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“7:19”

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A Treinta y dos Años

Por Horacio Armando Hernández Orozco

“7:19”, película mexicana dirigida por Jorge Michel Grau, con la actuación en los roles principales de Demián Bichir (Fernando Pellicer) y Héctor Bonilla (Martin Soriano) cuyo estreno fue en 2016.

 

Martín, un simple velador, y Fernando, un político de alto nivel, se encuentran en la recepción del edificio donde trabajan; de pronto, un terremoto los sepulta debajo de siete pisos de concreto y metal retorcido; son las 7:19 am del 19 de septiembre de 1985. Ahora Martín y Fernando, de universos tan distintos, por cuestión del destino, afrontan juntos a la muerte, derribando las fronteras que los separan.

Esta película intimista, presenta una ficción de la angustia que muchos capitalinos sufrieron entre escombros esperando en vano un rescate que nunca llegó; se desarrolla en medio de lo que fue un hecho que sacudió, literalmente, a la Ciudad de México, el terremoto ocurrido a las 7:19 de la mañana ese 19 de septiembre de 1985.

REALIDAD FRENTE A CATÁSTROFE

Las primeras escenas muestran a Martín, el velador y conserje en turno, del edificio que alberga unas oficinas gubernamentales, y cómo va llegando uno a uno los empleados de esa dependencia, sin tener la mínima idea de lo que minutos más tarde va a suceder.

La cinta no muestra destrucción alguna ni contiene escenas de catástrofe de lo sucedido en aquella mañana septembrina, es simplemente una historia que muestra a personajes de carne y hueso que afrontan y sufren esta tragedia. Se desarrolla desde el epicentro, no del sismo, sino del dolor humano.

El diálogo inicial entre Martín y Fernando es de aliento mutuo y a medida que avanza el tiempo se torna de desesperación hasta llegar al reproche y el desencanto hacia las instituciones de gobierno.

Esta tragedia sísmica sirvió para mostrar la corrupción existente en las autoridades encargadas de velar por la planeación del desarrollo urbano en la ciudad capitalina del país.

LA CLAUSTROFOBIA DEL DOLOR

Después de dos minutos de las 7:19, el edificio en que trabajan Martín y Fernando ha quedado en ruinas, y la claustrofobia que sufren estos personajes no se da entre cuatro paredes, sino entre escombros, el primero sentado en su habitual silla oprimido su pecho contra el escritorio, y el segundo ha quedado en el suelo con sus piernas prensadas por una viga; aquí comienza una epopeya de sobrevivencia, donde el estatus social, económico o laboral ha quedado, al igual que ellos, entre los escombros.

La Ciudad de México vivió terribles momentos posteriores al sismo de 1985, mucha gente quedó entre escombros en los cientos de inmuebles que sufrieron daños, la claustrofobia la sufrieron todos, aun aquellos que no estuvieron entre derrumbes, sintieron esa fobia de encontrarse aislados en una ciudad que no contó con la temprana ayuda de las autoridades, sólo está el propio pueblo sin estatus alguno para brindarse apoyo.

La tardía reacción de las autoridades gubernamentales, fue criticada duramente en su momento, de hecho, el propio presidente Miguel de la Madrid se encontraba aislado en Los Pinos muy ajeno a lo que estaba sucediendo en la capital del país.

DE LA EMPATÍA AL RESENTIMIENTO

Una vez que Martín y Fernando han tomado consciencia de las circunstancias que les rodean, su diálogo da mutuas muestras de aliento y de esperanza, donde tenuemente sigue imperando el estatus jerárquico, estos dos personajes en ese instante ajenos al poder, dinero o influencias, están atrapados con las mismas posibilidades de sobrevivir; pero la solidaridad se desvanece cuando la igualdad de circunstancias los confronta a discutir y odiarse a muerte, a explotar y lanzarse reproches mordaces, hasta que Fernando confiesa que el edificio colapsó por el sismo, pero en gran medida porque hubo un desvío de recursos que estaban destinados para su construcción, por lo cual no se cumplieron con las especificaciones técnicas necesarias para dar sustento al propio inmueble.

Después del sismo de 1985, durante las labores de limpieza e investigación, se observó que la gran mayoría de los edificios colapsados eran de reciente construcción, no mayores a 30 años, y presentaban estructuras inadecuadas para terrenos arcillosos.

Estructuras más antiguas, construidas desde el siglo XVI hasta el XX, resistieron el sismo, tales como la Catedral Metropolitana, el Palacio Nacional y el edificio del Nacional Monte de Piedad.

Hay una conciencia ciudadana que México es un país de alta actividad sísmica, y que frente a las desgracias naturales surge una empatía circunstancial, pero cuando la corrupción es factor para acrecentar las devastadoras consecuencias, se da el resentimiento social.

DE 1985 A 2017

El epicentro de la película es una oficina de gobierno, y la acción se desarrolla en los escombros de ese inmueble, pero ese lugar sólo es un pretexto, pues la tragedia fue mayúscula, el epicentro del dolor en 1985, lo fue el edificio Nuevo León de Tlatelolco, el Hospital Juárez, los comercios del Eje Central, el Hotel Regis, el Conjunto Pino Suarez, y muchos colegios públicos.

A pesar de existir muchas evidencias, en la mayoría de los casos no se abrió ninguna clase de proceso civil o penal contra los responsables de actos de negligencia, tampoco existió responsabilidad administrativa contra los directivos de la compañía constructora estatal (CAPFCE).

Han pasado más de tres décadas desde aquella destructiva mañana de 1985, hoy en 2017, también un 19 de septiembre, pero a las 13:14 horas se da un sismo de 7.1 grados en la escala de Richter, donde uno de los epicentros del dolor fue la Escuela Enrique Rébsamen ubicada en la zona de Coapa, que dejó una profunda herida, pues muchos menores de edad fallecieron.

Una censura estatal impidió saber el número exacto de víctimas del terremoto de 1985; años después, el gobierno reportó el fallecimiento de entre 6,000 y 7,000 personas, aunque hay un registro aproximado de 10,000 muertos. El  sismo de 2017, reportó no miles, pero sí cientos de fallecidos; los datos varían de una fecha a otra, pero la solidaridad mexicana ha estado y estará presente siempre, aunque la voluntad política sea ausente.

La Biblia dice en Mateo 7:19 -Todo árbol que no da buen fruto se corta y se arroja al fuego-, y en Mateo 13:14 -Y en ellos se cumple la profecía de Isaías que dice: 'al oír, ustedes oirán, pero no entenderán; y viendo verán, pero no percibirán’-; ¿acaso se referirá a esos políticos ausentes de voluntad?

La mejor respuesta la tendrá como siempre nuestro amable lector…

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