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“Vida Para Ruth”

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Los Hijos de Jehová

Por Horacio Armando Hernández Orozco*

“Vida Para Ruth” (“Life for Ruth”), película británica, dirigida por Basil Dearden, con la actuación de Michael Craig (John Paul Harris), Patrick McGoohan (Doctor James Brown), Janet Munro (Pat Harris) y Paul Rogers (Hart Jacobs), cuyo estreno fue 1962.

 

Ruth es una pequeña de 8 años, en un grave accidente pierde mucha sangre; el doctor le dice al padre de la menor, que su hija necesita una transfusión de sangre urgente; sin embargo, debido a sus creencias religiosas, éste se niega a dar el permiso y la niña muere; el médico le presenta cargos de homicidio por lo que es llevado a juicio.

Parte de la filmografía de Basil Dearden explora problemas sociales del Reino Unido de finales de los 50 y principios de los 60, ya sea la juventud desarraigada y lindante con lo criminal (“Violent Playground”, 1958), el racismo (“Sapphire”, 1959), o la proscripción legal de la homosexualidad (“Victim”, 1961), que en aquella época aún era considerada un delito; en “Vida Para Ruth” trata los problemas de conciencia, la colisión entre el dogma religioso y al derecho a la vida.

VIDA PARA JOHN

La pequeña Ruth juega junto con otros niños a la orilla del embravecido mar, y la pelota de la niña cae al agua, acudiendo con un pequeño vecino a recogerla en una barca que está a punto de estrellarse con las rocas; John Harris logra salvar al niño de morir ahogado, pero su hija está gravemente herida, la cual muere en el hospital.

La muerte de Ruth trae consecuencias delicadas para John, los abuelos maternos le dan la espalda al enterarse que su nieta ha fallecido por la falta de trasfusión de sangre; hay un periodista ávido de sacar provecho y publicar una nota sensacionalista; incluso los vecinos que están agradecidos por haber salvado la vida de su hijo, muestran su recelo cuando la mamá del niño pregunta: ¿Cómo lo valoraríamos si no hubiera salvado la vida de nuestro hijo?

Pat, la esposa de John, al inicio acepta la decisión de su marido, pero después se arrepiente y corre al hospital a pedir que hagan la transfusión, solo que llega tarde; se da la crisis matrimonial, pero los reproches de ella no son hacia su esposo, sino hacia sí misma, pues aceptó unas creencias por amor no por convicción, se lamenta de ello, pues siente haber engañado a su marido, y se aleja de éste.

El decidir sobre la vida de alguien, trae consecuencias que pueden marcar de por vida.

JUICIO PARA JOHN

Tras la muerte de la pequeña Ruth, el doctor Brown denuncia al padre de la menor; el especialista en leyes Hart Jacobs, un hombre de religión judía, defensor de los derechos civiles, rechaza ser coadyuvante del fiscal, y se ofrece para ser consejero legal de John, pues Jacobs se opone a toda persecución de alguien en condición de debilidad.

La intención del doctor Brown no es ajustar cuentas con un asesino, sino que la decisión del jurado pueda salvar la vida de otra pequeña que se vea sometida a las mismas circunstancias; aunque en el juicio se dirime la inocencia o culpabilidad de Harris, lo que de verdad se juzga es el límite de las atribuciones que los padres pueden arrogarse para con sus hijos, ¿hasta qué punto puede un padre, en función de sus creencias, permitir la muerte de un niño? ¿hasta dónde puede intervenir el estado en la creencia religiosa de las personas sin caer en el abuso?

Aquí no hay un juez comprensivo, un fiscal vengativo, un defensor marrullero o unos testigos inesperados, al contrario, todos juegan el papel que deben: el juez intenta explicar el caso tan complejo que debe presidir, pues la posible absolución del jurado, no impedirá que el acusado se sienta hundido y traicionado por la ausencia de un mensaje divino que le permitiera salvar a su hija; el fiscal está dispuesto a hacer cumplir la ley; el jurado no se inquieta ante las evidencias y argumentos; pero la esencia del juicio está cuando Jacobs le pregunta al joven defensor, lo que piensa de su defendido, y éste responde: “su acción es criminal como el infierno; sus razones inocentes, como el propio cielo”.

REDENCIÓN PARA JOHN

El veredicto proclama la inocencia de Harris, los remordimientos le abruman y clama por su acto de irracionalidad hacia su hija, intenta suicidarse, pero el doctor Brown lo salva.

Recientemente una madre rarámuri, testigo de Jehová, perdió en forma temporal la custodia de su hija al negar que ésta recibiera transfusiones de sangre como parte de un tratamiento contra la leucemia; promovió un amparo alegando haber sido discriminada por la Subprocuraduría de Protección Auxiliar de Niñas, Niños y Adolescentes del estado de Chihuahua con motivo de su origen indígena y de creencias religiosas, luego de que le negaran el tomar decisiones relativas a la salud de su hija, cuya tutela fue tomada por el DIF estatal.

En julio de este año, el Juez Octavo de Distrito en el Estado de Chihuahua concedió el amparo para que se transfunda sangre a la menor de cinco años de edad, siempre y cuando se hayan agotado otros medios o tratamientos alternativos, como los que propusieran diversos médicos, incluyendo oncólogos del centro de Cancerología de Chihuahua.

La indígena interpuso un recurso de revisión, pues no está de acuerdo en la posibilidad de transfundir sangre a su hija; la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación atrajo la revisión y deberá resolver en definitiva.

Este conflicto entre la fe y el derecho a la vida, ya fue tratado por la Sala Constitucional del Tribunal Superior de Justicia de Venezuela, la cual en su sentencia de Nº 1431, expediente 07-1121 de 14 de agosto de 2008, determinó que la libertad religiosa no está por encima del derecho a la vida.

El filme pone en tela de juicio el dogma religioso, pero ¿hasta qué punto es lícito el que los padres decidan sobre la vida de sus hijos, a partir de las creencias, convirtiéndolas en suyas cuando aún no pueden entenderlas ni elegir por sí mismos?

La mejor respuesta la tendrá como siempre nuestro amable lector…

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