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“El Gran Carnaval”

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Un Show Mediático

Por Horacio Armando Hernández Orozco

“El Gran Carnaval” (“Ace in the Hole”), película dirigida por Billy Wilder, protagonizada por Kirk Douglas (Chuck Tatum), Jan Sterling (Lorraine Minosa), Ray Teal (Sheriff Gus Kretzer), Robert Arthur (Herbie Cook) y Richard Benedict (Leo Minosa); estrenada en 1951.

Chuck Tatum, periodista neoyorquino venido a menos por su adicción al alcohol, encuentra trabajo en Sun-Bulletin, periódico local de Albuquerque, esperando la noticia que le permita regresar a Nueva York, y la oportunidad llega cuando un hombre queda atrapado en una gruta debido a un derrumbe, así que decide darle cobertura al suceso.

Esta cinta fue el proyecto más personal y también el primer gran fracaso comercial para el director vienés. La productora Paramount trató de relanzarla cambiando el título original por “The Big Carnival”, de ahí su nombre al español, el primer borrador del guion se llamaba: The Human Interest Story (La historia del interés humano).

LAS MALAS NOTICIAS VENDEN

Chuck es asignado, junto con el joven fotógrafo Herbie Cook, para hacer un reportaje sobre la caza anual de cascabeles que se realiza en la localidad de “Los Barios”; ahí se entera que Leo Minosa ha quedado atrapado en una cueva cuando buscaba cerámicas indígenas, así que en contubernio con Gus Kretzer, el sheriff del pueblo, retrasa cuanto puede el rescate para convertir el caso en un espectáculo.

La historia está basada en dos hechos reales ocurridos uno en Kentucky en 1925, donde Floyd Collins quedó atrapado en una cueva, y el de Kathy Fiscus, una niña que cayó en un pozo en San Marino, California en abril de 1949. La película hace referencia directa al primero de ellos, cuando Chuck le pregunta a Herbie: “¿No has oído hablar de Floyd Collins en 1925, en Kentucky? ¿Un hombre atrapado en una cueva?... pues habrás oído que un reportero de Louisville entró en la cueva en busca de la noticia y salió de allí con el premio Pulitzer.”

Floyd Collins estuvo atrapado poco más de dos semanas; ante la falta de datos, en un inicio las informaciones eran imprecisas e inciertas; el periódico Herald-Post aseguraba que Collins había sido liberado y relataba un rescate completamente ficticio, mientras que el director del Courier-Journal, le encargó la noticia a su reportero William Burke Miller y dada su delgada complexión física entró por un estrecho agujero y se encontró con un hombre atrapado inmóvil; allí, a 60 metros bajo tierra, Collins y Miller tuvieron una charla, que se convirtió en una insólita e histórica entrevista. La Associated Press distribuyó los relatos de Miller a 1.200 diarios de toda la nación, que llegaron a la portada del New York Times, el Washington Post y el Chicago Tribune; el 4 de mayo de 1926, Miller ganó el premio Pulitzer.

EL ÉXITO AMORAL

Chuck sabe que el rescate es una noticia de repercusión nacional, que le puede servir a sus propios intereses y contacta a sus antiguos jefes para ofrecerles la nota, además entrevista a la mujer de Leo, de nombre Lorraine, quien pretendía abandonarlo, pero en lugar de eso Chuck la describe como devota y fiel a su marido, situación que ella aprovecha, pues ve que empiezan a llegar turistas interesados en la noticia, provocando ingresos en su negocio.

Como cualquier profesión, la actividad periodística debe ser redituable, pero sin alterar la veracidad de la nota ni manipular los hechos, situación que a Chuck le tiene sin cuidado, pues los rescatistas aseguran que Leo puede ser liberado en 12 horas; sin embargo, la ambición del periodista lo lleva a convencer al sheriff, que está en campaña para su reelección, para que cambie el método del rescate y lo dilate algunos días más; logrando la exclusividad de entrevistar a Leo Minosa, a través de un pequeño hueco del derrumbe.

Un entramado lleno de corrupción moral, de complicidades por acción u omisión, por afán de fama, de éxito, de protagonismo, de egocentrismo, de avaricia.

CIRCO, MAROMA Y… NOTICIA

El pequeño poblado “Los Barios” se transforma en una feria de entretenimiento, con atracciones, canciones sobre Leo, e inclusive apuestas sobre el resultado del rescate; hay una multitud de curiosos de todo el país e incluso un circo, al que acuden los visitantes cual turistas al ritmo de la canción popular: “… allá vamos a salvar a Leo...”; antes la entrada al lugar era gratuita, ahora vale un dólar.

Los primeros en llegar al espectáculo son los Federber, la típica familia de clase media americana: el padre, un vendedor de seguros, ella, ama de casa y sus dos hijos; pronto son bautizados por Chuck como “Sr. y Sra. América” que representan la reacción del colectivo, donde hay curiosidad, “venimos más a ver que a ayudar”, vanidad, el síndrome de “estuve allí” o, peor aún, la falsa solidaridad; el hecho de que se pueda identificar con claridad a los Federber con la multitud congregada subraya la responsabilidad que recae sobre ellos por sus actos.

En muchas ocasiones las noticias sobre la desdicha personal muestran esa deconstrucción de la Condición Humana, esa mezquina naturaleza auto-devoradora, donde los medios de comunicación, en su insaciable sed de protagonismo, manipulan a la opinión pública creando circos de la penuria humana y tras una falsa fachada de empatía se esconde un insensible espíritu que disfruta del carnaval de la desgracia ajena.

PODÉIS IR EN PAZ, EL CARNAVAL HA TERMINADO

En el colmo del cinismo y ante la inminente muerte de Leo Minosa, Chuck trata de acelerar el rescate, no por la piedad que le despierta el hombre atrapado, sino porque su muerte empañaría su exclusiva: “Estos casos deben tener un final feliz para satisfacer la curiosidad humana; cuando has conseguido exaltar a la gente nunca puedes defraudarla. No quiero entregarles un cadáver”

Tras el fatal desenlace, los miles de curiosos desaparecen del lugar y regresan a su vida normal; al final, Leo Minosa es sólo un muerto más, cuyo cadáver descansa bajo la montaña.

La película fue duramente criticada, pues se consideró que atacaba a dos de las instituciones americanas más respetadas: el gobierno y la prensa libre, además, retrataba a la opinión pública como fácilmente manipulable; esta historia es una mordaz radiografía sobre los medios de comunicación, sobre el poder de manipulación de la prensa, y sobre los depredadores que ávidos consumen las tragedias como un espectáculo.

Recientemente el pueblo mexicano vivió la noticia de la niña “Frida Sofía” del colegio Enrique Rébsamen, en forma evidente era una historia de interés humano, pero ¿esa ficción fue alguna manipulación de la opinión pública por parte de los medios de comunicación?

La mejor respuesta la tendrá como siempre nuestro amable lector…

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