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Los Dados de Dios

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México Debe Poner sus Barbas a Remojar Después del Terremoto en Ecuador

*Allá Fueron las Placas Oceánica Nazca y Continental Sudamericana

*Acá Serían las de Siempre: La de Cocos y la de de Norteamérica

* Riesgo en dos Corredores, de la Colonia Condesa Hasta Texcoco

*El Otro Parte Desde la Villa de Guadalupe Hasta Xochimilco: Lomnitz

POR NIDIA MARIN

Cinna Lomnitz el gran ingeniero nacido en Alemania, con nacionalidad chilena y mexicana no se ha cansado de advertir sobre el gran terremoto que habrá en la Ciudad de México. No se trata desde luego de ser alarmistas, pero sí de poner nuestras barbas a remojar con motivo del terrible sismo que se ensañó con Ecuador la semana pasada.

En la Serie Ciencia de boleto, fascículo 2, editado por la UNAM, el Gobierno capitalino, la Dirección General de Divulgación de la Ciencia y la Coordinación de la Investigación Científica (ambas de de la máxima casa de estudios) desde 2005 se ha informado a los ciudadanos sobre los planteamientos del geofísico.

Ha dicho apoyado en un mapa de las zonas con mayor peligro sísmico, que los edificios tienen mayor riesgo de caer si están en la llamada zona tres, asentada sobre el antiguo lago, y que va desde la colonia Condesa hasta Texcoco, y de la Villa de Guadalupe a Xochimilco.

En esa pequeña obra recuerda:

“La Norma Sísmica del Distrito Federal se originó después del sismo del Ángel de 1957. Siempre se ha sabido que las casas se caen en la zona donde el subsuelo es fangoso, donde antes estaba el lago. Por eso el D.F. se clasificó en tres zonas: Zona I, que es la zona de lomas donde no alcanza a llegar el lago; Zona II que es una franja intermedia con un terreno un poco más firme (por ejemplo, los Viveros de Coyoacán), y Zona III que es propiamente la zona del lago. Cada zona tiene su propio reglamento, de modo que para construir en la Zona III se necesita un tipo de construcción mucho más firme y más fuerte que para la Zona I. Cada vez que sobreviene un temblor destructivo se mejoran las normas o se van poniendo al día, de modo que no es fácil decir cómo vamos; el último cambio grande se hizo en 1987, pero se introducen cambios menores con mucha frecuencia”.

Otro de los planteamientos de Lomnitz es que una construcción que esté ubicada en los corredores desde la colonia Condesa hasta Texcoco, y de la Villa de Guadalupe a Xochimilco, “oscilará cinco veces más durante un sismo que otra ubicada en Las Lomas”, misma que corresponde a la zona uno.

También precisa que un sismo “es el enemigo que golpea cuando se está desprevenido”. Lo explica: si bien las sacudidas no son predecibles, los grupos humanos pueden encontrar formas de construir edificios más resistentes que logren soportar las ondas sísmicas.

Es cierto y el propio ingeniero lo señala al mencionar que después del sismo de 1985, se identificó que en la zona tres se da el fenómeno de una onda sísmica superficial, capaz de durar más de dos minutos, porque reacciona con suelos blandos que abundan ahí (el antiguo lago).

¿Y POR QUÉ TIEMBLA?

“¿Qué ocurre bajo tierra para causar los temblores? Podemos acercarnos a la respuesta analizando los lugares donde se originan, empezando por los grandes sectores de la corteza terrestre, kilómetros bajo la superficie, que los geólogos llaman placas terrestres. Toda la superficie de la Tierra se divide en placas, como trozos de un pastel. Todas las placas se mueven, y a veces se separan y otras veces se juntan hasta chocar entre sí”.

(Por cierto en el caso de Ecuador chocaron la Placa Oceánica Nazca y Continental Sudamericana) y ya están viendo los resultados.

Agrega el doctor Lomnitz: “Un temblor es, entonces, una fractura, un deslizamiento repentino de las rocas profundas en la Tierra. ¿A causa de qué? El 90% de los sismos en la República Mexicana ocurren frente a las costas del Pacífico, lugar donde se juntan las placas llamadas de Cocos y de Norteamérica, que se mueven una contra la otra a razón de 6 cm por año. Esa velocidad no parecerá muy grande, pero en 20 años puede acumularse energía suficiente para desplazarlas hasta 1.20 m. Es lo que se necesita para producir un sismo de magnitud 7. Entonces, las placas se atoran y la energía que causa el movimiento puede acumularse. “Afortunadamente es posible estudiar los registros (llamados sismogramas) de las ondas sísmicas con unos aparatos llamados sismómetros. Las ondas sísmicas viajan desde el foco del temblor, por el interior de la Tierra, hasta llegar al sismómetro. Los sismólogos, profesionistas que analizan los sismogramas para calcular el epicentro del temblor, de paso estudian las capas de la corteza terrestre que atravesaron las ondas. De esta manera la ciencia ha logrado conocer la estructura de la corteza terrestre en gran parte de nuestro país”.

Nos queda de consuelo que Cinna Lomnitz apunta que “Los sismos grandes ocurren muy raramente. La Ciudad de México ha sufrido sismos en toda su historia, pero un sismo destructivo como el de 1985 ocurre solamente dos o tres veces en cada siglo. ¿Cuándo, exactamente? Eso sí que no lo sabemos”.

Sin embargo dice…

“¿Amortiguar los edificios? Sí, es una buena idea. Un automóvil de cualquier marca suele tener un amortiguamiento de 23% y eso le permite pasar sobre baches y topes sin hacerse pedazos. Los edificios, en cambio, tienen un amortiguamiento de menos de 5% del crítico. Por eso se cimbran y se mueven tanto en los sismos. Si un automóvil puede construirse a prueba de vibraciones, ¿por qué no un edificio? Ésa es nuestra meta. El sismo es un enemigo serio, hasta traicionero, pero puede ser vencido”.

Y le creemos.

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