Banner




Ud. está aquí
Banner

Mayor Confianza en la fe y en la Magia que en la Ciencia

Correo electrónico Imprimir PDF
los_indestructibles

*Sucede en Pleno Siglo XXI en la República Mexicana

*Grave, que Consideren “Peligrosos” a los Científicos

*Estos Atavismos, Continúan Como el pan de Cada día

Por Nidia Marín

Ha sido un círculo vicioso difícil de romper. Todavía no permea entre la sociedad y sobre todo entre los políticos la gran verdad que prevalece en el mundo: el desarrollo económico y social del siglo XXI está inexorablemente vinculado a la ciencia y sus avances.

 

Si bien en estos últimos años efectivamente se incrementó el presupuesto (aunque no lo suficiente, además de que en 2017 disminuyó) y se han desarrollado programas para impulsar a los jóvenes, aún estamos en pañales comparados con los países desarrollados.

No debemos sorprendernos, aunque sí molestarnos, ya que pasan los años y a los gobernantes no les entra en el cerebro los beneficios consecuentes de una inversión importante en ciencia y tecnología.

Hace cinco años Maximino Aldana, profesor investigador de la UNAM y de la Universidad de Harvard, en un texto preguntaba “¿Qué le Hace Falta a la Ciencia en México?”. Básicamente consideraba dos problemas: la falta de inversión y la inexistencia de una cultura científica. Esto, todo indica, no se ha modificado en mayor medida.

Precisaba, además:

“En el año 2009, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT) y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) llevaron a cabo una encuesta para determinar cuál es la percepción pública de la ciencia y la tecnología en México. Entre los resultados que más me llamaron la atención destacan:

“- 86,3% de los encuestados confía mucho más en la fe y en la magia que en la ciencia para resolver sus problemas;

“- 57,5% considera que los científicos pueden ser “peligrosos” debido a sus conocimientos;

“- 50% estima que la ciencia y la tecnología generan una manera de vivir artificial y deshumanizada”.

El autor añade:

“Esto refleja, entre otras cosas, que en México la mayoría de la gente no sabe qué es la ciencia ni su utilidad, y mucho menos cree que es una actividad fundamental para el desarrollo del país. Desafortunadamente, la no valoración de la ciencia como un eje central de desarrollo se extiende de manera amplia a la clase política mexicana. Por ejemplo, en los últimos cuatro años el presidente de la nación no se ha presentado a entregar el Premio Nacional de Ciencias. Por ello, este último año, el director de la Academia Mexicana de Ciencias decidió llevar a cabo la ceremonia aun en ausencia del mandatario”.

Ni como decir era mentira. Efectivamente, en aquel tiempo, el entonces mandatario de México Felipe Calderón, más ocupado en las armas de guerra convencionales que en las armas de paz de la ciencia, no se dignó entregar los premios que, desde el ángulo que sea vea no sólo son un impulso a los científicos consumados, sino para los jóvenes.

Estos premios habían sido establecidos en 1945 (junto a los de Lingüística y Literatura, Bellas Artes, Historia, Ciencias Sociales y Filosofía, Ciencias Físico Matemáticas y Naturales, Tecnología y Diseño y Artes y Tradiciones Populares) por el presidente Manuel Ávila Camacho. Este año se cumplen 72 años de haber sido instituidos y aunque en los 12 sexenios transcurridos desde entonces las entregas en los diversos campos no han sido regulares, es momento de que por lo menos el de ciencia sea otorgado como se debe: con la explicación correspondiente de lo que significa el logro científico.

Maximino Aldana en su texto precisaba:

“Los científicos mexicanos nos enfrentamos a la problemática de hacer ciencia casi sin recursos. Una de las consecuencias directas de ello es volvernos dependientes de las colaboraciones que se establecen con laboratorios (bien equipados) en los países desarrollados. Desde luego que lograr acuerdos de este tipo entre diferentes grupos de investigación ha sido una de las características más importantes en el trabajo científico, pues mediante dichos intercambios se promueven ideas, la solución de problemas y el avance de la ciencia”.

A su juicio:

“… hay que terminar con el hecho de que la ciencia no se financia porque no se valora, y no se valora porque sin financiamiento es muy difícil que esta tenga un impacto real en el desarrollo social. El financiamiento para la ciencia debe aumentarse ampliamente, pero no en todas las áreas por igual, sino, sobre todo, en aquellas que tengan un impacto directo en el desarrollo social, económico y tecnológico del país”.

El remata:

“Sin embargo, ante el alarmante rezago científico y tecnológico que tiene México respecto a los países desarrollados, es necesario encaminar tanto el financiamiento como el desarrollo científico hacia direcciones bien definidas. De lo contrario, seguiremos como hasta ahora, halando todos en direcciones distintas sin avanzar hacia ningún lado y sin tener un impacto sobre la sociedad que genere el respeto que la ciencia merece”.

Por cierto, la semana pasada fue el Dia Mundial de la Ciencia Para la Paz y el Desarrollo.

Mucho gusto, dirán algunos.

Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla

Escribir un comentario