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Los Arrecifes de Coral de Quintana Roo y el Dolor de Cabeza: el Sargazo

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Por Susana Vega López, Enviada

MAHAHUAL, Q. Roo.- Aquí, en el municipio de Othón Blanco al que pertenece Mahahual, un pueblo de pescadores, se encuentra atún, barracuda, marlin azul y blanco, peto, sierra, pez espada y vela, pero definitivamente lo que más asombra es su barrera de arrecifes de coral, la segunda más grande del mundo –la primera está en Australia- que se admira en el mar Caribe donde el visitante puede sumergirse y practicar esnórquel.

 

La experiencia fue maravillosa. El azul del mar invita a mojarse, a sumergirse y sentir la tibieza del agua para, con el equipo colocado (visor o goggles, tubo para respirar y aletas), admirar el mundo marino, los bancos de peces, la flora, las tortugas y el ¡sargazo!

El sargazo es una especie de alga que ha invadido la zona y que comienza a ser un verdadero dolor de cabeza para los turistas, habitantes y funcionarios públicos que no lo han sabido aprovechar ya que se le atribuyen propiedades cosméticas.

Y es que al ir flotando el sargazo constantemente llega al encuentro del nadador. La sensación es de caricias de yerbas; el color es café tirándole a marrón y en el mar el olor no es desagradable pero cuando llega a la playa y el sol comienza a secarlo, despide un olor fétido, insoportable.

Terrible es que la blanca arena no se puede pisar porque lo impide la mancha de sargazo que invade la playa. Diariamente, brigadas de trabajadores limpian las arenas, pero es tanto el producto que se ven rebasados.

En algunos predios se colocaron letreros donde se lee: “Prohibido tirar basura y sargazo”; pero el clima del lugar, el mar color turquesa, el cielo azul, la larga avenida frente a la playa donde se encuentran hoteles, hostales, restaurantes, tiendas, venta de artesanías y gente amable hacen que la visita sea placentera.

Al caminar por este andador, se observan bancas que fueron decoradas con diferentes motivos: peces, flores, animales, rostros de personas como el de Frida Kahlo, que llaman la atención y obligan a tomarse la foto del recuerdo. Letreros que arrancan la risa: “Barmacia, se curan crudas”. Palapas que invitan a refugiarse del sol. Perros acostados que no se inmutan con el paso de la gente.

La comida, de lo más deliciosa, fresca, basada en mariscos, langostas y pescados preparados de diversas maneras por cocineras tradicionales y chefs especializados.

Queda el recuerdo del huracán Dean que, en agosto de 2007, azotó y terminó con casi 80 por ciento de la zona. Sin embargo, ahora se muestra orgullosa, altiva por sus bellezas, aunque ensombrecidas por lo que podría llamarse su enemigo, el sargazo, que bien pudiera ser su aliado si se sabe explotar.

Cabe señalar que, el mismo es hábitat de innumerables peces y fauna marina que complican los esfuerzos para sacarlo si se piensa utilizar maquinaria porque se corre el riesgo de terminar con ciertas especies.

Algunos restaurantes aprovechan los productos marinos para convertirlos en parte de la decoración y objetos de utilidad, como un lavamanos donde el agua sale de grandes caracoles apilados para caer en un recipiente con incrustaciones de conchas de mar, o aquél otro caracol colocado a manera de regadera para que las personas se refresquen o enjuaguen del agua salada.

El gran pez espada multicolor sobresale atrás de grandes letras que forman la palabra Mahahual que se encuentra a unos metros del faro donde propios y extraños se toman las selfies que les recordarán que este hermoso poblado tiene, dicen, la playa pública más grande del estado.

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