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El Príncipe del Siglo XXI

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corona

*Su astucia Debe ser aún más Refinada

*La Fuerza Sentirse, Pero sin ser Opresora

*Y su Brazo Ejecutor, Orientado a Resultados

*Próximo: Obligado a Respetar las Libertades

Por Manuel Quijano

Para Carlos Ramos Padilla,

Periodista valiente y de plena congruencia.

 

A finales de la Segunda Guerra Mundial muchos ilustres politólogos en México y en el mundo empezaron a escribir acerca del perfil del nuevo príncipe. Tenían razón pues el inicio de la Guerra Fría así lo obligaba. Con la caída del muro de Berlín el tema se mantuvo en boga y en el siglo XXI seguimos escribiendo sobre las cualidades idóneas y las capacidades de quienes dirigen las naciones. Todos esos ensayos y trabajos se inspiran en el libro de Nicolás Maquiavelo, pero actualizan sus recomendaciones y consejos a los nuevos gobernantes, con toda  proporción guardada y, sobre todo, esos autores analizan con inteligencia las circunstancias actuales, tales como las redes sociales, Derechos Humanos, democracia, el sistema financiero internacional, la globalización, sistemas parlamentarios fuertes y autónomos, rendición de cuentas y transparencia. En pocas palabras, en el siglo XXI, la astucia del Príncipe debe ser aún más refinada, su fuerza debe sentirse sin ser calificada de opresora y su brazo ejecutor debe seguir siendo la de un político orientado a resultados.

 

Ahora que en México asumirá el poder un nuevo príncipe, es interesante apreciar que muchos de sus discursos están encaminados a reformar o pretende reformar muchas de las instituciones gubernamentales; podemos estar a favor o en contra de dichas medidas, pero él será el titular del Poder Ejecutivo Federal y estará en su Derecho. Por su parte, algunas empresas del sector privado también están aprovechando estos momentos a fin de reorganizarse y alinearse a lo que presuponen serán las normas de actuación y las reglas de operación del próximo sexenio. Lo cual me parece lógico, ya que los dueños de esas empresas deben, ante todo, velar por sus propios intereses, inversiones y dinero.

Que la iniciativa privada esté preparándose para convivir con el nuevo gobierno es algo que sucede cada sexenio. De hecho, son engranes que permanentemente se adecuan debido a la necesaria interdependencia o simbiosis, pues la una necesita a la otra indefectiblemente. Recordemos, por ejemplo, que el sector privado dialogó mucho con el presidente electo Miguel de la Madrid, después de que José López Portillo nacionalizara la banca.

Las reestructuraciones en las empresas del sector privado que estamos observando, a mi parecer, están orientándose a cuidar sus intereses con el propósito de halagar al nuevo mandatario. Lo cual es un asunto interno y tienen todo el derecho del mundo, por lo que su postura es en muchos sentidos comprensible. Con lo cual se emprenderá una relación, como siempre dialéctica, que demandará que las partes cedan en algunas posturas y se aplique el tradicional principio de ganar-ganar.

Por su parte, el próximo príncipe, está obligado a seguir respetando los principios constitucionales y los Derechos Humanos. Su relación con el sector privado, al parecer, será difícil al principio y observará que algunas empresas se precipitaron en sus reorganizaciones porque se basaron en prejuicios. Pero él, más que nadie, en calidad de príncipe del siglo XXI, sabe que uno de los aspectos más importantes de su gestión será el del pleno respeto a las libertades como las de manifestación, de expresión y de prensa.

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