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Las Revueltas de Silvestre

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El Circo de las Campañas Políticas

*Hartazgo de los Electores Contra el Establishment Partidista

*Un Fenómeno que se Presenta en Varias Partes del Mundo

*Trump y Sanders, Precandidatos Provenientes de la Saciedad

*Dilma Rousseff, un Típico Ejemplo del Principio de Peter

POR SILVESTRE VILLEGAS REVUELTAS*

El día de hoy cuando se escriben las presentes líneas Trump y Sanders han ganado las primarias en Oregón; el primero se perfila ya como el muy probable candidato del Partido Republicano y respecto al senador de Vermont, a pesar de lo que digan los especialistas y algunos amigos míos, yo creo que Sanders en la boleta demócrata sí le podría ganar a Donaldo, el millonario de Nueva York. Los teóricos del sistema electoral estadounidense, sobre todo si vienen de escuelas europeas, han criticado lo verdaderamente rebuscado que se han dado para sus múltiples elecciones los hijos de Washington. Debemos recordar que en los procesos electorales federales, estatales y condales, los estadounidenses también votan por las autoridades de los circuitos escolares, por los miembros de las cortes, por los individuos a ocupar la posición de Sheriff amén de propuestas legislativas, de mejoras sociales o de obras de infraestructura que afectan a una determinada comunidad. Es una realidad que en muchas elecciones presidenciales en los EEUU la opinión pública mundial ha preferido a los candidatos que finalmente perdieron como Albert Gore frente a Walker Bush; mexicanos, franceses, alemanes y japoneses se han mostrado mucho más liberales y progresistas que la mayoría del pueblo estadounidense que vive en Alabama, Idaho, Kansas o Iowa porque la Unión Americana no comulga necesariamente con lo que sienten los ciudadanos en San Francisco, California; Cambridge, Massachusetts o el condado de Miami-Dade. Hasta el día de hoy Trump y Sanders son precandidatos que resultan del hartazgo que sienten los electores contra el establishment partidista y la inmovilidad que ellos perciben en las autoridades en la ciudad de Washington, igual que en los miembros del Legislativo y en las oficinas de la presidencia.

Miles de kilómetros al sur en Brasil, el vicepresidente de la república Michel Tener de origen libanés, el poder legislativo en sus dos cámaras y un sector muy importante de la clase política brasileña están materializando un proceso para mandar a su casa a la presidente Rousseff que ha demostrado sus límites, típico ejemplo del Principio de Peter que subraya que en algún momento, cuando vamos subiendo de puestos y responsabilidades llegamos a un nivel donde mostramos nuestra incapacidad para hacer bien las cosas. Para algunos analistas los motivos de la destitución de Dilma son insuficientes; en México tales acciones, tales montos, tales complicidades, en fin tales corruptelas brasileñas son de risa comparado con lo que sucede en nuestra desventurada república. Sea o no un golpe del Legislativo los brasileños ya han hecho y están haciendo lo que los guatemaltecos, peruanos, panameños han realizado con sus figuras presidenciales: enjuiciarlos por actos de corrupción. Aquí la opinión pública y la contraloría de la federación señala a gobernadores, munícipes; sabemos de líderes sindicales, directores generales, partidos políticos y un larguísimo etcétera pero no pasa nada. Quizá un paralelismo, al brasileño Partido de los Trabajadores le pasó lo mismo que al PRD y PAN cuando ambos pasaron de la oposición a ser gobierno: se infectaron “graciosamente” de las formas de hacer política en nuestro subcontinente.

Finalmente lo que sucede en España. El PP de Mariano Rajoy es la institución política española que más casos de corrupción tiene en los tribunales ibéricos pero el primer ministro ni condena ni renuncia como lo harían sus contrapartes danesas o de Noruega; existe un caricaturista de un diario español que siempre lo retrata en un diván de psicoanálisis fumando su puro y en actitud de aquí no pasa nada. Por el otro lado al PSOE lo boicotearon para que no pudiera formar un gobierno y la chiquillada de Podemos, Ciudadanos y una larguísima cola de minipartidos, típica enfermedad de los actuales sistemas electorales a nivel mundial, se han negado a casi todo demostrando lo que un historiador de aquellas tierras subrayaba en el sentido de que en mundo español e hispanoamericano, lo excepcional son pequeños periodos de estabilidad y progreso económico mientras que la norma histórica es sobrellevar el caos político, la dictadura y la ya largamente mencionada corrupción.

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