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“La Forma del Agua”

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*La Belleza de la Otredad

Por Horacio Armando Hernández Orozco

“La Forma del Agua” (“The Shape of Water”), película de fantasía romántica, dirigida por Guillermo del Toro, coescrita con Vanessa Taylor, protagonizada por Sally Hawkins (Elisa Espósito), Michael Shannon (Richard Strickland), Octavia Spencer (Zelda Fuller), Richard Jenkins (Giles), Doug Jones (la creatura) y Michael Stuhlbarg (Dr. Hoffstetler); se estrenó el 31 de agosto del 2017 en el Festival Internacional de Cine de Venecia y ganó el León de Oro a la mejor película.

 

Elisa, una joven muda, trabaja como empleada de limpieza en un laboratorio secreto del gobierno ubicado en Baltimore, Maryland, a donde llega una creatura anfibia, que es maltratada por Richard Strickland; pronto Elisa hace amistad con este anfibio y se enamora.

La trama se desarrolla en 1962, en pleno apogeo de la Guerra Fría, la cinta retrata la atmósfera de la época, donde es evidente el racismo, la homofobia y la discriminación, y de manera metafórica utiliza la figura de la creatura como un grito contra la diferencia y el miedo que aún despierta en la sociedad el ser distinto al resto; no obstante, es a su vez una poesía visual.

LA BELLA Y EL TRITÓN

La película inicia con la realidad onírica de Elisa, mostrando a la protagonista como autosuficiente, y que su amigo Giles le da el impulso diario para afrontar la rutina, donde imitar unos pasos de baile le sirven para sonreír durante el gris trayecto del autobús.

Una noche llega un ser marino, también mudo, incomprendido, despreciado en su belleza e ignorado, el cual es víctima de crueles torturas por parte de Strickland, quien es el jefe del proyecto.

La empatía de Elisa hacía este ser acuático, se da más allá de una curiosidad, pues ella es muda, los demás la consideran como alguien “incompleto”, algo inferior a un humano con todas sus capacidades, así surge una conexión especial entre ellos, ya que este nuevo ente tampoco habla el idioma de los demás, no se parece a ellos, simplemente se le ve como un ser inferior al humano.

La comunión entre diferentes es viable en condiciones de igualdad frente a los demás.

EL MONSTRUO DEL CUENTO

Este tritón amazónico, es venerado por los nativos de la región como un dios, pero para sus captores sólo es “el activo”, su valía es en términos utilitarios; la creatura no representa amenaza alguna, es un personaje inocente a merced de una especie despiadadamente predadora: el hombre, siendo su némesis Strickland, un conservador de quijada cuadrada que trabaja para el gobierno.

Precisamente Strickland representa el grotesco y degenerado modelo clásico de la familia americana, vive en una casa suburbana con su esposa y sus dos hijos, conduce un Cadillac, su accesorio favorito es una macana eléctrica, detalle que lo relaciona con los alguaciles sureños de Alabama que, ocasionalmente aparecen en televisión aterrorizando a los manifestantes de los derechos civiles, gusta de dulces baratos y paradójicamente lee “El poder del pensamiento positivo”, escrito en 1952 por Norman Vincent Peale.

Es el perfecto villano, cuya vida simple, parodia de anuncio televisivo de los 60, se nota vacía y carente de rumbo, siempre a la sombra de una “decencia” que sus superiores sentencian que no se ha ganado, algo que ni siquiera un auto último modelo puede asegurarle.

Al final, los dedos podridos de Strickland son el espejo progresivo de su derrumbamiento moral.

LOS OTROS MARGINADOS

Elisa, al enterarse que la creatura será sacrificada en aras de la ciencia, decide salvarlo, para ello pide ayuda a Giles y a Zelda, mientras que el Dr. Hoffstetler se une accidentalmente.

Zelda, una mujer atada a un matrimonio vacío y caótico, representa la empatía personificada. Por ser afroamericana, también sufre las consecuencias sociales y legales de ser “diferente” a la gente blanca que ostenta el poder.

Giles, es un publicista cuya carrera ha venido a la baja, aparentemente por un tema de alcoholismo, pero la realidad es que su homosexualidad le está pasando factura; él reprime su sexualidad bajo una verborrea imparable y un bisoñé, mendigando a los demás una aceptación, la cual nunca vendrá.

El Dr. Hoffstetler aparenta ser un científico americano, aunque en realidad es soviético, y la creatura representa para él, una prueba de las maravillas naturales, sin embargo, se ve enfrentado a sostener este ideal ante dos superpotencias para las que “aprender” no significa nada; probablemente este personaje sea el que más sufre, pues su diferencia frente a los demás, no es física, sino ideológica, no política, sino por el respeto a la vida de los otros. Es fenomenal el momento en que Hoffstetler tiene la valentía de presentarse por primera vez: “me llamo Dimitri, un honor en conocerlas”.

La simpatía y empatía sobria e intuitiva entre estos marginados le da el toque político a la cinta, la cual no alude ni se refiere a leyes que marginen o discriminen a la gente, pero ello no es necesario, pues es evidente el racismo, la homofobia y la discriminación existente en esa época, ni hablar de la fobia al comunismo.

Es el cuento que va más allá del enamoramiento platónico y muestra el deseo sexual, que es una expresión tan salvaje y natural de lo que es amar.

La otredad es el reconocimiento del Otro como un individuo diferente, que no forma parte de la comunidad propia, es un tema habitual en la filosofía, la sociología y la antropología, pero no ajena al Derecho, por ello las leyes deben reconocer la existencia de las personas que por circunstancias particulares son diferentes al conglomerado social, para crear normas que se dirijan a esos grupos, no para excluirlos, sino por el contrario para incluirlas en las actividades propias de la sociedad. El Derecho es la herramienta adecuada para lograr la inclusión.

La película es una crítica devastadora al racismo, la homofobia y en general a la intolerancia hacia las personas que son diferentes, trama adaptable a los tiempos actuales, con problemas de xenofobia, machismo y violencia doméstica; el filme logra extraer del espectador el lado más humano, muy probablemente perdido, que es la empatía, en especial hacia las personas y seres diferentes, pero sobre todo aboga por el amor puro y verdadero en cualquiera de sus formas, en este caso tiene la forma del agua; pero ¿serán los actos o la anatomía lo que define a lo humano?

La mejor respuesta la tendrá como siempre nuestro amable lector…

(Especial agradecimiento a Héctor Huerta por su colaboración).

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