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En la Laguna “Donde Nace el Cielo” y el Azul

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Por Susana Vega López, Enviada

BACALAR, Q. Roo.- La laguna de los siete colores que acaricia el viento, invita a entrar en sus aguas tibias que te envuelven, que te miman, y hacen que olvides cualquier situación. Te centras, te concentras, en simplemente vivir, sentir. Siyan Ka’an Bakjalal es el vocablo maya que significa “lugar donde nace el cielo cercado o rodeado de carrizos” y le dio el nombre a lo que ahora se le conoce, sencillamente, como Bacalar.

 

Los colores de la laguna se deben a que esconde en sus entrañas tres cenotes que pintan el paisaje. El azul profundo, el más oscuro, lo provoca el cenote más grande; el azul marino, un cenote mediano y menos hondo; el azul cielo es pintado por el cenote más chico. Los azules turquesa, zafiro, Prusia y azul purpúreo se exhiben provocados por la flora que abrazan.

Aquí se encuentran dos balnearios: uno ejidal y otro municipal. Además, hay unas cooperativas que te llevan a recorrer la laguna en lanchas y te esperan para que te des un chapuzón.

En esta laguna se puede caminar por algunas zonas donde el agua es tibia y cristalina, la blanca arena es muy fina y la profundidad es de apenas medio metro. Los turistas se admiran de esa belleza natural y, aconsejados por los oriundos, aprovechan para untarse fango azufrado no sólo en la cara sino en todo el cuerpo ya que se le atribuyen propiedades cosméticas.

La laguna, que se ubica como la segunda más grande de México (la primera es Chapala), mide 42 kilómetros de largo y cuatro kilómetros en su punto más ancho. Está rodeada de exuberante vegetación en la que no faltan palmeras con sus frutos que se aprovechan para preparar bebidas de coco, dulces, postres y comida en general que le dan un toque delicioso.

En febrero de 2011 Bacalar fue declarado municipio y ya es parte de uno de los once que conforman el estado de Quinta Roo, entre los que se encuentran: Tulum, Cozumel, Isla Mujeres, Puerto Morelos, Felipe Carrillo Puerto, y Benito Juárez, donde está Cancún, por citar algunos de los más visitados.

Los primeros habitantes de Bacalar construyeron un fuerte para defenderse de los piratas ingleses, franceses y holandeses que surcaban esos mares verdes y azules del Caribe. En cierta ocasión, un corsario se llevó a todas las mujeres pero los alcanzó, en pleno mar, un hombre que las trajo de vuelta, platica el guía certificado Carlos Antonio Cruz Hernández.

Contratado por la secretaría de turismo del estado en el marco del VII Foro Nacional de Turismo y Cultura Kultur 2018, refiere que finalmente los piratas regresaron sólo para matar al osado individuo y nunca más volvieron a este paraíso en donde se construyó este fuerte que, tras ser terminado, paradójicamente nunca volvió a ser atacado por los delincuentes del mar.

Ahora, el Fuerte de San Felipe es un museo en el que se exhiben pinturas, cartografías, réplicas de barcos, vestigios de pistolas y rifles que podían volverse una bomba o granada y explotar al momento por no saber la cantidad de pólvora a verter, explica con gran entusiasmo el joven guía y muestra un par de esqueletos en el suelo que fueron encontrados.

A la entrada se aprecia el árbol palo de tinte, madera que se exportó por mucho tiempo, y en las paredes de El Fuerte se asoman grandes iguanas que parecen posar para la foto.

Bacalar es un Pueblo Mágico que, orgulloso, ofrece el sitio ideal para descansar, para meditar, para reflexionar, para la contemplación, para comer y pasarla bien pues, además, la gastronomía es sorprendente con sus panuchos, papadzules, cochinita pibil, salbutes, carne de pollo con achiote, y sus pescados adobados.

En el centro de la ciudad, un habitante de Bacalar, conocido como Cocoman, vende agua, congeladas y leche de coco para mitigar el calor y refrescar a la gente.

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