascas Económicas

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Una Carrerita Mediática por la Colonia del Valle y Otros Encuentros

*Luisache, de Esas Personalidades que Ilustran e Impactan

*El País Sigue en Crisis, Sólo que más Herido y Resentido

POR LUIS EMIGDIO CONTRERAS

¿Qué recordamos de Luis H. Álvarez? La etapa que nos tocó. Hablamos de principios de los ochenta del siglo pasado; del inicio del sexenio delamadridista, de la animadversión generalizada de la sociedad por la madrina que nos impuso Jolopo, el can mayor, el que no pudo, supo ni quiso defender al peso como perro, pero que si nos metió en el berenjenal económico, político y social más horrendo, sólo equiparable –aunque más mediático, vale añadir- con el caso del salinato.

Seguimos. Luisache, como le decían sus pares empresarios que no necesariamente políticos ni mucho menos panistas, encabezaba los destinos de la Cámara Textil del Norte, que agrupaba a los textileros norteños del país, y que perfilaban pingües negocios en asociación con las entonces incipientes maquiladoras asiáticas y/o estadounidenses, que se colocaban en la frontera norte aprovechando mano de obra y servicios, virtualmente regalados

Y, para ubicarnos, los mexicanos no salíamos de la terrible crisis originada por José López Portillo, y que Miguel de la Madrid y sus pseudo colaboradores no sabían ni por dónde agarrarla por incapacidad manifiesta que se tradujo entonces –y vaya que tenemos memoria- en inflaciones superiores a los 100 puntos, moneda desecha, tasas de interés espaciales, deudas exorbitantes de la clase media y baja, así como un dramático desempleo que hizo, como sabemos, que la migración se disparara al mil por ciento, en aquellos tiempos.

El buen amigo y doctor Jacobo Zaidenweber, otrora presidente de la Confederación de Cámaras Industriales, CONCAMIN, nos presentó al ahora finado empresario metido a político, en un congreso de la Cámara Nacional de la Industria Textil que, si la memoria no nos falla, fue en un sitio turístico de playa en el Pacífico que todo mundo conoce como Ixtapa.

Ya entonces era sexagenario Luisache. En ese congreso sostuvo en mangas de camisa varias reuniones privadas en donde, desde luego, sus colegas le refrendaron su apoyo todo el tiempo (no soslayemos que parte de la crisis mencionada y de los horrores y estupideces oficiales fueron capitalizados por la oposición de derecha, pues la izquierda ni pintaba siquiera) y juntos anticiparon tiempos más cruentos en términos sociales y financieros.

Recordemos, solo para documentar nuestro pesimismo, que entonces De la Madrid había prometido a los mexicanos la creación de al menos 800 mil empleos para enfrentar la severa problemática, la mitad de los cuales serían generados –ni más ni menos- que por el sector empresarial. No hubo tal. No hubo nada, consignan los anales de la historia no tan antigua como pareciera.

En corto, en aquella memorable comida con reporteros, Luisache platicó parte de sus experiencias panistas –otro PAN y otros militantes y dirigentes-, los yerros oficiales, las tristes expectativas (muchas de las cuales por desgracia se hicieron realidad), la brecha que se iba cerrando entre el priísmo monolítico y resquebrajándose, de un lado, y del otro el panismo creciente con cuadros “que nos envidiarán toda la vida”, se ufanaba.

Llamó la atención el señalamiento de que él no iba a cejar hasta conseguir que un panista llegara a Los Pinos –lo que ocurriría 16 años después, vale agregar- y que la democracia se instaurara en México, cosa que de una u otra manera también tuvo razón, aunque con los asegunes que usted le ponga. Álvarez planteó que la Historia de México, con mayúscula, no podía ser escrita siempre por los vencidos y que el futuro, nos decía a los jóvenes de entonces, tendría que ser cincelado con trabajo, sangre, sudor y lágrimas, por los millones que carecían de voz, pero eran mucho más dignos que la aplanadora tricolor, avejentada y corrupta. ¿Dónde hemos oído eso, desde entonces?

Le preguntamos al político blanquiazul si estaba entre sus ideas tratar de canalizar nuevamente los esfuerzos del PAN para ir en pos de la Presidencia –ya la había buscado con antelación- y, acicalándose los lentes, el sudor perlando su nariz larga, su sonrisa delgada, nos espetó que no, que había nuevos líderes naturales y con estudios suficientes en su partido, pero que no dudáramos que él estaría detrás de ellos para que no se perdieran en el camino –“hay tantos sonsacadores”-, no cambiaran la ahora añeja ideología del “bien común” muy de la IP y los panistas; y además, “para cuidarlos, ya ven que hay muchos malos que nos quieren hacer daño”. Años después moría Manuel Clouthier en circunstancias nada claras, a la fecha, por decirles algo.

La vida, la amorosa vida prosiguió inexorable. A lo largo de esta carrera periodística nos encontramos varias veces y por muchos años con Luisache tras ese primer encuentro y, siempre afable, nos saludaba y evadía, en ese orden, salvo la pequeña charla que tuvimos hace un par de años cuando acompañaba, ni más ni menos que a Ernesto Cordero, a su fallido cierre de campaña en pos de la presidencia de Acción Nacional, tras una suerte de carrerita mediática por las calles de la Colonia del Valle.

En aquél sábado del 2014, Luis H. Álvarez –agobiado por los años y los sinsabores- deslizó que solo abonaría por la unión real y efectiva de su partido, el PAN, y pedía a los contendientes reglas parejas y limpias, cosa que desde luego no le hicieron caso. Junto a su fiel esposa Blanquita, se apoyó en el hombro del reportero y acercando el rostro reflexionó en medio del papel picado blanquiazul que caía a montones: “ya no creo que el partido tenga cura, pero no me cite”.

Ese era, y es, el Luisache que conocimos. En paz descanse.

Estas Lascas Económicas no pueden decir que están de luto, pero si reflexionan con otras piedras filosofales lo que en el camino sigue más que para partidos o elecciones, para esto que llamamos país y que sigue tan en crisis como entonces, solo que más herido y resentido. Y le esperan con la calma que antecede a la tormenta, ya ven que la semana entrante es de comicios, para reunirnos en este espacio. Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla

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