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Los Periodistas Asesinados Merecen Justicia

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*¿El Nuevo Gobierno Asumirá esa Obligación?

*12 los Homicidios en 2018, Hasta Octubre 24

*Suman más de Medio Centenar en el Sexenio

*Deseable, Cesen Epítetos Contra la Prensa

Por Nidia Marín

No se recuerda mucho a los periodistas asesinados el día 2 de noviembre, por ser la fecha en que se celebra el Día de Muertos en México. ¡Qué ironía!

Sin embargo, es el Día Internacional para Poner Fin a la Impunidad de los Crímenes Contra Periodistas. En nuestro país, prácticamente no hay diario de circulación nacional al que no le hayan asesinado un periodista, corresponsal o fotógrafo. Tampoco se salvan las cadenas de televisión y se puede afirmar sin equivocarse que un buen número de estaciones de radio han padecido los asesinatos de sus reporteros, conductores y comentaristas.

No es de gratis, pues, que Siria y México estén considerados por Reporteros sin Fronteras, como los países más mortíferos para los periodistas. Tan sólo en 2018, hasta octubre 24, sumaban 12 los periodistas muertos violentamente.

Las entidades que registraron más de un homicidio en este año fueron: Ciudad de México, dos, José Gerardo Martínez Arriaga, de El Universal y Luís Pérez García, de la Encuesta de Hoy; Quintana Roo, dos, Rubén Pat, del Semanario Playa New y Javier Enrique Rodríguez, del Canal 10; Tamaulipas, dos, Carlos Domínguez Rodríguez, independiente y Héctor González Antonio, Excelsior, Grupo Imagen; Chiapas, dos, Mario Gómez, El Heraldo de Chiapas y Sergio Martínez González, Enfoque de Chiapas.

También fueron asesinados uno en Tabasco, Juan Carlos Huerta Gutiérrez, de Panorama sin Reservas; Alicia Díaz González, Nuevo León, de Reforma y El Financiero y Gabriel Soriano, en Acapulco, locutor en Radio y Televisión de Guerrero.

Se calcula que en el sexenio que está por concluir fueron asesinados más de medio centenar, además de varios desaparecidos.

Reporteros sin Fronteras en su último informe advirtió: “La mayoría de estos crímenes permanecen impunes en México. La impunidad se explica por la corrupción generalizada que reina en el país, patente sobre todo a escala local, ámbito en el que los miembros del gobierno a veces están coludidos con los cárteles”.

Sobre el terrible flagelo en la materia que azota a México la Comisión Nacional de los Derechos Humanos ha advertido:

“Los agravios a los periodistas son atentados, también, contra la circulación de informaciones e ideas y, de esa manera, contra la democracia. La sociedad mexicana no se ha hecho cargo, de manera suficiente, de las implicaciones de tales afrentas. Los acosos a periodistas, y desde luego las agresiones físicas que llegan al asesinato y la desaparición, alcanzan una enorme gravedad sobre todo porque se han vuelto frecuentes, porque cada vez se extienden a más zonas del país y porque, por lo general, quedan impunes.

“La Comisión Nacional de los Derechos Humanos ha formulado cuatro Recomendaciones Generales acerca de las agresiones a periodistas y la libertad de expresión. En este libro se analizan esas Recomendaciones para aquilatar la presencia pública y las respuestas que han tenido. Sin menoscabo del valor específico que tienen tales Recomendaciones —incluso estableciendo, como punto de partida, que se trata de documentos sustanciales en la defensa y la discusión de los derechos humanos de los periodistas— tenemos la certeza de que si no son suficientemente conocidas, si no forman parte destacada en el debate público sobre esos temas y si no son puente para una interlocución expedita con sus destinatarios, el esfuerzo intelectual e institucional que se invierte en ellas no tendrá todo el provecho que requieren”.

Después de un extenso trabajo realizado por la CNDH señala:

“La dispersión en los esfuerzos del Estado mexicano para contener las agresiones a periodistas es tal que no existe una estadística completa, actualizada y única de los informadores que son víctimas de agravios. Además de la CNDH, como es sabido, hay instituciones del Estado que contabilizan agravios contra periodistas”.

Es deseable que, con el ingreso del nuevo gobierno, además de que cesen los epítetos contra la presa porque contribuyen a dar un espaldarazo a los asesinos, se reflexione en la necesidad de profundizar en los trabajos para que haya justicia para los periodistas mexicanos.

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